Ni una palabra (Warren & Quincy 1) CAPÍTULO 29 #2
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CAPÍTULO 29 #2

—Su reputación le precede en ciertos círculos.

La gente lo conoce por el boca a boca. Tu informante podría haber dado en el clavo anoche.

Rocket no es nadie importante, lo que significa que nuestro asesino es de la zona o que Rocket sabe cómo anunciarse en la parte oscura de Internet.

Joder, incluso la mafia se ha pasado al ciberespacio.

Es triste, la verdad. Muy pronto, el departamento estará formado por policías virtuales programados para identificar a delincuentes virtuales. ¿Qué tiene eso de divertido?

D. D. puso los ojos en blanco.

—Todavía no somos programas informáticos, así que encuentra un vídeo de quienquiera que haya contratado al pirómano de Rocket. Usa un punto de entrega, eso es de la vieja escuela. Con suerte, su cliente también es de la vieja escuela. Y, cuanto antes tengamos los resultados, mejor. ¿Y Carol y Neil?

—En la sala de conferencias. Han estado trabajando toda la noche en los antecedentes de Conrad Carter. —Phil miró el café que le quedaba—. Guárdate uno para ti. Cuando terminen, lo vas a necesitar.

Cuando D. D. entró en la sala, Neil y Carol acababan de colgar el altavoz del teléfono del departamento. Ambos parecían muy animados.

D. D. repartió los cafés y tomó asiento.

—Muy bien. ¿Qué tenéis?

—Homicidio, sin duda. El coche de los padres de Conrad se salió de la carretera poco después de las ocho de la tarde.

Estaban conduciendo de vuelta a casa desde un restaurante por una ruta que conocían bien.

De repente, el coche rodó por un terraplén hasta caer a un canal.

Murieron en el impacto. —Carol negó con la cabeza.

—¿Testigos? ¿Pistas? —preguntó D. D.

—Nada —respondió Neil—. Acabamos de hablar con el inspector Russ Ange, de la JSO; él trabajó personalmente con Bill Conner y lleva años investigando el accidente de tráfico de forma intermitente.

La carretera era rural, no había cámaras, pero Ange está seguro de que fue un acto delictivo debido a los daños en el guardabarros trasero, compatibles con el impacto.

La altura de los daños indica que se trataba de un vehículo grande, como una camioneta o un todoterreno.

Sin embargo, no hay restos de pintura, así que tal vez tuviera un parachoques cromado.

Por desgracia, hay muchas camionetas y todoterrenos en Jacksonville; sin testigos, ha sido difícil avanzar con el caso.

—Seguro que habrá revisado las investigaciones que Conner estaba llevando. Sospechosos, delincuentes que hubiera detenido a lo largo de los años y que le guardaran rencor, ese tipo de cosas.

—El inspector Conner tenía más de veinte casos abiertos en ese momento —informó Carol—.

Dos de ellos son dignos de mención. El primero, un caso importante de violencia doméstica.

Un marido cabrón, rico y privilegiado que no dejaba de pegar a su mujer y, en su condición de rico y privilegiado, creía que la orden de alejamiento no se le aplicaba.

La situación se había prolongado durante meses.

El inspector Conner mostró un interés personal por el caso y se había reunido con la mujer varias veces.

Una semana antes del accidente, el marido cabrón volvió a aparecer, borracho y enfurecido, e intentó entrar en la casa.

El inspector Conner se presentó allí. Él y el cabrón tuvieron un intercambio de palabras.

El cabrón pasó la noche en el calabozo, con un ojo morado y un cabreo considerable.

—¿El inspector Conner le dio un puñetazo al borracho? —preguntó D. D., sorprendida.

—En defensa propia —aclaró Neil—. El marido atacó a Conner primero.

—De acuerdo —dijo D. D.—. Pero, de una forma u otra, entiendo que al marido rico no le hizo ninguna gracia que un policía cualquiera le negara lo que él consideraba su derecho: pegar a su mujer.

—Exacto —respondió Carol esta vez—. Al parecer, el marido, Jules LaPage, profirió amenazas bastante graves al inspector Conner durante su detención.

Por desgracia, LaPage tenía un Porsche, no una camioneta.

Los agentes de Jacksonville no encontraron ninguna prueba de que hubiera pedido prestado o alquilado un segundo vehículo.

Por otra parte, LaPage tampoco tenía coartada, por lo que no se le ha descartado como sospechoso en el asesinato de los Conner.

—¿Qué le ocurrió a LaPage? —preguntó D. D.

—Violó la orden de alejamiento dos semanas después de la muerte del inspector Conner.

Le disparó a su mujer en la cara. Ella sobrevivió, más o menos.

Tras eso, LaPage pasó a estar bajo custodia del estado.

Sin embargo, sigue siendo un bastardo engreído.

