Chapter 34 #3
Me acerqué a Jaden con el corazón golpeando en mi pecho.
Seguía con la mirada fija en la tumba de su madre, como si esperara que en cualquier momento ella pudiera salir de allí y abrazarlo.
Esa mujer había sido su mundo entero. ¿Cómo debía sentirse sabiendo que se fue al ejército y no estuvo con ella en sus últimos años? Tragué saliva antes de hablar.
—Hola, Jaden. —Mi voz apenas salió, rota, temblorosa.
Su cabeza giró despacio hacia mí y su garganta se movió al tragar saliva.
—Hola, rubia.
Ese apodo… ese maldito apodo hizo que mi corazón diera un salto, como si de pronto hubiese despertado después de estar dormido tanto tiempo.
—Lo siento mucho. —Mi voz se quebró—. Por tu madre.
Asintió y esbozó una sonrisa triste que nunca llegó a sus ojos.
—Gracias… Me alegra verte. Te veo bien.
—Y yo a ti —dije, aunque sabía que no era del todo verdad; había algo roto en él que no podía ocultar.
Sus ojos se desviaron hacia el coche donde Michael me esperaba.
—¿Es tu novio?
Asentí, y vi cómo sus cejas se arqueaban un poco, como si la confirmación le atravesara. Bajó la mirada al suelo y soltó el aire con fuerza.
—He pensado tantas veces en qué te diría si te volvía a ver… y ahora que estás aquí, estoy en blanco. No sé ni qué decir ni qué hacer.
Di un paso más hacia él. Su olor me golpeó de lleno y me devolvió recuerdos que había intentado enterrar: las noches en su moto, su risa, sus besos. Sin darme cuenta, mis dedos rozaron el colgante que me había regalado y que nunca me había quitado.
—No pasa nada —susurré.
Entonces me miró fijamente, con una intensidad que me desarmó.
—Siento todo lo que pasó, Hero. Siento lo que hice. No preguntarte por Reid… marcharme creyendo que me habías engañado… joder, ha sido el error más grande de mi vida. No sabes la de veces que me he arrepentido.
—¿Por qué no viniste a mí cuando recuperaste la memoria? —le solté, clavándole la mirada.
Cerró los ojos un segundo, como si la pregunta le pesara.
—No podía ir. Estaba hecho una mierda. Había recaído en las drogas y yo… aún no te recordaba del todo. Simplemente, hice lo solía hacer. Huir. El problema nunca fuiste tú, fui yo. En aquel momento, hubieras estado mejor sin mí.
Mi corazón se estrujó como si me lo apretaran con la mano. Esa última frase me atravesó, porque aunque quisiera gritarle que era mentira, en ese momento me dolía que él lo creyera de verdad.
Sus ojos me buscaron, tragando saliva, y yo ya no pude contenerlo: una lágrima silenciosa me resbaló por la mejilla. No era solo por lo que decía, era por la certeza de que él había sufrido tanto como yo. Y aun así, había decidido que yo estaría mejor sin él… sin preguntarme, sin darme opción.
Me pasé el dorso de la mano por la mejilla, borrando el rastro, como si eso también pudiera borrar el dolor.
—Fuiste un cobarde. —Escupí, con rabia, con el nudo en la garganta apretándome—. Y un egoísta al pensar que yo estaría mejor sin ti. Me había dado por vencida contigo, pero si hubieras venido a mí… te habría perdonado sin dudarlo. Porque te quería, Jaden. Siempre te quise.
—Lo sé.
Lo dijo tan bajo, con tanta tristeza, que me hizo temblar. Apreté los dientes y crucé los brazos, intentando protegerme de todo lo que me estaba rompiendo.
—Estaba embarazada.
El silencio se volvió tan pesado que me ahogaba. Y en sus ojos lo vi: nadie se lo había contado. Nadie le había dicho nada.
Recordar aquello aún me arrancaba el aire de los pulmones.
