Niebla mental 2
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La puerta se abrió con suavidad y una enfermera entró rompiendo el silencio de mi cabeza . M e miró con esos ojos llenos de tristeza que parecían ser la norma en este lugar, como si todos los que trabajaban allí estuvieran ya acostumbrados al sufrimiento ajeno.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó, sin demasiada esperanza en su voz. No era una pregunta real. Era solo un protocolo.

— ¿Traes malas noticias, entiendo...?

— Si, son tus padres.

— ¿ Qué ha pasado? ¿E stán infectados?

— Lo siento mucho...

De repente la enfermera salió de la habitación llorando .

Imagino que nunca estás preparado para dar una noticia así y, aunque por desgracia se estaba normalizando, no es algo agradable para nadie.

M e quedé en shock . Mis padres no lo habían conseguido y por eso no venían a verme .

¿ Cuánta gente m á s de mi entorno no habr ía podido venir por lo mismo ?

Pero Laura … "Había algo en mí que pensaba que el motivo era otro".

Quizás fuera la esperanza de pensar que estaba viva, no lo s é .

Salió, dejando la puerta entreabierta . Me quedé solo una vez más, en ese cuarto vacío que olía a desinfectante y desesperación .

M ientras la soledad me envolvía, algo dentro de mí se quebró y el dolor de la incertidumbre me apretó el pecho .

Lo peor de todo era que no sabía qué hacer con ese dolor.

¿ C ómo iba a salir de esto? ¿ C ómo podría reconstruir lo que el mundo me había arrebatado?

La verdad era que, a esas alturas, ya no tenía idea de quién quedaba fuera, ni qué estaba sucediendo en el mundo . Sólo sabía que, en algún lugar, algo se había roto y yo estaba atrapado en el epicentro .

Me eché hacia atrás en la cama, cerrando los ojos con fuerza, buscando escapar del peso de la revelación .

M i mente quería negar lo que acababa de comprender, pero no podía .

La ausencia de Laura, de mi madre, de mis amigos…

no podía ser una casualidad . Ellos no se habían ido, no habían elegido abandonarme .

Habían caído, uno tras otro, como piezas de dominó .

Los que no, seguramente estarían haciéndose cargo de algún familiar o intentando salir como pudieran de esta encerrona .

Y mientras yo atrapado aquí, desconociendo todo lo que había sucedido.

De repente, sentí una presión en el estómago .

No era hambre,er a un sentimiento de impotencia que me invadió completamente .

No podía quedarme aquí, sin sabe r que hacer .

¿Cómo podría ser esto real? ¿ Cómo podía ser que, al despertar de un coma, me encontrara en este caos absoluto?

Lo peor de todo era, sin duda, la culpa por no haber estado allí, por no haber podido proteger a los que amaba.

Las voces de las enfermeras se desvanecieron, pero la palabra seguía retumbando en mi cabeza: virus K19 .

Me quedé mirando el techo como si éste fuera capaz de ofrecerme alguna respuesta .

¿ D e verdad durante el tiempo que había estado fuera habían pasado tantas cosas?

P ara m í fue un suspiro . Un vacío incómodo se abrió en mi pecho .

Todo lo que había conocido antes de ese coma parecía lejano, como si perteneciera a otra vida .

C uando desperté ya no quedaba nada , todo era diferente, y yo solo escuchaba una frase que me marcó durante muchísimo tiempo : “la nueva normalidad”.

Intenté mover las piernas, pero todavía se sentían como bloques de cemento.

Con un torpe esfuerzo logré sentarme un poco más erguido en la cama .

El monitor volvió a protestar con un pitido insistente .

No me importaba, mi cabeza estaba a mil .

S i esas enfermeras estaban en lo cierto —algo en mi interior me decía que lo estaban— h abía despertado en medio de un caos .

Y para alguien que ya había perdido todo , era bastante duro.

La puerta se abrió de golpe, sobresaltándome . Era un médico, un hombre de unos cuarenta y tantos , con el rostro cubierto por una mascarilla quirúrgica . Tenía la mirada seria y parecía cansado , como si hubiera visto demasiado en muy poco tiempo.

— Señor Miralles — dijo con voz grave y directa — . ¿Cómo se siente?.

— Como si hubiera peleado con un camión y perdido —re spondí, intentando inyectar algo de humor en mi voz .

No funcionó, ni siquiera sonreí . E l médico no parecía estar de ánimo para reír tampoco . Se acercó a mi cama con el semblante tenso de alguien que no tiene tiempo para rodeos.