Según el inspector Ange, LaPage se pasa el día presentando una apelación tras otra.

Ange cree que es solo cuestión de tiempo que LaPage encuentre una laguna jurídica o descubra el tecnicismo necesario para revocar su condena.

LaPage tiene tiempo y recursos ilimitados. No se puede decir lo mismo del JSO.

—¿Qué fue de la mujer?

Porque el inspector Ange tenía razón, cualquiera con suficiente determinación y dinero podía burlar el sistema.

Si Jules LaPage había sido capaz de eliminar al policía que se interponía en su camino, podría haber hecho cualquier cosa al enterarse de que el hijo de este seguía investigando el caso tantos años después.

Todo eso hacía que D. D. sintiera cada vez más curiosidad por saber qué hacía Conrad Carter en su tiempo libre.

—Debido al disparo que recibió en la parte izquierda de la mandíbula, Monica LaPage tuvo que someterse a varias operaciones de cirugía reconstructiva.

Testificó con el vendaje aún puesto. Luego, ella y su nuevo rostro abandonaron el estado.

La opinión general es que, en cuanto LaPage salga de prisión, volverá a ir a por ella.

D. D. tomó nota.

—¿Hay alguien del JSO que siga en contacto con ella?

Neil negó con la cabeza.

—No, pero, según Ange, si hubiera mantenido el contacto con alguien, habría sido con el inspector Conner.

—¿Sabe Ange dónde localizarla?

Neil volvió a negar con la cabeza.

—No, y Ange fue bastante tajante afirmando que lo mejor para Monica era que siguiera así. Un hombre con el capital de LaPage puede comprar mucha información, e incluso sobornar a funcionarios públicos.

—Lo que significa que hasta el propio departamento del sheriff podría revelar su ubicación. ¿Ange tuvo noticias sobre el caso por parte de Conrad?

—Según Ange, justo después de la muerte de sus padres, Conrad pasó mucho tiempo hablando con varios agentes que habían trabajado con su padre. Preguntó por todos sus casos activos. Básicamente, lo mismo que hemos hecho nosotros.

—Y supongo que obtuvo las mismas respuestas.

Neil carraspeó.

—Entre nosotros, Ange dejó escapar que quizá hubieran hecho algunas copias de... detalles relevantes... para Conrad. Al fin y al cabo, Bill Conner era el padre del chico.

D. D. arqueó una ceja. En otras palabras, los agentes del JSO duplicaron los expedientes de los casos para dárselos al hijo de su amigo.

Algo que va totalmente en contra de cualquier norma.

Pero... los policías también son personas.

Y a veces, sobre todo después de una pérdida dolorosa, las reglas importan menos que la justicia.

Los compañeros del inspector Conner querían justicia y, al parecer, su hijo también.

—Entonces, ¿Conrad estaba investigando la muerte de sus padres?

—Sin duda.

—¿Hasta el punto de adoptar una identidad falsa y huir a Massachusetts? —murmuró D. D., y luego se corrigió—: ¿O descubrió algo tan peligroso que no tuvo más remedio que salir de la ciudad?

—El inspector Ange no tenía ni idea de que Conrad vivía con un nombre falso en Massachusetts —informó Carol—.

Dice que al principio Conrad se ponía en contacto con él muy a menudo, pero que han transcurrido años desde la última vez.

Supuso que Conrad había pasado página. También pensaba que eso era lo más adecuado y lo que sus padres hubieran querido.

—Entonces, ¿Conrad seguía investigando la muerte de sus padres por su cuenta? —D. D. frunció el ceño—. ¿Y eso lo llevó a encontrarse con Jacob Ness en un bar?

—Segundo caso digno de mención —intervino Carol.

—Dos casos de desaparición. Ambas mujeres, blancas.

Una de dieciocho años, en Florida. Estaba visitando a unos amigos y nunca regresó a casa del bar.

A esa chica, Tina Maracle, le gustaba salir de fiesta, por lo que existe cierto debate sobre si de verdad desapareció o si simplemente había decidido tomar otro camino en la vida.

Sin embargo, Maracle tenía familia en Georgia y ninguno de los miembros supo nada de ella.

Puede que no fuera la familia más unida del mundo, pero estar tres meses sin contacto era algo inusual y estaban convencidos de que le había sucedido algo malo.

—¿Y la segunda chica? —preguntó D. D., expectante.

Quizá Keith Edgar no fuera desencaminado cuando preguntó si el padre de Conrad se había cruzado con Jacob Ness.

Como señaló Flora, el hecho de que Ness no estuviera en el punto de mira del FBI no significaba que fuera un ciudadano ejemplar.

Era posible que hubiera secuestrado y violado a otras mujeres jóvenes.

Ness creció en Florida, puede que conociera Jacksonville; muchos depredadores empiezan cerca de casa antes de aventurarse más lejos.