Ni una palabra (Warren & Quincy 1) CAPÍTULO 12 #2
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CAPÍTULO 12 #2

—Seis. Y no fui yo la víctima, sino mi primo mayor, de Nueva York.

Nunca atraparon al asesino; es uno de tantos casos sin resolver.

Pero los detalles de su asesinato coinciden con otros cuatro homicidios de la misma época, también sin resolver.

Mi tía y mi tío... nunca se han recuperado del todo.

Cuando creces viendo el impacto que tiene un crimen así en una persona, una familia, una comunidad, te marca para siempre.

—¿Trabajas en su caso?

—Llevo veinte años haciéndolo. Estoy tan cerca de resolverlo como la policía.

—¿Una serie de asesinatos relacionados que terminaron de buenas a primeras? —Arqueo una ceja.

—Exacto. Los asesinos en serie no se detienen por que sí. Pero a veces los arrestan por otros delitos. O cambian de jurisdicción. Hoy en día, con las bases de datos policiales a nivel nacional, es más difícil que ese truco funcione. Pero los viajes internacionales...

—Un asesino con medios.

—Mi primo fue estrangulado con un pañuelo de seda. Había indicios de que mantuvo relaciones sexuales, pero no necesariamente de agresión. Les contó a algunos amigos que había conocido a un hombre, mayor que él y adinerado. Estaba entusiasmado con esa posible relación.

—¿Crees que lo sedujo y luego lo asesinó?

Él asiente con la cabeza.

—Lo siento —digo por fin.

—Entonces era demasiado joven para comprender los matices de su muerte.

Más tarde, cuando tenía quince años, se me ocurrió buscar información al respecto.

Imagina mi sorpresa al descubrir que el asesinato de mi primo estaba relacionado con una serie de estrangulamientos publicados en varios sitios web.

Pero fueron las páginas sobre crímenes reales, grupos como el que dirijo yo ahora, las que captaron mi atención.

En ellas se reflexionaba seriamente sobre el tema y, en muchos casos, incluso habían realizado un trabajo real.

No todos somos guerreros de teclado. Algunos de nuestros miembros son policías jubilados, profesionales médicos e incluso un forense.

—¿Y qué habilidades tienes tú?

—Soy un friki de los ordenadores. Hazme caso: si quieres llevar a cabo una investigación seria hoy en día, vas a necesitar a alguien como yo.

—¿Por qué Jacob Ness?

—Fue un caso local. Recibió mucha cobertura cuando te recuperaron.

Hace una pequeña pausa y me doy cuenta de que está tratando de averiguar si debería haber utilizado términos tan clínicos. Luego se encoge de hombros. Es lo que hay, y ambos lo sabemos.

—Pero lo que hizo Jacob se sabe de sobra —digo—, está bien documentado. ¿Dónde está el enigma?

Keith inclina la cabeza hacia un lado.

—¿De verdad lo llamas Jacob?

—Acabo de hacerlo.

—¿Y cuando estabais juntos?

—Bueno, llamarlo «sucia rata» solía acarrearme consecuencias negativas.

—Todavía piensas en él.

—Tú eres el experto, dímelo tú.

Él niega con la cabeza.

—Solo conozco a los criminales. No a...

—¿A mí? ¿A otros supervivientes? ¿A los que, a diferencia de tu primo, lograron escapar?

Mis palabras son duras. Innecesariamente duras.

No puedo evitarlo. Sigo sin saber si las intenciones de este tipo son puras.

Exitoso analista informático de día y brillante investigador de crímenes reales de noche.

O puede que esconda algo más oscuro, más siniestro.

¿Estudia a los depredadores porque quiere detenerlos o porque los ve como seres afines?

Frente a mí, Keith se ha recompuesto. Se toca la barbilla con las yemas de los dedos, una vez, dos veces.

Luego dice: —Creo que Jacob Ness sigue siendo un enigma sin resolver.

Creo que conocemos uno de sus crímenes: tu secuestro.

Pero la sofisticación con la que operó, la caja, la privación sensorial, las técnicas que usó para sepultar tu identidad...

—No necesito un resumen.

