Ni una palabra (Warren & Quincy 1) CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

D. D.

Desde un principio, Phil había advertido a D. D. que se arrepentiría de convertir a Flora Dane en su informante confidencial. La chicha era una justiciera, una solitaria obstinada e imprudente. A D. D. le molestaba que su mentor tuviera razón.

—Para que me quede claro —dijo ahora con brío, sentada a la cabecera de la mesa—, tú —miró a Flora— has decidido llamar a una agente del FBI de Atlanta e invitarla a participar en mi investigación.

—Técnicamente, la he invitado a colaborar en mi investigación —dijo Flora.

Sí, la informante confidencial de D. D. se había rebelado.

Flora continuó:

—Yo también tengo interés en todo esto, ya lo sabes.

¿Qué relación tenía Conrad Carter con Jacob?

¿Había otros hombres o depredadores con los que se reunía?

¿Significa esto que formaba parte de una red más amplia de sociópatas y yo no me di cuenta?

Entonces, cuando hablé con la agente especial Quincy y me enteré de que había otras mujeres desaparecidas...

D. D. levantó una mano. Señaló al otro recién llegado, que parecía rondar la treintena, podría haber pasado por un modelo de Tom Ford y estaba sentado mucho más cerca de Flora de lo estrictamente necesario.

—¿Y tú? ¿Cuál es tu papel en todo esto?

Kimberly Quincy sonreía, lo que significaba que eso iba a estar bien.

Había que darle crédito al hombre: apoyó ambos codos en la mesa, se inclinó hacia delante y le sostuvo la mirada a D. D.

—Me llamo Keith Edgar. Soy analista informático y, eh..., dirijo un foro para aficionados a los crímenes reales. En concreto, llevamos seis años trabajando en el caso de Jacob Ness.

—¿ Cómo que habéis estado trabajando en el caso de Jacob Ness?

La sonrisa de Kimberly Quincy se hizo más amplia.

—Siempre hemos sospechado que hubo otras víctimas. El grado de sofisticación y planificación que empleó en el secuestro de Flora... Ningún depredador se vuelve tan inteligente de la noche a la mañana.

Flora no se mostró ofendida por ser tratada como poco más que un caso de estudio.

—Y lo sabes porque eres analista informático, ¿verdad? —insistió D. D.

—No, lo sé porque he leído mucho sobre el tema...

—Porno para frikis de los crímenes reales.

—Y trabajo con un grupo de expertos con mucho talento, entre los que se encuentra el exagente de la policía de Boston Wayne Rock.

Eso llamó la atención de D. D. Conocía a Wayne desde antes de que se jubilara, cinco años atrás. Era un gran hombre y un excelente inspector que había perdido su batalla contra el cáncer hacía solo unos meses. Todo el departamento le rindió homenaje.

—¿Wayne también creía que había otras víctimas?

—Por supuesto. La mayoría de los depredadores siguen un patrón de comportamiento cada vez más violento.

En el caso de un adicto al sexo como Ness, probablemente empezó en su juventud como voyeur, luego pasaría a los tocamientos inapropiados, de ahí a cometer agresiones sexuales propiamente dichas y, en última instancia...

Edgar señaló a Flora, que seguía completamente inexpresiva.

Por un momento, D. D. sintió compasión de ella.

Así era la vida de Flora. Quisiera o no, todo su ser había pasado a estar definido por las acciones de un monstruo.

Desde que D. D. conocía a Flora, esta siempre se había negado a hablar de su pasado.

Así que formar parte de esa conversación y, por si fuera poco, haber invitado a una federal, era un acto de valentía, aunque a D. D. le costara reconocerlo.

—Lo que nos lleva a ti. —D. D. dirigió su atención hacia la agente especial Quincy—, la persona que descubrió que Ness era camionero de larga distancia y organizó la redada del SWAT. Debes haber recopilado un montón de pruebas.

—Sí y no, ese es el problema. En el camión de Ness se encontraron algunos pelos y otras muestras de ADN. Pero su ordenador, al que, según Flora, se conectaba a diario... —Flora asintió— estaba sospechosamente vacío. Ni siquiera había porno.

—Se pasaba el día viendo porno —intervino Flora.

—Borrar por completo un disco duro es casi imposible —intervino el analista informático—.

Debió usar alguna herramienta o aplicación.

Veamos, estamos hablando de 2010. —Edgar hizo una pausa, como si estuviera pensando—.

Es posible que usase SteadyState, una aplicación gratuita de Microsoft que funcionaba con todos los sistemas operativos XP.

Microsoft la ofrecía como un sistema de seguridad para ordenadores domésticos.

Básicamente, cada vez que se reiniciaba el portátil, el programa lo revertía a un estado anterior, libre de amenazas, eliminando cualquier malware o virus que los niños pudieran haber descargado sin querer mientras jugaban.

