Ni una palabra (Warren & Quincy 1) CAPÍTULO 29 #3
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CAPÍTULO 29 #3

—La segunda mujer desaparecida es Sandi Clipfell, de diecinueve años, que trabajaba como camarera en McGoo’s Tavern.

Su turno terminó a las dos de la madrugada.

Solía ir andando hasta su apartamento, al final de la calle, pero esa noche no llegó.

Según sus compañeras de piso, era una persona estable.

No le encantaba ser camarera, pero estaba ahorrando dinero para estudiar y convertirse en higienista dental.

Sandi Clipfell no tenía familia en la zona, pero llevaba un año trabajando en McGoo’s.

Siempre era puntual, muy fiable. Acababa de romper con un novio con el que llevaba poco tiempo, pero no parecía que la cosa hubiera ido a más.

Además, él tenía una coartada para la noche de la desaparición.

También dijo que Clipfell no era de las que se largaban sin más.

Si se hubiera cansado de su trabajo, habría dado aviso y habría puesto las cosas en orden con sus compañeras de piso antes de marcharse.

—¿Alguna pista? —preguntó D. D.

—El inspector Conner estaba investigando a los clientes habituales de ambos bares, buscando coincidencias entre las personas que frecuentaban el McGoo’s, donde trabajaba Sandi, y los clientes de White Dog Tavern, donde se vio por última vez a Tina Maracle.

El inspector Ange ha seguido trabajando en el caso desde entonces y ha dado con una pista: un individuo con antecedentes de agresión sexual llamado Mitchell Paulson estaba en el McGoo’s la noche en la que Sandi desapareció.

Sin embargo, cuando Ange quiso detenerlo para interrogarlo, el apartamento del tipo estaba vacío y no había rastro de él.

Ange emitió una orden de búsqueda y captura, pero nunca se pudo dar con Paulson.

—¿Paulson tenía algún vehículo? —preguntó D. D.

—Una camioneta Dodge Ram último modelo —respondió Neil—. Un poco destartalada. Podría tener daños en el parachoques delantero y nadie se daría cuenta.

D. D. frunció el ceño.

—¿Ange cree que fue él quien sacó de la carretera a los Conner?

Neil y Carol se encogieron de hombros.

—El inspector Ange —Carol tomó la palabra— afirma que siempre ha sospechado del marido maltratador, LaPage.

El ataque fue ruin y rastrero, encaja con algo que haría LaPage.

Además, le guardaba rencor al inspector Conner.

Por otra parte, tuvo que ocurrir algo para que Paulson violara su libertad condicional y se marchase de la ciudad.

Lo que significa que tal vez se enterara de la investigación que llevaba a cabo Conner.

Y puede que eso lo asustara lo suficiente como para eliminar al inspector que trabajaba en el caso.

—¿Paulson tiene antecedentes de violencia? —preguntó D. D.

Neil negó con la cabeza.

—Solo le gustan las chicas de dieciséis años.

—Las mujeres desaparecidas tienen dieciocho y diecinueve años. No dieciséis —señaló D. D.

—Ange no tiene todas las respuestas, pero sí muchas preguntas, y parece que las compartió con Conrad poco después de la muerte de sus padres.

—¿Y se supone que no ha estado en contacto con Conrad en los últimos años? —D. D. miró a sus agentes—. ¿Lo creéis?

—Ange afirma que no tenía una relación estrecha Conrad —dijo Carol—.

Había otro inspector, Dan Cain, que había trabajado con el padre de Conrad durante años.

Hacía barbacoas con frecuencia y ese tipo de cosas.

Ange cree que, si Conrad seguía en contacto con alguien del departamento, sería con Cain.

Se retiró poco después de la muerte de Conner, pero sigue haciendo algunos trabajos.

Ange lo localizará y nos dará su información de contacto.

D. D. miró a sus dos agentes durante un momento.

—¿Qué opináis? —les preguntó.

Neil respondió de inmediato:

—Lo que creo es que Conrad estaba investigando la muerte de sus padres. Lo que significa que perseguía a un criminal encarcelado con muchos recursos a su alcance, así como a un agresor sexual que podría estar involucrado en la desaparición de dos mujeres.

—No es un trabajo apto para personas sensibles —dijo D. D.

Carol tomó la palabra.

—LaPage, el marido cabrón, sabía que el inspector Conrad tenía un hijo. Al parecer, el nombre real de Conrad aparecía en los artículos de prensa que cubrían la muerte de sus padres. LaPage amenazó a su padre de muerte, así que...

—¿Conrad sintió la necesidad de abandonar la zona e incluso cambiarse el nombre?

—Para protegerse mejor mientras iniciaba su propia investigación —comentó Neil.

—Pero ¿nunca se lo dijo a su mujer? —preguntó D. D.

Carol se encogió de hombros.

—Quizá pensó que así la protegía. Según Ange, LaPage sigue trabajando en salir de la cárcel y sigue siendo un cabrón rico.

Por no hablar de que la cárcel no es precisamente un obstáculo.

Piensa en todos los criminales violentos que LaPage puede haber conocido durante la última década.

Con solo ofrecerles una suma jugosa a cambio de un pequeño favor cuando salgan...

D. D. asintió. De alguna manera, la cárcel parecía ser un caldo de cultivo perfecto para las actividades delictivas. Irónicamente, la prisión había aumentado los recursos ilícitos que LaPage tenía al alcance.

La decisión de Conrad de mudarse al norte y vivir con un nombre falso empezaba a tener más sentido. Pero eso seguía sin explicar por qué lo habían asesinado el martes por la noche.

Fotos de chicas maltratadas en la pantalla de su ordenador.

Lo último que Conrad estuvo viendo antes de que le dispararan.

Pasaba lo mismo que con su reunión con Jacob Ness, la posesión de esas imágenes podía interpretarse de dos maneras: Conrad era parte del problema, un depredador sexual más, o era algún tipo de justiciero solitario que intentaba cambiar las cosas.

D. D. tenía claro qué opción prefería, sobre todo por el bien de su mujer y de su hijo nonato, pero eso no lo convertía en realidad.

—¿Crees que la persona que disparó a Carter hace tres noches podría ser la misma que sacó de la carretera a sus padres? —preguntó Carol.

D. D. se encogió de hombros.

—No podemos saberlo. Tendremos que seguir las pistas allá donde nos lleven.

—Es un viaje aterrador —murmuró Neil.

—Y parece que Conrad llevaba mucho mucho tiempo viviendo así. Encuentra a ese inspector jubilado del JSO, Dan Cain.

Ambos agentes asintieron.

—Y vamos a investigar al agresor sexual desaparecido y, qué diablos, a la mujer de LaPage. Pero esa investigación...

—Estrictamente confidencial —la interrumpió Neil.

—Nuestra mejor hipótesis es que el padre de Conrad se acercó demasiado con su investigación. Años más tarde, su hijo siguió el mismo camino...

—Y corrió la misma suerte. Tenemos que encontrar a ese cabrón —dijo Carol.

—Sí. No sabemos quién es, pero consiguió descubrir el alias de Conrad. Lo que significa que también sabe que tiene una mujer y un hijo por nacer. Y, una vez que has matado a tres personas, ¿qué son dos más?