Chapter 20
Capítulo dieciocho
Lucía
—Así que la has recordado. —Me crucé de brazos frente a él, o frente al que se suponía que era mi mejor amigo…
porque en las últimas dos semanas parecía cualquier cosa menos eso.
No lo reconocía. El accidente le había tenido que joder algo en la cabeza, porque no era el mismo de hace unos meses.
¿Cuándo había dejado de preocuparse por mí?
¿Cuándo se había apagado esa manía suya de preguntarme dónde estaba, qué hacía o con quién?
¿En qué momento había decidido que alejarse de todos era una idea genial?
Las ojeras marcándole la cara y los kilos que había perdido me gritaban que no lo pillaba en buen momento. Y, sinceramente, no me costaba imaginar el porqué: probablemente había vuelto a meterse la mierda más asquerosa que existe.
—¿Estás volviendo a consumir? —le solté, pero él solo se recostó en el sofá, rodeando con un brazo la cintura de la chica que, por lo visto, esa noche había ganado el puesto de “ juguete personal”.
Llevaba un porro en la boca y, sobre la mesa, los restos de lo que antes habían sido líneas de cocaína dejaban poco espacio a la duda.
—¿Por qué estás aquí, pequeña?
—¿Pequeña? —Me salió una risa seca, incrédula—. Llevas dos semanas desaparecido, sin contestar mis llamadas ni mis mensajes. Me entero por León de que has empezado a recordar y ni siquiera parece que te importe un carajo.
La chica encima de él empezó a restregarse contra su entrepierna. Me hervía la sangre. Cuando él cerró los ojos y soltó un gemido antes de susurrarle algo al oído, me dieron ganas de agarrarla del pelo y mandarla volando. ¿En serio no veía que estaba hablando con él?
—¡Jaden, joder, préstame atención por una vez en tu vida!
Me lanzó una mirada fría y, por fin, apartó a la tía de encima, dejándola caer a su lado. Se inclinó hacia delante, apoyando los codos en las rodillas y sosteniendo el porro entre los dedos.
—Bien. Ya tienes toda mi jodida atención.
Me agaché frente a él, agarrándole los antebrazos. Se veía cabreado, pero había algo más detrás de esa expresión.
—Jaden… ¿qué coño estás haciendo? —Mi voz salió baja, casi un susurro—. ¿Por qué has vuelto a caer en esto?
—Para ti es fácil decirlo —escupió—. No has tenido un maldito accidente, ni te has olvidado de en lo que se supone que te habías convertido, de que te habías vuelto un jodido imbécil enamorado de una piba que no conocías de nada.
—No eras un imbécil, Jaden. Estabas alejándote de toda esta mierda, estabas siendo mejor. Por ti, por tu familia… por ella.
—Ella —soltó una carcajada amarga—. Sí. Me volví un cursi de mierda por ella.
Le dio una calada al porro y luego le hizo un gesto a la chica para que se largara. Ella se encogió de hombros y se fue a sentar en las piernas de un tío que solo me sonaba de alguna foto con Jaden. Me senté en el hueco que había dejado, pero él ni siquiera giró la cabeza para mirarme.
—¿Por qué no me has contado que la has recordado?
—Porque no la he recordado. No del todo, al menos. Además, ¿crees que habría cambiado lo que siento al contártelo? —Su tono estaba cargado de mala leche, como si hablar de ella le escociera.
—¿Qué sientes? —pregunté, sin entender nada.
—Que me la pela. Me la suda haber estado liado con esa tía. He recordado momentos, discusiones… y lo único que pienso es que debería haberme largado en cuanto pude.
Mentía. Tenía que estar mintiendo. El problema es que no lo parecía. El Jaden que yo conocía jamás habría dicho eso… pero este delante de mí parecía un tío nuevo, fabricado a base de noches sin dormir, drogas y malas decisiones.
—No, no puedes estar hablando en serio… sobre todo porque dudo que hayas recordado el momento en que decidiste…
—¿Comerme un accidente por ella? —me cortó con sorna—. Sí, algo he recordado. Al final no era tan santa como parecía, ¿verdad?
Fruncí el ceño.
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—Que me estaba engañando. Y yo, como un imbécil, fui detrás de ella y acabé hostiándome con la moto.
—Eso no pasó así, Jaden.
—Claro, porque era su hermano, ¿no? Eso me dijo Álvaro, pero yo sigo sin recordar una mierda. —Sacó su móvil nuevo del bolsillo y me lo lanzó al regazo—. Mira. La semana pasada recuperé mi número antiguo, me llegaron cientos de mensajes suyos: disculpas, “ te necesito”, bla, bla, bla…
Desbloqueé la pantalla y lo primero que vi fueron las conversaciones que Hero le había mandado antes y durante su viaje a Miami.
Dios… podía sentir su preocupación, su miedo, su dolor en cada mensaje.
Y ahí estaba yo, con un nudo en la garganta y la culpa apretándome el pecho por no haberle contado nunca lo del accidente. Ella no se habría sentido tan sola.
—Jaden… —susurré.
—Mira, Lucía, he decidido que no voy a volver a sentirme vulnerable por nadie. Ella me hacía sentir así… además de un tóxico de mierda. ¿Celos de otros tíos? ¿Cuándo me has visto a mí pelearme con un colega por una tía?
¿Cuánto había recordado exactamente? ¿Todo? ¿Casi todo? ¿Solo lo malo?
—Pues nada, no voy a intentar convencerte. Pero te lo digo desde ya: esta va a ser la cagada más gorda de tu vida con ella. Y no habrá marcha atrás. Cuando la pierdas, va a ser para siempre.
Me mordí la lengua para no soltarle lo que me dijo Hero la noche que el Choca la secuestró…
cuando admitió que ya se había rendido con él.
Yo aún tenía la esperanza de que cambiara de idea, pero después de desaparecer y dejar de contestarme, estaba claro que también me había borrado a mí de su vida.
—¿Quieres saber lo que pienso? —Me lanzó una mueca que decía más que cualquier palabra.
Asentí. Aunque no quería escucharlo, ya lo sabía: le importaba una mierda.
Al mirar a Jaden supe que no debería haber dejado mi orgullo a un lado por nuestra última discusión. No debería de haber venido a buscarle. Jaden estaba perdido y la única manera que tenía de salvarse era recordándolo todo.
—Búscame cuando te arrepientas.
Jaden apretó la mandíbula, pero no dijo nada.
Entonces llamó con un gesto a la chica que había echado antes.
Mensaje recibido: quería que me largara.
Me levanté del sofá con un peso en el pecho y eché un vistazo rápido a mi alrededor.
Todo en esa habitación estaba tan jodido como él: muebles viejos, oscuridad pegajosa, olor a humedad y a porro.
El aire estaba tan cargado que sentí que si me quedaba un segundo más acabaría ahogándome.
Salí sin decir nada. Aquello no era una fiesta, era un agujero para gente rota que buscaba olvidar a base de alcohol y drogas. El agujero de Jaden.
Me golpeó de lleno la impotencia al saber que esa noche no solo Hero lo perdía… yo también. Era mi mejor amigo, mi hermano, y lo estaba viendo hundirse sin saber cómo sacarlo. ¿Cuánto tardaría en volver a verlo? ¿Y en qué estado? ¿En una pelea? ¿Colocado hasta las cejas?
Quería sacarlo a patadas de ese pozo. Quería que volviera el Jaden de verdad. Pero lo último que sentí al cerrar la puerta fue que ese Jaden… quizá nunca regresaría.