—Me enteré el mismo día en que me dijeron que habías muerto en el accidente de moto, cuando ibas al aeropuerto y yo…
yo solo esperaba. —Tuve la fuerza de mirarlo, y vi cómo su rostro se quedaba sin color, con los labios entreabiertos, incrédulo—.
La ansiedad, la depresión… todo aquello me costó la vida de nuestro bebé.
Imagina perder a mi novio, perder a mi hijo, y luego regresar y enterarme de que no habías muerto…
pero sí me habías olvidado. Y yo gritaba por dentro, Jaden, gritaba porque quería que me recordaras, quería contarte todo, quería que compartieras conmigo ese infierno… y tú simplemente te alejaste.
—Hero…
—Me costó demasiado tiempo —continué, aunque me temblaba la voz—, demasiadas sesiones con el psicólogo, demasiadas noches sin dormir. Y todo para poder volver a ser yo, no la Hero rota y vacía, sino la chica que conociste aquel día que me tiraste a la piscina.
—No lo sabía… —Su voz sonaba como si se estuviera desmoronando.
Y verlo así me partía por dentro. Me dolía más que mis propias palabras. Porque era Jaden. Porque aunque quisiera odiarlo, aunque quisiera proteger mi corazón, verlo destrozado todavía me hacía querer abrazarlo. Y eso dolía todavía más.
—Ahora me alegro de que nadie te hubiera dicho nada —murmuré, aunque sentía la garganta en carne viva—. Quizás si hubieras vuelto, nunca habría arreglado mi cabeza. Quizás tampoco me habría ido a París. Y probablemente seguiríamos atrapados en nuestra relación tóxica.
—O quizás seríamos felices.
Sus palabras fueron como un puñal torcido.
Una parte de mí quiso creerlas. Otra, la que había sobrevivido a su ausencia, sabía que no.
Bajé la mirada y vi a Michael en la distancia, apoyado en el coche, dándonos espacio, mirando cualquier cosa menos a nosotros.
Mi corazón se encogió: tenía a alguien que me quería, alguien que sí se había quedado.
Y aun así, estaba aquí, sangrando otra vez por Jaden.
—Ahora soy feliz. —Logré decir—. Aunque solo me faltaba esto para poder pasar página.
Jaden asintió, y en sus ojos vi la verdad que no me decía: él no era feliz. Quería engañarme con su calma, con su sonrisa rota, pero yo lo conocía demasiado bien. Sus ojos lo delataban.
—Me alegra que te dieras por vencida con lo nuestro. Tú y yo nunca hubiéramos funcionado —susurró.
—Supongo que no.
Se giró hacia Michael y dijo en voz baja:
—Parece buen tío.
—Lo es. Todo lo que siempre soñé.
Y me dolió decírselo. Porque sabía que cada sílaba se le clavaría como agujas, aunque sonriera como si lo aceptara.
—Me alegro, de todo corazón.
Esa sonrisa verdadera me rompió más que su dolor. Porque era resignación. Porque sabía que estaba mintiendo para no hacerme sentir culpable. Y yo me moría por dentro.
Hablamos, nos reímos un poco, pero todo era agridulce.
Una despedida disfrazada de conversación.
Hasta que de pronto me abrazó. Y sentí su olor, su calor, todo lo que había amado alguna vez…
y me quedé helada por un segundo antes de rendirme y abrazarlo de vuelta.
Porque ese era Jaden, el de siempre, y porque una parte de mí nunca había dejado de pertenecerle.
—Yo también necesitaba esto para poder avanzar —susurró contra mi pelo.
Y cuando se separó, con ese gesto suyo de tirar de un mechón de mi cabello como hacía antes, el suelo pareció abrirse bajo mis pies.
—Fui a París…
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué?
—Cuando me recuperé. Cuando volví a recordarte. Fui a buscarte.
Me quedé sin aire.
—¿Cuándo?
