9 #2
Podía hacerlo . P odía decirlo y terminar con esto en un segundo. Pero no lo hice p orque, por primera vez en mucho tiempo, no quería huir.
El silencio en la habitación era tan denso que podía cortarse con un bisturí.
Daniel seguía ahí, a centímetros de mí, con esa mirada que parecía capaz de diseccionar cada pensamiento que pasaba por mi cabeza .
S u proximidad era una amenaza y una tentación al mismo tiempo . N o podía apartarme, no quería hacerlo.
—No me has dicho que me aleje — s u voz era baja, grave, como si supiera que cualquier palabra más alta rompería el hechizo.
Me humedecí los labios sin darme cuenta, y vi cómo su mirada se desviaba fugazmente hacia mi boca antes de volver a mis ojos.
—Y tú no te has movido.
—¿Por qué lo haría? —respondió, con una sonrisa que no tenía nada de inocente.
El aire entre nosotros se volvió más denso, más caliente . S u mano rozó la mesa junto a la mía, sin tocarme, pero lo suficientemente cerca como para que mi piel ardiera con la expectativa.
—Macarena … murmuró mi nombre como si lo estuviera probando, como si quisiera ver qué efecto tenía sobre mí.
Y vaya si lo tenía.
—Daniel… — respondí en el mismo tono, porque si íbamos a jugar, lo haría bien.
Su sonrisa se amplió un poco más, como si acabara de ganar algo, pero no se movió . E ra como un cazador que sabía que la presa no tenía intención de escapar.
—Dime que esto es un error.
No podía decirlo . N o podía soltar la frase mágica que nos haría volver a la sensatez, a las reglas no escritas que habíamos estado siguiendo.
Así que, en lugar de responder, me incliné un poco más. No lo suficiente para tocarlo, solo para dejar claro que, si esto era un error, era el tipo de error que estaba dispuesta a cometer.
Sus ojos brillaron con algo oscuro, algo peligroso y delicioso a la vez. Y, en el segundo exacto en que nuestros labios estaban a punto de tocarse, alguien golpeó la puerta con fuerza.
—¡Quien anda por ahí, abran la puerta!
Me aparté de golpe, como si me hubieran echado un balde de agua fría. Daniel cerró los ojos un instante y soltó un suspiro, murmurando algo que no alcancé a entender.
—Tienes que estar bromeando…
La voz del otro lado de la puerta insistió, más fuerte.
—Abran o tiro la puerta abajo .
Me crucé de brazos, intentando recuperar la compostura mientras Daniel se pasaba una mano por el pelo, claramente frustrado.
—Vas a abrir, ¿o prefieres que sigamos por donde lo habíamos dejado?
— dije con una sonrisa ladeada.
Daniel me miró, con el mismo fuego en los ojos de hace un segundo.
—Tú y yo vamos a terminar esta conversación, Banderas.
Y con eso, se giró para abrir la puerta.
Daniel abrió la puerta con un gesto brusco, y ahí estaba Lucas, el encargado de seguridad del edificio, con cara de pocos amigos y las manos en la cintura como un padre a punto de regañar a sus hijos.
—Qu é susto, Daniel . P ensaba que me encontraría otra cosa. ¿Se puede saber qué demonios están haciendo aquí dentro, a estas horas?
Yo, todavía intentando que mi respiración volviera a la normalidad, me crucé de brazos y fingí la mayor indiferencia posible.
—Trabajando, Lucas. ¿Te puedo ayudar en algo?
Lucas nos miró a los dos, arqueando una ceja, claramente no creyéndonos ni una palabra.
—Ajá , ¿trabajo? Claro.
Sentí cómo mis mejillas se calentaban, pero Daniel, por supuesto, mantuvo su expresión de absoluta tranquilidad.
—Si no te molesta, Lucas, estábamos en medio de algo importante.
Lucas puso los ojos en blanco.
—Sí, sí, importante, seguro . L o que sea, de todas formas, vine a decirles que hay una alerta de seguridad en el sistema . P arece que alguien est á merodeando por el barrio y ya ha entrado en varias casas — Daniel frunció el ceño.
—¿Algún robo incidente o algo mas que debamos saber?
—No de momento parece que todo est á en orden. L a policía nos ha dicho que estemos atentos, pero me pareció raro que vinieran a trabajar a estas horas de la noche, por eso vine pensando que me encontraría otra cosa.
Yo solté un suspiro exagerado, apoyándome en la mesa.
— ¿ Así que nos interrumpiste por una posible amenaza de robo o algo similar?