—Es imposible que fueras su primera víctima. Estos tipos, por definición, van escalando. Poco a poco, van construyendo un plan bien planificado y sostenible, como en tu caso.

—El FBI lo investigó. Me dijeron que no pudieron encontrar pruebas de otras víctimas.

Keith se queda mirándome.

—Eso no es correcto, estrictamente hablando. Encontraron otras pruebas. Pero no fueron suficientes para constituir más casos.

No puedo hablar. Vuelvo a centrarme en mi vaso de agua.

Entiendo la distinción de la que está hablando.

Después de todos estos años con Samuel, sé cómo piensa el FBI.

Por supuesto que harían una distinción, y Samuel sería muy preciso a la hora de darme la noticia.

« No estamos investigando otros casos en este momento».

No porque no haya pruebas, sino porque simplemente no son suficientes.

No puedo mirar a Keith.

—¿Cuántos? —pregunto en voz baja.

—El grupo... Hemos estado investigando seis casos de desaparición sin resolver.

Todas mujeres jóvenes. No se ha vuelto a ver a ninguna de ellas.

Todos los casos ocurrieron mientras Jacob operaba en su ruta de reparto por el sur.

Hemos estado tratando de establecer una conexión firme.

En el caso de tres de las mujeres, hemos podido situar a Jacob en la misma ciudad que ellas en el momento de su desaparición.

La policía, por supuesto, necesita más pruebas.

Inhalo. Exhalo. Seis mujeres. Quiero que la noticia me sorprenda, pero no es así.

Siempre he sabido que no podía haber sido la primera víctima de Jacob.

Él mencionó que había agredido a otras personas antes.

Pero ¿también las había secuestrado? ¿Las había matado?

Nunca me detuve a pensar en ello. En que, tal vez, yo no fui la primera en meterme en la caja del tamaño de un ataúd.

—La policía habría encontrado pruebas forenses —digo por fin—. En su camión. Tenía un compartimento especial. Podrían haberlo analizado en busca de ADN.

—La policía recuperó múltiples muestras de cabello y fibras, así como pruebas de ADN del camión de Jacob. Sin embargo, casi todo estaba relacionado con varias prostitutas; dos de ellas fueron asesinadas en Florida. Destripadas, después de marcharse con una hermosa joven.

No digo nada.

—De pelo oscuro —añade.

Sigo sin decir nada.

—Pero también hay pruebas de que la caja en la que te encerraba en el camión era nueva. Una adición reciente, probablemente preparada en concreto para ti. Lo que significa que...

—Podría haber hecho lo mismo con chicas anteriores.

—En tu declaración, dijiste que te retuvo en el sótano de una cabaña en Georgia. Jacob te dijo que tuvo que desalojarla porque el propietario había fallecido, y tras eso te llevó con él en el camión.

Me encojo de hombros. Ya lo sé.

—La policía no ha podido localizar la cabaña.

Lo cual es más extraño de lo que podrías pensar.

Aunque las montañas de Georgia son vastas, el número de cabañas cuyos propietarios murieron el mismo año en el que fuiste secuestrada no es tan grande.

A partir de ahí, solo es cuestión de preguntar a los locales, mostrarles fotos de Jacob y de su vehículo, así como comprobar los movimientos financieros de Jacob en busca de recibos de gasolina, cosas así.

El FBI debería haber sido capaz de establecer una conexión entre él y algún pueblo o incluso una cabaña concreta.

Pero no la han hecho. Nunca lo hicieron.

Frunzo el ceño. Paso el pulgar derecho por las gotas de condensación del vaso de agua.

—¿Crees que me equivoqué? ¿Que mentí a la policía?

—En realidad, creo que Jacob te mintió a ti. Quería mantener en secreto tu ubicación inicial. Incluso para ti. De esa manera, si escapabas, no podrías revelarla.

—Su guarida —digo en voz baja—. Esa cabaña. Era la guarida del monstruo y no quería renunciar a ella.

—Creo que, si pudiéramos localizarla, aprenderíamos mucho más sobre Jacob Ness. Quizá incluso podamos encontrar una conexión con las otras chicas desaparecidas.