—Febrero.
—¿Febrero? Pero… han pasado meses. ¿Qué pasó?
—Tenía tu dirección. Fui hasta tu edificio, esperé horas allí como un imbécil.
Y cuando ya me iba, te vi. Estabas en un bar, con un grupo de chicos, riendo…
y joder, Hero, nunca te había visto tan feliz.
—Su voz se quebró—. Me quedé en la acera mirándote, y pensé que lo mejor que podía hacer por ti era desaparecer.
Porque jamás podría hacerte reír así, jamás podría darte esa felicidad que yo mismo te robé antes. Y me fui.
Las lágrimas ya corrían sin control. Me ardía el pecho, me temblaban las manos.
Porque yo recordaba esa noche. Recodaba haberme reído sin pensar en nada… y nunca supe que, al otro lado de la calle, Jaden estaba allí, mirándome como si yo fuera lo único que tenía.
—¿Y no se te ocurrió hablar conmigo? —Mi voz salió rota, con rabia y tristeza.
—Tenía miedo —respondió, con esa sonrisa quebrada que me mataba—. Miedo de que me miraras como todos lo hacen: como un desastre. Y contigo… no podía.
Me llevé una mano al pecho porque sentía que me ardía. Las lágrimas me corrían imparables.
—Jaden…
—Lo sé. Fui un cobarde otra vez. Pero no podía volver a destrozarte. —Sus ojos se clavaron en los míos con una ternura tan brutal que dolía—. Nunca dejé de amarte. Ni un solo puto día.
Y me rompí. Porque dolía. Dolía que me lo dijera ahora, cuando ya era tarde, cuando lo nuestro ya no existía. Dolía lo que no tuvimos, lo que podríamos haber sido y nunca seríamos. Dolía que mi corazón quisiera creerle mientras mi cabeza me gritaba que ya había pasado página.
Y sobre todo, dolía verlo así: intentando convencerme —y convencerse a sí mismo— de que estaba bien. Yo lo conocía demasiado bien. Y sabía que no lo estaba.
—Te perdono, Jaden Murphy. —Logré decir, aunque me temblaba el alma—. Y espero que encuentres tu final feliz.
Él sonrió con tristeza.
—Yo también lo espero, aunque no me lo merezco.
—Todo el mundo merece ser feliz.
Me dolió como mil cuchillos atravesándome porque, por mucho que negara, lo amaba aún en algún rincón de mí. Y odiaba que pensara que no merecía la felicidad.
Di un paso atrás, separándome de su calor, y supe que era el final.
—Adiós, Jaden.
Tragó saliva. Y volvió a mirar la tumba de su madre.
—Adiós, Hero.
Me tragué el nudo que tenía en la garganta, me sequé las lágrimas y pasé a su lado, rozando su brazo con la mano, pero cuando ya me estaba alejando me golpeó de lleno esa espina que siempre había llevado clavada. No podía irme así, sin soltarlo, sin decirle lo que llevaba muchísimo tiempo guardado.
Me giré, y ahí estaba él, mirándome fijamente.
—Cuando pensé que habías muerto, me arrepentí de todas las veces que me dijiste que me querías y yo nunca lo dije.
No era porque no te quisiera… era porque me asustaba lo grande que era lo que sentía por ti.
Pensaba que si lo decía, me iba a romper por dentro.
Y me arrepiento tanto. Te amé con todo lo que tenía, con más de lo que podía manejar.
Y aunque ahora mi corazón late por otra persona, una parte de mí siempre será tuya.
Nunca voy a olvidar lo que fuiste para mí. Siempre llevarás un trozo de mí.
Sus ojos brillaron, húmedos.
—Yo también, Hero. Siempre te querré.
Y aunque los dos no sonreímos, eran sonrisas rotas. Pero por fin, después de todo, sentí que había encontrado la paz y que por fin habíamos cerrado el capítulo final de nuestra historia.