Lucas se cruzó de brazos y le miró fijamente.
—Si, la verdad que est á todo el mundo un poco en tensión, perdón por las molestias .
Daniel soltó una carcajada mientras yo le lanzaba una mirada asesina a Lucas.
—¿Sabes qué, Lucas? Gracias por todo, pero estamos bien . S i pasa algo te avisamos.
Lucas levantó las manos en señal de paz, pero no sin antes soltar un último comentario:
—Que tengan buena noche señores . Y no trabajen mucho...
Daniel y yo nos quedamos en silencio mientras Lucas se alejaba por el pasillo, tarareando una canción que claramente se estaba inventando en el momento.
Cuando Daniel cerró la puerta, nos quedamos mirándonos por un instante .
E l silencio que dejó Lucas tras su salida era tan pesado que casi se podía palpar .
Daniel seguía apoyado en la mesa, con esa mirada que parecía disfrutar más de lo que debía la incomodidad del momento .
Y o, por otro lado, intentaba aparentar normalidad, aunque el calor en mi piel y la tensión en mi cuerpo decían otra cosa.
Crucé los brazos sobre mi pecho y forcé una sonrisa.
—Bueno, volviendo al tema , ¿qué hacemos ahora?
Daniel arqueó una ceja, su boca todavía curvada en esa sonrisa perezosa que me ponía de los nervios.
—Depende. ¿Estamos hablando del plan o de lo que pasó antes de que Lucas nos interrumpiera?
Mi estómago se tensó, pero no estaba dispuesta a darle la satisfacción de verme dudar.
—Obviamente, del plan.
—Ah, claro — dijo, fingiendo decepción — . El plan, porque tú y yo somos muy profesionales y solo nos importa la estrategia.
Solté un suspiro y me giré, fingiendo revisar la pizarra llena de anotaciones .
N ecesitaba un respiro,un maldito respiro.
Pero apenas me moví, sentí su presencia justo detrás de mí.
No me tocó, no dijo nada, pero su calor estaba ahí, a centímetros, envolviéndome como un imán.
Tragué saliva y cerré los ojos un instante, intentando recuperar el control de mi cuerpo .
P ero era imposible, sentía un leve cosquilleo recorrer mi columna, un calor húmedo que se acumulaba en mi vientre.
Maldito Daniel. Mi respiración se aceleró, y sentí el pulso martillando en mi cuello.
—No estamos en una película, Daniel.
—No, pero si lo estuviéramos, este sería un buen momento para que dejaras de resistirte.
Mi corazón latía tan fuerte que pensé que iba a delatarme y entonces, hice lo único que podía hacer para salvarme a mí misma. Me incliné ligeramente, hasta que nuestros labios quedaron a milímetros de distancia . L o vi tensarse, expectante, con los ojos fijos en los míos.
Y justo cuando parecía que iba a romperse, sonreí y me aparté.
—Hora de volver al plan, doctor.
Daniel soltó una carcajada baja, negando con la cabeza.
—Juegas sucio, Banderas.
Me encogí de hombros, dándole la espalda mientras intentaba ignorar el latido entre mis piernas .
S entí su respiración cada vez más cerca, su calor envolviéndome, y entonces lo noté .
S u virilidad crecía contra su pantalón, y mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera detenerlo, un escalofrío me recorrió la espalda, y entre mis piernas la humedad se hizo aún más evidente. Esto tenía que pararlo como fuera.
—Daniel, esto… —mi voz sonó más ronca de lo que esperaba, lo que no ayudó en absoluto a mi credibilidad— E sto no puede pasar.
Él cerró los ojos un instante y exhaló lentamente, como si estuviera intentando recuperar el control . C uando volvió a mirarme, su expresión era una mezcla de frustración y diversión.
— ¿ Estás segura? —preguntó con una calma que no engañaba a nadie.
—Completamente — mentí, cruzándome de brazos como si eso fuera a reforzar mi argumento.
Daniel pasó una mano por su cabello, soltando una risa baja y resignada.
—Vale, como quieras . P ero sabes que esto no ha terminado aquí, en algún momento retomaremos la conversación, o lo que haya sido esto .
Lo odiaba . L o odiaba porque tenía razón. Porque, por mucho que intentara ignorarlo, por mucho que me obligara a concentrarme en lo importante, la tensión entre nosotros seguía ahí, suspendida en el aire como una tormenta que estaba esperando su momento para estallar.
Respiré hondo y forcé una sonrisa.
—De vuelta al trabajo, doctor.
—Lo que tú digas, periodista.