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De repente, todo el mundo parecía estar en otro universo, uno que desconocía por completo .
L as enfermeras seguían cuchicheando al fondo del pasillo y, aunque no podía distinguir del todo sus palabras, una cosa estaba clara: ese tal «virus K19 » era algo grande .
No podía decidir si era una especie de código secreto, un nombre en clave para algo que el hospital estaba escondiendo o, simplemente, el comienzo de otra pesadilla más que yo no tenía ganas de afrontar.
Un golpe seco me sacó de mis pensamientos, alguien había tirado algo en el pasillo . Aproveché el sonido para arrastrarme un poco más cerca de la puerta, necesitaba escuchar más.
—¿Lo has visto? El ala C está llena —dijo una de las voces femeninas.
—Sí, y dicen que no es lo único que viene, esto es solo el principio.
« ¿El principio de qué? » Me quedé quieto, intentando conectar las piezas de un rompecabezas que todavía no entendía .
Fue entonces cuando lo sentí: e se instinto que no había sentido en años .
Algo estaba ocurriendo, algo más grande que mi coma, más grande que mi matrimonio fallido y más grande que mi propia insignificancia en ese momento .
Si nadie iba a explicármelo, lo tendría que descubrir por mi cuenta .
Tal vez el mundo se había olvidado de mí, tal vez Laura también, pero yo no estaba listo para ser ignorado, y en el fondo sabía que este “virus” sería el principio de algo que cambiaría todo… incluido a mí.
Me quedé quieto, con la oreja puesta como si de pronto escuchar aquella palabra me devolviera al mundo real.
P arecía algo salido de una película apocalíptica, y el tono de las enfermeras no ayudaba .
Una dijo algo sobre un brote, la otra, sobre unos escorpiones.
Lo que capté con claridad fue la preocupación en sus voces .
Eso y el hecho de que hablaban como si estuviéramos al borde del colapso mundial.
Mi instinto médico se activó, pero luego caí en la cuenta: « ¿ Q ué podía hacer yo? » apenas podía mantenerme de pie,no tenía contexto, ni datos, ni siquiera alguien que me explicara qué diablos estaba pasando .
P or primera vez desde que desperté, el peso de mi soledad me golpeó como una avalancha .
Quise preguntarles algo, pero antes de que pudiera siquiera abrir la boca, las vi alejarse a paso rápido con sus zuecos resonando en el pasillo .
M e dejé caer sobre el marco de la puerta de mi habitación, mareado .
Por el rabillo del ojo noté a otra paciente, una mujer mayor, que asomaba desde su cuarto .
Nos miramos por un segundo, como si compartiéramos la misma incredulidad, pero luego cerró la puerta sin decir una palabra.
Volví a mi cama o, mejor dicho, a ese trozo de látex que pretendía ser un colchón .
A mi alrededor, las máquinas pitaban con su habitual indiferencia .
Ni siquiera el monitor que registraba mi ritmo cardíaco parecía darse cuenta de que mi pulso se había disparado.
« ¿Qué demonios estaba ocurriendo afuera? »
. T odo en ese lugar parecía un vestigio de otra época .
Me recosté y cerré los ojos intentando calmarme, pero lo único que logré fue que las palabras «murciélago » y «virus K19 » se grabaran en mi mente como un eco.
Conforme las horas pasaban, mi cabeza comenzó a trabajar sola, como siempre hacía cuando me enfrentaba a lo desconocido .
S i este virus era lo que pensaba que era , un virus respiratorio con alta capacidad de contagi o, entonces todo tenía sentido.
Las mascarillas, los guantes, la forma en que evitaban cualquier contacto físico , incluso el hecho de que mi habitación estuviera siempre cerrada .
Estaba aislado no solo por mi coma, sino porque afuera había comenzado una guerra que hasta ese momento yo desconocía por completo.
M e levanté otra vez, caminando de un lado a otro en el reducido espacio.
¿Y si Laura no había venido por miedo al virus?
E ra una excusa plausible, ¿verdad? Aunque no podía negar que dolía .
L o que más me mataba no era la falta de visitas, sino la falta de noticias .
Nadie había tenido el decoro de decirme qué estaba pasando en el mundo mientras yo estaba… muerto en vida.
Otro ruido en el pasillo me sacó de mis pensamientos .
E sta vez no eran enfermeras cuchicheando, sino una especie de carro metálico .
Me acerqué a la puerta y entreabrí un poco, lo justo para ver a un hombre en un traje blanco completo, como de película de ciencia ficción, empujando lo que parecía un cilindro lleno de oxígeno.
—Estamos desbordados — fue lo único que escuché antes de que desapareciera.
Cerré la puerta y me recosté contra ella .
Algo muy grande estaba ocurriendo, algo que había cambiado el mundo mientras yo no estaba y, por primera vez en mi vida, sentí que no tenía ni idea de cómo afrontarlo.
Ahora parecía ser todo lo que el mundo podía pronunciar, y se normalizaba .
Las enfermeras seguían cuchicheando, bajando la voz como si invocaran a una fuerza invisible que podría aparecer si se hablaba demasiado fuerte.
Había una pequeña televisión colga d a en una esquina de la habitación y, casi sin pensarlo, busqué el mando, presioné el botón con manos temblorosas, y la pantalla cobró vida .
L o que vi me dejó paralizado . Imágenes de ciudades desiertas, médicos agotados con trajes como de astronauta , hospitales colapsados…
Y esa palabra, repetida una y otra vez, golpeándome como una ola implacable .
Un reportero hablaba con voz grave .
— La pandemia ha paralizado al mundo entero . M illones de personas confinados en sus casas, hospitales al límite de su capacidad, el virus K19 se propaga sin control.
Pandemia. Virus. Confinamiento . Las palabras rebotaban en mi cabeza como metralla .
El mundo que conocía ya no existía o, al menos, no de la forma en que lo recordaba .
Pero algo en ese caos despertó una chispa en mí .
La soledad que me aplastaba desde que abrí los ojos comenzó a transformarse en una urgencia, en una necesidad de entender qué había sucedido, no solo fuera de esas paredes, sino también dentro de mí .
« ¿Laura? ¿Mis amigos? ¿Mi vida? ¿Dónde estaban? ¿Por qué no había rastro de ellos? »
Era como si el virus no solo hubiera infectado al mundo, sino que también hubiera borrado mi existencia .
Respiré hondo, intentando calmar el torbellino que se desataba en mi pecho .
Algo me decía que esto era solo el principio.