Chapter 35
Hero
—¿Falta mucho?
Sujeté las manos de Michael contra mis ojos. La oscuridad me ponía nerviosa, y más todavía saber que se estaba alejando de mí. ¿Dónde estaría yendo? ¡Ni idea! Lo único que me consolaba era que había dicho que no tardaría.
—¿Dónde estamos? —volví a preguntar.
No quería imaginarme que me hubiera comprado una casa sin avisarme.
Seguíamos en nuestro pequeño piso de París, donde me había negado a mudarme.
Allí, Michael me había regalado hace casi tres años la llave de mi propia galería fotográfica, justo antes de enterarme de la muerte de la mejor amiga de mi madre.
El piso se nos estaba quedando pequeño, y ya habíamos hablado de comprar uno nuevo…
pero conociéndolo, podía haber comprado un edificio entero
—Eres impaciente, reina. —Su voz sonó cerca, como si estuviéramos en una sala enorme y vacía—. Pero eso ya lo sabes.
Escuché sus pasos acercándose y sentí su calor cuando sus manos cubrieron de nuevo las mías. Me relajé un poco, aunque los nervios seguían recorriéndome. Finalmente retiró la venda de mis ojos y vi una luz tenue, iluminando suavemente nuestros rostro. Por lo demás, todo estaba oscuro.
—Han pasado cuatro años desde que nos conocimos.
—Empezó, con voz suave y llena de emoción—.
Cuatro años desde que entraste en mi vida y la transformaste por completo.
A veces no entiendo cómo es posible que cada día contigo sea mejor que el anterior, pero luego te miro y… claro, la respuesta eres tú.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Michael se acercó más, tomando mis manos entre las suyas. Su mirada era tan tierna que casi podía derretirme allí mismo.
—Ya sabes que le encanto a tus amigos y tu familia me adora…
—Excepto mi padre…
—Tu padre también me adora, aunque al principio no le hiciera mucha gracia que su cuñado se enamorara de su hija… —dijo riéndose—. Pero no le queda otra que quererme igual.
—Seguro que te quiere más que a mí —dije con una sonrisa, y nos reímos.
Su sonrisa se suavizó, desapareciendo un poco, y sentí que mi corazón daba un vuelco.
—Eres mi razón de ser, mi mayor alegría, y no puedo imaginar mi vida sin ti.
Quiero pasar cada momento contigo, superar juntos los problemas, reír, llorar y disfrutar de todo —llevó las manos a mi barriga de cinco meses de embarazo—.
Y no puedo dejar de pensar en nuestra hija, creciendo dentro de ti, llenándome de amor cada vez que te miro.
Cada día que pasa, estoy más emocionado de formar una familia contigo.
Eres mi fuerza, mi todo. Te amo más de lo que las palabras pueden decir, y prometo cuidarte y amarte a ti y a nuestra hija cada día.
En ese momento, una pequeña luz se encendió sobre nosotros.
Miré hacia arriba por inercia y cuando volví a bajar la mirada lo vi: Michael arrodillado frente a mí.
Mi corazón se aceleró como nunca, latía tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho.
Lo miré, y fue como si el mundo se hubiera parado un segundo.
¿Está pasando de verdad?¿De verdad se ha arrodillado por mí?
—Hero Cavanaugh, ¿aceptarías casarte conmigo? —preguntó, casi en un susurro.
Sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas, y todo mi cuerpo se tensaba y se derretía al mismo tiempo. Asentí con la cabeza, incapaz de hablar, sin poder creérmelo.
—Sí —susurré finalmente, con la voz rota—. Sí, Michael… sí, mil veces sí.
Él se puso de pie y me abrazó. Yo me aferré a él como si no hubiera un mañana. Mi mente no podía dejar de dar vueltas: lo veía arrodillado, vulnerable y tembloroso, y me daba un vuelco el corazón. La emoción, el amor, la felicidad y el miedo a que todo fuera un sueño me dejaba sin aire.
De repente, las luces se encendieron y vi el lugar donde estábamos: una joyería enorme, brillante, llena de anillos de todos los estilos. Me quedé boquiabierta, sintiéndome como una niña en una tienda de golosinas. No podía apartar la mirada de Michael, de su sonrisa, de su mirada cargada de amor.
—Escoge un anillo —dijo suavemente.
Y en ese momento, supe que cada lágrima, cada momento, cada lucha, todo había valido la pena. Él era mi amor, mi hogar, mi presente y mi futuro.