CAPÍTULO 16 #2
Pero lo que el pelirrojo ha descubierto no es una pesada caja fuerte SentrySafe negra.
Esta caja fuerte es delgada. De apenas tres centímetros de alto y aproximadamente las mismas dimensiones que un folio de papel.
A primera vista, parece una tablet, lo que me genera una idea inquietante: yo disparé a un ordenador, pero ¿disparé al ordenador correcto?
Ya no estoy segura, pero este no es el momento ni el lugar para dudar.
El exterior de la caja está cubierto de hollín y quemado por los bordes. A primera vista, no parece lo bastante resistente como para ser ignífuga o impermeable, pero no reconozco la caja en absoluto.
El agente pelirrojo la aprieta con fuerza contra su estómago. Los policías debían buscar un archivador, pero han encontrado una pequeña caja fuerte. Todos estamos igual de confundidos. Y todos sospechamos de ese objeto.
D. D. inicia las negociaciones: —¿Tiene la llave?
—Claro que no. Ni siquiera tengo un teléfono móvil, joder.
Si les molesta la palabrota, no se nota.
—La llave estaba en la cerradura —miento—. Sigan cavando un poco más. La encontrarán.
—Neil —ordena D. D., quitándole la caja.
El preadolescente vuelve a sus escombros ennegrecidos, con el rastrillo en la mano.
—Dijo que buscaba una caja fuerte ignífuga —afirma D. D. con astucia—. Como una de esas cajas blindadas que se encuentran en los restos de los accidentes aéreos.
La ignoro y mantengo la mirada fija en el pelirrojo: dónde está cavando, su ubicación aproximada en la casa...
Estoy segura de que está debajo del despacho de Conrad.
Lo que me hace recordar otra cosa: todos esos archivadores de madera repletos de aburridos documentos de clientes.
¿Y si los documentos no fueran lo importante?
¿Y si debajo de ellos se ocultara una caja plana y anodina?
Quiero pensar que la habría visto. En una de tantas incursiones, mientras revisaba los archivadores, apartando una carpeta tras otra guiada por la frustración más visceral.
Por otra parte, un objeto tan delgado podría haber estado escondido debajo de uno de los archivadores; nunca se me ocurrió levantar esos muebles.
Teniendo en cuenta el tamaño y el peso de los amplios archivadores de dos cajones, no tengo claro que hubiera podido.
Pero Conrad, con lo fuerte que estaba...
¿Me habría dado cuenta de la diferencia?
¿Un ligero cambio en la posición del archivador, un nuevo arañazo en la vieja madera?
Puede que sí lo hubiera notado, y por eso seguía volviendo.
Porque, del mismo modo que Conrad percibía que su despacho, cerrado con llave, estaba ligeramente distinto cada vez que regresaba, yo también sentía que algo había cambiado cada vez que me colaba. Y así continuó el ciclo sin fin.
Secretos.
¿Me había querido alguna vez mi marido? ¿O se casó conmigo porque, una vez que supo la verdadera historia detrás de la muerte de mi padre, asumió que yo sería del tipo de persona que perdona y olvida?
Gritos. Neil el pelirrojo está atacando un montón de escombros con renovado vigor, pues ha visto algo.
Poco a poco, distingo la forma compacta de una caja fuerte ignífuga.
La caja no es enorme, pero pesa una barbaridad, como puedo atestiguar por experiencia propia.
Sacarla del armario era como arrastrar una gigantesca roca, solo para meter unos cuantos documentos del seguro y, tras varias respiraciones profundas, volver a colocarla en su sitio.
Neil deja a un lado el rastrillo y la pala. Ha despejado el área alrededor de la caja. Ahora la rodea con ambos brazos. Tras recobrar el equilibrio, se pone en marcha, abriéndose paso con cuidado entre las ruinas con la voluminosa SentrySafe apretada contra su pecho.
A medida que se acerca, me doy cuenta de que la caja fuerte ignífuga e impermeable ha cumplido con creces lo que prometía su garantía.
Apenas tiene un rasguño. En comparación con la caja metálica plana, la SentrySafe tiene una llave colgando de la cerradura.
La llave está ennegrecida y chamuscada, pero sigue siendo una llave.
Neil deja caer la caja en la entrada, delante de nosotros, respirando con dificultad. D. D. se agacha junto a ella. También tiene la respiración entrecortada, pero en su caso es debido a la expectación.
—Si esta caja contiene documentos —dice, señalando la SentrySafe—, ¿para qué es esta otra? —Tiene la caja fuerte carbonizada a sus pies.
—Tenemos muchos papeles —afirmo sin dudar.
Ella me mira. Yo le sostengo la mirada. Esto es lo que pasa cuando asumes la culpa de la muerte de tu padre a los dieciséis años.
Después de eso, todas las mentiras son relativas.
Puede que alguna vez haya sido sincera, incluso puede que pecara de inocentona.
Pero después de lo que vi, de lo que pasó... En serio, ¿qué sentido tiene?
La SentrySafe tiene llave, así que empezamos por ahí.
D. D. hace los honores. Estrictamente hablando, la policía es la primera en inspeccionar todo cuanto se recupere en la escena del crimen, y luego se lo entrega a su legítimo propietario.
No estoy nerviosa. Conozco esta caja, he metido infinidad de cosas en ella.
Mi marido viajaba a menudo, la economía familiar y el papeleo mensual entraban más en mis competencias que en las suyas.
Ahora estoy agradecida por ello. No soy una pobre mujer indefensa que, tras perder a su marido, no tiene ni idea de cómo enchufar un cable o encontrar la póliza del seguro de vida.
Conrad era igual de organizado. Sus padres fallecieron cuando él estaba en la universidad y, aunque nunca hablaba mucho de ello, estaba claro que había sabido encargarse bien de la herencia.
Una familia no es solo una colección de amor y afecto.
Es un activo físico que se debe proteger y preservar.
Seguro de coche, seguro de hogar, seguro de vida... Él creía en todo ello.