CAPÍTULO 39
FLORA
No puedo seguir deambulando por Harvard Square con la esperanza de divisar a un pirómano.
Al ser el corazón de un campus universitario, la zona está repleta de chicos con sudaderas con capucha.
Rocket se mimetiza perfectamente. Además, con los vehículos de emergencia y las furgonetas de los medios de comunicación por todas partes, cada vez es más difícil moverse.
No me gustan las multitudes. No me gusta la sensación otros cuerpos empujándome, zarandeándome y acorralándome. Mi ritmo cardíaco es demasiado alto y no es solo por perseguir a Rocket.
Vislumbro un pequeño callejón lateral y me alejo de la masa.
Me tomo un momento para respirar con profundidad, exhalando pequeñas bocanadas de aire caliente.
¿No deberían estar todos estos estudiantes de vacaciones de Navidad?
Ha pasado demasiado tiempo desde mis tiempos como alumna; no recuerdo cómo funcionaba mi calendario universitario, y mucho menos, el de un lugar como Harvard.
Me hace sentir vieja y, por un momento, perdida.
La vida que solía llevar. Los sueños que nunca retomé.
Bien, es hora de pensar como un pirómano. Si no puedo seguir a Rocket, ¿cómo puedo anticiparme a él?
Querrá su dinero. Después de dos trabajos importantes en un día, volverá a su barrio a recoger su pago. Sin embargo, Phil me dijo que la policía tenía el punto de entrega bajo vigilancia, por lo que creo que hay mejores formas de emplear mi tiempo.
Un momento. ¿Rocket ha terminado por hoy?
La majestuosa casa de piedra rojiza del abogado debe haber requerido cierto refinamiento.
Es imposible que un abogado con tanta clase no tuviera un sistema de seguridad de última generación, como también es imposible que un chico como Rocket no destacara en un barrio tan lujoso.
Así que fue un trabajo refinado. Como disfrazarse de controlador de plagas para entrar en la residencia de los Carter.
Podría haber utilizado el mismo ardid con Delaney, pero la policía lo vio y no informó de que llevara ningún uniforme.
¿Quizá de repartidor de pizza? Solo necesitaría una gorra para hacerse pasar por uno.
En esta ciudad se pide comida para llevar las veinticuatro horas del día, nadie se fijaría en un simple repartidor.
Podría haber escondido la gasolina antes, ya que muchas de esas casas adosadas tienen patios en la parte trasera.
Un chico tan atlético como Rocket no tendría problemas para saltar una valla.
Luego salió por el mismo sitio. Observó su obra. Escapó cuando la presencia policial fue demasiado alta o cuando necesitó ponerse en marcha hacia su siguiente trabajo. Lo que le llevó a la parada de metro. Un simple transbordo en la línea roja y llegó a Harvard Square.
Aquí debió esconder la mochila con los cócteles molotov en algún lugar apartado de la vista.
En esta época de vigilancia constante, es imposible dejar una mochila desatendida en una parada de metro o, para el caso, en un campus universitario.
Así que primero tuvo que haberlo planificado todo.
Preparó sus suministros y estableció los puntos clave donde esconderlos.
Luego, una vez que inició el primer incendio en la casa de Delaney, se puso manos a la obra.
Se movió con rapidez, dejando un rastro de fuego y caos a su paso.
Lo que me dejó con la perenne sensación de que aún no había terminado.
Entonces se me ocurrió algo. Como un susurro en el fondo de mi mente. Los medios de comunicación se agolpaban para ver en primera línea el incendio de Harvard.
Los mismos medios de comunicación que acampaban frente a la casa de la madre de Evie, documentando a todos los que pasaban por allí. Haciendo casi imposible acercarse a esa casa.
Esos medios de comunicación habían puesto sus ojos en una serie de incendios en un campus universitario, algo mucho más emocionante que patrullar las aceras.
Mi primer instinto había dado en el clavo: Rocket Langley sigue tras Evie Carter y ha provocado los incendios del campus de Harvard para alejar a los medios de comunicación y exponer a su verdadero objetivo.
Los cócteles molotov son los preliminares.
El evento principal es, sin duda, una gran cantidad de gasolina.
Empiezo a correr.