Ni una palabra (Warren & Quincy 1) CAPÍTULO 23 #2
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CAPÍTULO 23 #2

—Entonces, tenía otra cuenta de correo electrónico —afirmó Keith—. Dejó la primera por si algún curioso lo investigaba y ocultó mejor la segunda. Hay muchas formas de hacerlo.

—Nada que alguien con el historial de Jacob debiera saber. —Quincy no estaba convencida—. Le estás dando demasiado crédito.

—Pero accedía a la dark web. Pudo haber conocido a expertos y aprendido muchas cosas.

Flora dice que era inteligente y resolutivo a la hora de ocultar sus huellas.

Y no estamos hablando de programación compleja.

Lo único que se necesita es a un friki informático y el resto es pan comido.

Jacob solo tendría que haber hecho lo que le dijeran.

Keith habló con conocimiento de causa. Flora parecía interesada, mientras que Kimberly parecía cada vez más enfadada. Al menos D. D. se estaba divirtiendo.

—¿Qué sugieres que intentemos ahora? —le preguntó D. D. a Keith. El hombre parecía saber de lo que hablaba y ya que «los mejores» informáticos del FBI no encontraban nada...

—Averiguar un segundo nombre de usuario. El hecho de que no haya ningún registro en su portátil no significa que no podamos utilizar el razonamiento deductivo tradicional para encontrar coincidencias. Luego podríamos probar esas opciones en sitios web conocidos hasta dar con la respuesta.

—¿Te refieres a los antecedentes y el historial de Jacob? —intervino el doctor Keynes—. Basándonos en eso, ¿determinamos un nombre de usuario?

—Probamos todas las versiones posibles con su nombre —argumentó Quincy—. JNess, Jacnes. Njacob... Uno de nuestros técnicos programó un algoritmo solo para probar todas las combinaciones de nombres posibles.

—Nunca usaría su nombre real para acceder a la dark web —afirmó Flora de inmediato—. Es demasiado obvio.

—También probamos con Everett —informó Quincy—. Falso Everett. Probamos con todos los detalles que recabamos de tu conversación con el doctor Keynes. Incluyendo tu nombre, el de tu padre e incluso el de tu hermano. Jacob tenía un sentido del humor astuto y cruel. Todos estamos de acuerdo en eso.

—Esperad. —D. D. levantó la mano—. Olvidad el nombre de usuario por un momento. Según este navegador Tor, ¿podemos estar seguros de que Jacob accedía a la dark web?

Quincy y Keith asintieron.

—Lo que significa que, si Conrad estaba en contacto con personas como Jacob Ness u otros depredadores, ya fuese como cómplice o como justiciero, también habría formado parte de la dark web.

Más asentimientos.

D. D. sonrió. Era el primer avance real en todo el día.

—O sea, que aunque la mujer de Conrad destruyera su ordenador, debería haber rastro de su actividad en la dark web , ¿no?

Has mencionado que cada vez que un usuario inicia y cierra sesión, hay un momento en el que sus datos no están encriptados.

Es decir, que si averiguamos el nombre de usuario de Conrad e iniciamos sesión en Tor...

—Deberíamos poder identificar los sitios que visita con frecuencia, quizá incluso algunas salas de chat —añadió Keith—.

Básicamente, si logramos descifrar el nombre de usuario de ese tal Conrad, o el segundo usuario de Ness, tendríamos acceso a una gran cantidad de información...

Contactos, actividad en línea, identidades de otros depredadores.

D. D. empezó a asentir.

—Me gusta. Dos sujetos, dos nombres de usuario, dos mordiscos a la misma manzana que es la dark web.

El rostro de Quincy se había relajado.

—Pero ¿tenemos alguna idea del nombre de usuario de Conrad? —preguntó.

—Su mujer podría tenerla.

—¿Está cooperando?

—Todavía no, pero tengo algunas ideas al respecto. —D. D. miró a Flora.

—Monstruo —afirmó Flora.

—¿Qué? —D. D. no entendió la transición.

—Jacob siempre se refería a sí mismo como un monstruo. «Nadie quiere ser un monstruo», decía.

D. D. seguía sin entenderlo, pero Keith asintió con la cabeza de repente.

—El monstruo del lago Ness —murmuró.

Quincy se incorporó de inmediato, decidida.

—¿Podría ser así de sencillo? ¿Su nombre de usuario es un juego de palabras con el lago Ness? ¿Jacob Ness, el monstruo, Nessie?

—No creo que usara «Ness» —volvió a decir Flora—. Es una vinculación demasiado directa. Pero ese tipo de conexiones ingeniosas le gustaban.

—Hay otras criaturas —aportó el doctor Keynes—. El Ogopogo, por ejemplo. Puede parecer que no está relacionado, pero tendría un significado secreto para Jacob que satisfaría su necesidad de superioridad.

—Los avistamientos del monstruo tuvieron lugar en Inverness-shire, en Escocia —recitó Keith.

Se volvió hacia Quincy—. Corrígeme si me equivoco, pero ¿no vivía la madre de Jacob en Inverness, Florida?

Una ciudad a la que le dio nombre un escocés que decía que los lagos de la zona le recordaban a los de su tierra natal.

Quincy asintió.

—La dirección postal de Jacob era la casa de su madre en Inverness, Florida.

—Hay una conexión ahí —volvió a decir Flora, convencida—. Inverness, lago, Florida, L Inverness, algo así.

Quincy empezó a garabatear en su libreta.

—Hay algunos algoritmos que podrían encontrar todas las combinaciones posibles —comenzó Keith.

Quincy levantó la mano.

—Es mejor retirarse cuando vas ganando. Yo me encargo. Me pondré en contacto con los técnicos para ver qué podemos hacer.

—El despacho contiguo al mío está vacío —ofreció el doctor Keynes—. Podéis instalaros allí.

La agente asintió en señal de agradecimiento.

Flora miró a D. D.

—¿Y ahora qué?

—Tu novio se va a casa.

—Él no es...

—El civil se va a casa —reiteró D. D. con firmeza—. Podéis poneros al día más tarde, pero tú y yo tenemos asuntos que tratar. Sigues siendo mi informante. Es hora de ganarte el sueldo.

—¿Qué quieres decir?

D. D. empezó a levantarse.

—Te vienes conmigo.

—¿A dónde vamos?

—Te lo explicaré por el camino.

D. D. se dirigió hacia la puerta. Flora se apresuró a seguirla.