Niebla mental 1 #2
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Era Clara, una enfermera con la que había trabajado hace años en el hospital, antes de que mi vida tomara aquel giro que me había llevado hasta aquí .

Tenía el mismo cabello recogido en un moño desordenado y esa mirada cálida que, de alguna manera, siempre hacía que confiaras en ella.

— Clara… — dije con la voz rasposa, como si no me hubiera escuchado en mucho tiempo.

Se detuvo en seco y sus ojos azules se abrieron ligeramente al verme.

— ¡Daniel! Dios mío, no sabía que habías despertado.

— No hace mucho — murmuré intentando incorporarme un poco . E lla se apresuró a acercarse y ajustar las almohadas detrás de mi espalda, con esa eficiencia propia de alguien que lleva años haciendo esto.

— ¿Cómo te sientes?

— Como si me hubiera pasado un tren por encima — intenté bromear, pero mi tono salió más sombrío de lo que pretendía —. Pero no es eso lo que importa . Escuché a unas enfermeras hablar, mencionaron algo… virus K19 , ¿qué demonios es eso, Clara?

Vi cómo su expresión cambiaba y la calidez inicial fue reemplazada por una sombra de preocupación . Bajó la mirada, como si estuviera eligiendo con cuidado las palabras que iba a decir.

— Es complicado, Daniel — empezó, cruzándose de brazos y suspirando — .

Es un virus. A lgo nuevo, agresivo, comenzó en Kairen hace unos meses, pero ahora…

está por todas partes. No hay una cura, al menos de momento, se est á trabajando en una vacuna .

Mientras t ú estabas en coma han pasado muchas cosas, digamos que no solo t ú has estado atrapado.....

L a pregunta ahora es cuánta gente va a quedar después de esto y si tienes la suerte de que no te alcance .

O a alguien de tu familia . S iento ser tan dura pero.....

se propaga rápido, muy rápido — de repente una lágrima le empezó a caer por la mejilla y se qued ó sin voz.

— Madre mía, ¿ tan malo es? S í he notado muchos cambios desde que desperté, todo es mucho más desértico . Esa frialdad al tratar, las mascarillas , ese gel o lo que sea eso que todo el mundo se echa después de tocar algo, pero no imaginaba algo así.

Ella me miró directamente a los ojos, y lo que vi ahí me dejó helado . N o era solo preocupación , era miedo, verdadero pánico .

— Ya hemos perdido a muchos pacientes aquí, Daniel, y no solo a los ancianos o a los enfermos crónicos . g ente joven, sana . E ste virus no tiene reglas . Y lo peor de todo es que nadie sabe realmente hasta dónde puede llegar, cada día hay más contagios, más muertes… y más caos.

Me quedé en silencio por un momento, intentando procesar lo que acababa de escuchar.

— ¿ Y afuera? ¿ C ómo está todo?

— Las calles están vacías. Hay confinamientos, cuarentenas…

la gente tiene miedo a salir de sus casas, los hospitales están desbordados y, Daniel…

— se detuvo, tragando saliva — . No hay suficiente equipo.

N i respiradores, ni mascarillas . Es como si estuviéramos peleando una guerra con palos y piedras.

Apoyé la cabeza contra la pared, sintiendo el peso de su explicación aplastándome el pecho . Había estado fuera del mundo, atrapado en este limbo, mientras todo eso sucedía.

— ¿Y Laura? ¿Ella está bien? ¿Vino a verme?

Clara titubeó, y ese segundo de duda me lo dijo todo.

— Lo siento, Daniel, no la he visto, nadie ha venido a visitarte en los últimos 6 meses, ha sido una época muy mala .

Q uizás te paso esto en el peor momento .

Me gustaría darte esperanzas y alivio, pero el futuro cercano es bastante negro, y aquí la gente esta bastante mal, bastante tiene con sobrevivir y que no le salpique a alguien cercano .

La revelación me golpeó como un martillo, el mundo se estaba derrumbando afuera, y yo, aquí dentro, estaba completamente solo.

— Daniel — dijo Clara suavemente, colocando una mano en mi hombro — . Sé que es mucho para asimilar, pero tienes que ser fuerte. V as a salir de esta, lo harás, y seguro que a lo grande ya lo verás.

Asentí, aunque no estaba seguro de a quién intentaba convencer, a ella o a mí mismo. P orque, en el fondo, algo me decía que nada volvería a ser igual. N i afuera, ni dentro de mía

Entonces lo entendí todo . Mi familia, mi vida, mi mundo…

todo había desaparecido . El virus K19 no solo me había mantenido en coma, aislado en una cápsula de tiempo, sino que también había arrasado todo lo que conocía .

No había visitas, no había rostros familiares en el hospital, y el vacío a mi alrededor se expandía como una sombra silenciosa .

Nadie había venido a verme, al menos los últimos 6 meses,esa sensación de abandono me golpeó con la fuerza de un tren de carga.

Me quedé allí, quieto, mirando al techo blanco y estéril .

Pensé en Laura, en mis padres, pensé en el vacío que había dejado su ausencia .

¿A todos les habría arrasado el virus K19 o alguno habría sobrevivido y no venían a verme por miedo al contagio?

E sa duda me golpeaba la cabeza y nadie me la solucionaba.

Había oído a las enfermeras hablar de hospitales colapsados, de personas luchando por respirar, de un virus que no dejaba nada intacto, que arrasaba con todo, pero no había ni un solo pensamiento que se asomara a mi mente que me hablara de la posibilidad de que Laura pudiera estar muerta.

Mi cabeza daba vueltas, tratando de encontrar respuestas, pero no había nada más que preguntas.

¿Y mi madre? ¿ Y los demás? ¿ C ómo había quedado todo fuera de esta habitación?

El mundo se había detenido para mí, pero me di cuenta de que no lo había hecho para todos .

La pandemia había sumido al planeta en un caos pero, de alguna manera, yo seguía aquí, atrapado en este hospital, sin más conexión con lo que era mi vida anterior.