Ni un beso más de ti (Sin ti 2) Chapter 16
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Chapter 16

Capítulo catorce

— pasado —

Veintidós días para la boda.

Hero

Después de la cena con Lily y mi hermano, Michael empezó a esquivarme como si tuviera la peste.

Esa noche descubrí una faceta de él que nunca había querido ver ni aceptar: un Michael diferente, uno que no me gustaba ni quería aceptar que existía.

Creo que todo este lío mío con los hombres venía de lejos, desde esos años en el campamento y los años posteriores de colegio.

Jaden y sus colegas me hicieron más daño del que pensaba, e hicieron un trabajo de puta madre, ya que toda mi vida me la pasé criticando a los hombres por mentir, por querer algo conmigo para luego tirarme como basura; por hacerme sentir menos cuando en realidad, valía mucho más.

Tenía miedo de que me volviesen a hacer daño.

Y sí, lo hice con Jaden… y lo volví a hacer con Michael.

Jaden se empeñó en demostrarme que no era ese mujeriego que todos pintaban, que no andaba de chica en chica cada noche. Al menos cuando lo conocí, era cariñoso, sociable con su familia y sus amigos. Y Michael no era ese típico egocéntrico que va por ahí presumiendo del dinero que tiene.

Después de la cena, dimos una vuelta. No hablé mucho con él porque estaba con Lily, pero en el camino a casa sí me dejó hacerle un par de preguntas sobre su negocio, y respondió como alguien que realmente disfruta lo que hace, no como un jefe aburrido.

Ahora, la verdad, no sabía qué pensar de todo eso.

Una parte de mí quería acercarse a Michael, pero la otra peleaba duro para no hacerlo, porque él era de otro mundo, con una vida y una educación que no tenían nada que ver con la mía.

Era como querer juntar aceite y agua, no encajábamos.

Y aunque mi lado más tonto quería la conexión, el otro tenía miedo de la diferencia que siempre iba a estar ahí.

Y luego estaba lo de que me había estado evitando dos días seguidos.

No es que le diera muchas vueltas, pero sí noté que cuando yo entraba a una habitación, él salía sin ni siquiera mirarme.

Era como si quisiera mantenerse lejos, como si yo fuera un problema o algo que no quería cerca.

Ahí empezó a rondar la idea de que quizás me estaba evitando porque no quería acercarse a mí, porque había perdido el interés o simplemente ya no le interesaba entablar una relación más cercana.

Y luego me preguntaba, ¿y por qué coño me importa?

Con la cabeza hecha un lío, salí a dar una vuelta por la urbanización donde estaba la mansión de mi padre. Todo privado, mansiones de millonarios por todos lados, con un lago privado que pasaba por el jardín de cada uno, todo un espectáculo.

Las calles estaban limpias, ni una hoja en el suelo, así que los que limpiaban esa zona ya habían hecho su trabajo temprano.

Había más ricachones dando su paseo matutino y otros corriendo.

Pero flipé cruzarme con Dwyane Johnson pescando cerca del lago con su hija pequeña.

Pasé de largo porque, ¿qué iba a hacer yo parándome a hablar con un famoso que estaba en su terreno?

Pero lo que más me sorprendió fue que mi padre tuviera la mansión justo en la misma urbanización que el actor.

Yo no soportaría que si fuera conocida, la gente me atosigara pidiendo fotos o hablando.

El sol estaba en lo más alto cuando decidí que ya era hora de volver.

Hacía calor, tenía sed, hambre y estaba agotada.

Volví a la mansión con la esperanza de pillar un rato de paz en mi cuarto.

Pero al llegar, escuché voces en el jardín trasero.

Fruncí el ceño y me asomé. Ximena estaba en bañador, tomándose una granizada, y Michael, en traje, estaba a su lado.

¿Por qué siempre iba con traje si estábamos de vacaciones?

¿O es que seguía currando desde allí? Justo iba a darme la vuelta cuando oí que mencionaban mi nombre, así que me escondí detrás de unos arbustos y me quedé a escuchar.

—¿Y entonces… qué te parece Hero? —preguntó Ximena a Michael.

Él, sentado en una hamaca con los codos en las rodillas, la miró levantando una ceja.

—No sé qué quieres que te diga.

—Quiero que me digas la verdad.

Michael entrelazó los dedos.

—Es una cría.

Eso me dio un golpe en toda la cara. Los dos estábamos en la veintena, sí, y, aunque él tenía seis años más, eso no le daba derecho a ser tan arrogante, a insinuar que era una niña sin experiencia, como si no pudiera entender nada por mi edad.

Vale que había diferencia, pero no era excusa para menospreciarme o hacerme sentir menos madura que él. ¿Quién se creía que era?

—¿Una cría? —Ximena dejó el granizado en la mesa—.

Bueno, ella no ha pasado por lo que hemos pasado nosotros.

Nosotros tuvimos que madurar a toda prisa, pero eso no significa que ella no sea madura para su edad.

Aunque, no era eso a lo que me refería. Quería saber qué te parece físicamente. Es muy guapa, ¿no?

Michael no apartaba la mirada de su hermana, y con la forma en que Ximena lo miraba, estaba claro que estaba cazando cualquier reacción suya.

—Sí, es guapa. Pero ya sabes, no es mi tipo.