—T iene suerte de estar vivo . S u sistema inmunológico ha estado comprometido por el tiempo que pasó inconsciente . Necesitará seguir aquí un tiempo más en observación.

— ¿ Cómo están las cosas ahí fuera doctor? —s olté antes de que pudiera detenerme . No iba a andarme con rodeos tampoco —. E scuché a las enfermeras y parece que la cosa no mejora, ¿verdad ?

El médico se detuvo un momento, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras . Luego suspiró.

— Es una nueva cepa. Este virus se reproduce y modifica cada día, es de locos... E sta cepa está afectando principalmente a los pulmones, con el riesgo que eso supone para los más mayores, pero no sabemos mucho más . Lo que sí sabemos es que se está extendiendo rápido . Muy rápido .

— ¿Cómo de rápido?

— Lo suficiente como para poner al país en alerta . Y eso, señor Miralles, es todo lo que necesita saber por ahora.

No era suficiente . No podía ser suficiente . Pero el médico dejó claro con su tono que no iba a decirme nada más . Terminó de revisar mi historial clínico y salió de la habitación sin mediar palabra . L a puerta se cerró tras él con un clic metálico.

Allí estaba yo, solo, en un hospital que de repente parecía un mundo extraño y aterrador . N o tenía a nadie . Ni Laura, ni amigos, ni una vida a la que regresar . Un año en coma y una pandemia mundial que demostrar on lo insignificantes que somos en este planeta .

Mi cabeza no paraba de girar, pero no era solo por el dolor que aún palpitaba en mi cráneo .

«virus K19 ». Esa palabra me golpeaba una y otra vez, como si fuera un tambor que alguien tocaba sin descanso en mi mente .

I ntenté recordar lo último que sabía del mundo antes de esto .

Antes del accidente, antes del coma … pero nada .

Era como si alguien hubiera borrado mi vida y dejado un espacio en blanco.

¿ Qué había pasado en todo este tiempo? M e aterraba la respuesta .

Me despertaba cada mañana perdido . ¿ Có mo iba a afrontar mi nueva vida?

¿C ó mo iba a dedicarme a lo que me dedicaba estando tan perdido?

No había ventanas en mi habitación, y el reloj digital de la pared parecía una broma cruel: las horas avanzaban, pero n adie me decía nada sobre el mundo exterior.

Finalmente, una enfermera entró en la habitación . No era ninguna de las que había escuchado antes, pero sus movimientos eran igual de apresurados . Apenas me lanzó una mirada antes de empezar a revisar las máquinas que me rodeaban, como si yo no estuviera allí.

— ¿Qué día es hoy? —l ogré preguntar con la voz áspera, casi como un ladrido.

Se detuvo en seco, como si mi pregunta la hubiera sorprendido . Me miró por encima de su mascarilla quirúrgica, sus ojos cargados de una mezcla de cansancio y desconfianza .

—E s… 28 de abril — dijo al fin, con un tono que no dejaba lugar a más preguntas.

28 de abril . Hice un esfuerzo por recordar cuándo había despertado del coma . ¿ Q ué día era entonces? N o lo sabía con certeza, pero estaba seguro de que fue antes de marzo . Mi respiración se aceleró

— ¿ C uánto tiempo llevo aquí?

Sus ojos se entrecerraron , como si estuviera decidiendo si podía contarme algo . Después de un momento de silencio incómodo, suspiró .

—E s mejor que se concentre en recuperarse, señor Miralles . No le ayudará saber más de la cuenta . Le aseguro que est á mejor solo y aislado . No sabe la envidia que me da . Ahí fuera solo hay oscuridad

Eso me cabreó.

— ¿ M ás de la cuenta? ¿ Q ué demonios significa eso? E s mi derecho saberlo.

No me respondió . En lugar de eso, volvió a revisar los cables conectados a mi cuerpo, como si yo fuera un objeto más en la habitación . Cuando terminó, me miró una última vez y, sin decir una palabra más, salió de la habitación.

El silencio volvió a inundarlo todo, pero ahora estaba cargado, pesado, lleno de una amenaza invisible que no podía identificar del todo .

Tenía que averiguar qué estaba pasando .

Fuera como fuera . O encontrar la manera de ayudar .

« Yo también soy médico y seguro que me vendría bien salir de esta cárcel . Por muy malo que sea eso que hay fuera no puede ser peor que estar aquí ».

Algo en mi interior me decía que este virus era solo el principio de algo mucho más grande, y si nadie estaba dispuesto a contármelo tendría que descubrirlo por mí mismo.