La aplicación funcionaba tan bien que muchos profesionales informáticos también la utilizaban, yo incluido.

Edgar miró a Quincy con curiosidad.

—El portátil de Ness sí que tenía SteadyState instalado —respondió ella.

—Interesante. Porque se necesita tiempo y habilidades para configurar la aplicación.

Para elegir qué elementos del disco duro deben borrarse y cuáles deben respetarse cada vez que se reinicia el sistema.

Ese hecho por sí solo demuestra un importante nivel de conocimiento informático para un hombre que ni siquiera se graduó en el instituto.

¿Y dices que no se recuperó ni un solo libro del camión de Ness sobre programación informática, sistemas operativos Windows ni nada por el estilo?

—Nada.

Edgar y Flora Dane intercambiaron una mirada. A D. D. no le gustó nada.

—¿Y el móvil de Ness? —interrumpió D. D.

—No tenía smartphone —respondió Quincy—. Recuperamos un móvil barato, de prepago, con muy poco uso. No contenía mensajes de texto ni nada útil.

—No recuerdo que usara nunca el móvil —dijo Flora—. Supongo que no tenía a nadie a quien llamar.

—Lo que significa que la falta de pruebas es la prueba —añadió D.

D.—. Alguien debió enseñarle a Ness a borrar sus huellas, tanto con esta aplicación informática como con el móvil prepago.

—Miró a Flora—. Pero, que recuerdes, la única vez que se reunió con otra persona fue con Conrad en el bar, ¿no?

—Es la única persona que vi. Pero Jacob desaparecía durante días, a veces incluso una semana entera. Siempre supuse que iba a ponerse hasta las cejas de drogas. Pero podría haberse reunido con otros como él. Quizá se dedicaba a cometer pequeños delitos, no lo sé.

—¿No crees que te lo habría contado para alardear? —intervino Quincy—. Te hablaba de muchas cosas, y no dudaba en amenazarte con sustituirte.

Flora se encogió de hombros.

—A Jacob le gustaba presumir. Si pasaba días con otra mujer, ya fuera una víctima o una prostituta, es posible que dijese algo.

Pero... —Flora respiró hondo—. Jacob era inteligente.

Sabía quién era. Desde muy joven, según me dijo, supo que era diferente a los demás.

Y también sabía que tenía que ocultarlo.

Era muy celoso de su intimidad. Si hubiera encontrado algún grupo o hubiera empezado a relacionarse con otros depredadores, incluso si se hubiera reunido con ellos de vez en cuando...

, no, no creo que me lo hubiera contado.

También le gustaba tener sus secretos. Y le divertía que los demás lo subestimaran.

Solo lo veían como a un camionero de poca monta, cuando él sabía que era más que eso.

—¿Y el navegador Tor? —intervino Edgar.

Quincy miró fríamente al analista informático.

—Ya que lo mencionas, además de SteadyState, el portátil de Ness también tenía el navegador Tor.

—¿Qué significa eso? —preguntó Flora.

—Tor, que proviene de «The Onion Router», es un navegador que utiliza una red peer-to-peer para ocultar las direcciones IP de origen —explicó Edgar. Miró a D. D.—. Es totalmente seguro y legal. También es el navegador más utilizado para acceder a la dark web.

D. D. lo entendió.

—Por lo que Jacob podría haber frecuentado chats en los que se ponía en contacto con otros pervertidos como él, aprendiendo todo tipo de artimañas para no dejar rastro, mientras restablecía su ordenador portátil cada noche con SteadyState, que borraba automáticamente todos los registros de visitas a esos sitios.

—Miró a Quincy—. Y sabiendo todo esto, ¿el FBI no puede hacer ningún truco para reconstruir el historial del ordenador?

—El FBI ha probado todos los trucos —dijo Quincy con tono seco, y luego se volvió hacia Keith Edgar—. Ni lo pienses. Por muy listo que seas con los ordenadores, te aseguro que mi gente es mejor. Además, el FBI no se dedica a compartir pruebas.

Edgar se desinfló. D. D. empezó a recordar lo mucho que le gustaba Kimberly Quincy.

—¿Y su ordenador de a bordo? —preguntó D. D.—. Los camioneros usan GPS, monitores informáticos y ese tipo de cosas, ¿no? Eso podría ser una fuente relevante de información.

—Una vez más, la respuesta es sí y no —dijo Quincy—.

La empresa para la que trabajaba Jacob solo guardaba esos datos durante tres meses.

Así que conocemos sus movimientos aproximados de los últimos tres meses, pero no tenemos nada con respecto al momento en el que secuestró a Flora.

Del mismo modo, aunque tuviéramos un periodo de tiempo específico, por ejemplo, si Flora pudiera precisar la semana o el mes en que Jacob conoció a tu víctima en el bar, no podríamos buscarlo.

Lo que sí descubrimos fue que Jacob recorría las autopistas del sur haciendo algunas paradas en moteles baratos.