—Siempre te han gustado mayores… —Ximena marcó cada palabra despacio, como si Michael se lo hubiera dicho mil veces.

—Exacto.

—¿Pero?

—No hay peros, Ximena.

—Claro que los hay. He visto cómo la miras.

—¿Cómo la miro?

—Como si fuera inalcanzable para ti. Sé que te gusta esa chica. ¿A qué le tienes miedo?

—No tiene dinero.

Apreté los puños y los dientes. ¿Cómo se atrevía? ¿Ahora me estaba evitando porque se había dado cuenta que no tenía los mismos ceros que él en la cuenta bancaria? ¡Qué asco me estaba dando!

—Ah, volvemos a lo de Ania.

—No, Ania no tiene nada que ver.

¿Ania? ¿La ex que le puso los cuernos?

—Claro que sí. Desde que pasó lo de Ania, piensas que todas las mujeres son iguales.

—¡Es que todas lo son, Ximena!

—¿Y yo también?

Michael suspiró y se pasó las manos por la cara, visiblemente agobiado.

—No, tú no. Tú tienes dinero, no necesitas casarte con ningún rico para que te mantenga.

Me mordí el labio por dentro. Michael estaba lleno de rencor por lo que le hizo su ex y lo estaba pagando con todas las mujeres. Y aunque yo no quisiera nada con él, que insinuara que yo iba detrás de él por dinero me dolía y me cabreaba a partes iguales.

—Y Hero tampoco. Su padre es millonario, su hermano también.

—Pero ella no vive con su padre aquí, sino con su madre en España. Y su madre no tiene ni un duro.

Me dolió, pero era la verdad.

—Así que crees que ella solo quiere acercarse a ti por tu dinero, ¿no?

—Hace como que el dinero le da igual, pero no me lo trago. Desde que la vi, sé que no es así.

—Pero tú fuiste el que intentó acercarse y ella la que se ha alejado todo el rato, ¿no?

—Es una estrategia para llamar mi atención. Ya he conocido a mujeres como ella.

Bufé entre dientes y negué con la cabeza, furiosa y decepcionada a partes iguales.

Estaba clarísimo que Michael ya tenía una idea formada sobre mí, y que no le importaba nada menospreciarme sin ni siquiera conocerme.

Su actitud arrogante y despreciativa me hizo darme cuenta de que no quería saber nada de él.

¿Cómo podía ser tan creído y tóxico? No tenía porqué aguantar sus tonterías. Dejé de escucharlo y me largué a mi habitación.

Sentí una mezcla de rabia, tristeza, decepción y dolor porque creyera que quería acercarme a él por su dinero; y asco al darme cuenta de que todo lo que había conocido de Michael hacía dos noches no era más que una farsa.

Se había inventado una personalidad falsa para manipularme y hacerme caer en su juego.

Me pregunté qué cosas eran mentira y cuáles podrían ser verdad.

¿De verdad le gustaba la fotografía o solo lo usaba para parecer alguien en quien confiar?

¿O podría ser que había utilizado esa táctica porque en realidad sabía que a mí me apasionaba?

También me di cuenta de algo más: no era rica, y la verdad, tampoco quería serlo. Mi madre y yo teníamos lo justo para vivir, y aunque pensé en pedirle ayuda a mi padre para nuestros problemas en casa, la vergüenza de que Michael se enterara me hizo cambiar de idea.

En ese momento decidí que nuestras treguas se habían acabado. Ahora lo odiaba mucho más que antes, y no iba a fingir ni un segundo más.

Cuando me avisaron que era la hora de la comida, no habían pasado ni diez minutos desde que entré a mi habitación.

Apenas me dio tiempo a ducharme y ponerme un vestido corto para bajar.

Cuando llegué, todos estaban esperándome ya y los ojos verdes de Michael se clavaron en mí.

No quise mirar a nadie. Me disculpé por llegar tarde y me senté en mi sitio de siempre, aunque hoy tenía al imbécil justo delante, observando cada uno de mis movimientos.

Empezamos a comer y lo único que hice fue remover un poco la ensalada con verduras y el pollo. No tenía ganas de comer nada más.

—Estás muy callada hoy —escuché a mi hermano decir, y todos callaron al oírlo—. ¿Estás bien?

—Sí, solo quiero que llegue el día de la boda de una vez.

—Sí, ¿verdad? —dijo Ximena, aunque nadie le había pedido que hablara—. Yo también estoy nerviosa, ¿tú no?

—Sí, pero más que nerviosa, tengo ganas de volver a casa y no regresar aquí en mucho tiempo —solté con mala leche, harta de darle vueltas en la cabeza al tema de conversación que ella había sacado con Michael, enfadada con él por lo que dijo sobre mí, y deseando que Jaden me contestara ya, que llevaba un montón de mensajes sin respuesta.

Mi padre frunció el ceño, y mi hermano le siguió el gesto. Yo me levanté de golpe.

—Si me disculpáis, ya he terminado.

Salí de allí antes de que nadie pudiera decir nada. Mis pasos resonaban en el pasillo, y cuando crucé la puerta trasera de la mansión, sentí cómo la furia me quemaba por dentro, como un fuego recorriéndome cada vena, cada célula del cuerpo. Quería romper algo, gritar, llorar de rabia.

La ira me cegaba, nublando mi cabeza y mi visión.