Chapter 15
Capítulo trece
Jaden
Me desperté en mi cama con una resaca que parecía querer partirme la cabeza en dos. El estómago vacío me daba arcadas y por un segundo pensé que iba a tener que salir corriendo al baño a vomitar todo lo que me hubiera metido anoche.
¿Cómo cojones había llegado hasta aquí? ¿Qué mierda pasó anoche? ¿Y qué demonios me tomé para no recordar casi nada?
Lo último que me venía a la cabeza era la fiesta de bienvenida… y la pelea con el Chokas. A partir de ahí, negro total.
Un murmullo a mi lado me hizo girar, y ahí estaban: dos pibas en mi cama.
Una, Marta Bueno, inconfundible con ese culo y esas tetas que podrían ser patrimonio nacional.
La otra, una pelirroja que no tenía ni puta idea de quién era, pero que en ese momento le estaba metiendo mano a Marta mientras se besaban.
La escena me dejó embobado, pero por algún motivo mi polla estaba en huelga.
Primera vez en mi vida que me pasaba algo así.
Me dio por pensar que la noche anterior debió de ser buena, de esas que te dejan seco para rato.
Marta se giró hacia mí, me puso la mano en la pierna y empezó a subir. Luego sus labios fueron a parar a mi cuello. Yo suspiré… y la aparté.
Ella me miró un segundo, pero luego volvió a lo suyo con la pelirroja, como si yo no existiera. Supongo que eso era lo que más me gustaba de ella: cero dramas. Dos tías, dos tíos, tres tías… lo que cayera.
—Voy a ducharme —gruñí, sin ganas—. Os quiero fuera de mi piso para cuando salga del baño.
Pasé por alto el intento de recordar la noche. Sinceramente, no me preocupaba.
Me miré en el espejo del baño: ojeras, el labio partido, chupetones por el cuello… Joder . Me metí bajo la ducha y dejé que el agua caliente me soltara un poco los músculos. Cuando salí, ya no quedaba rastro de las dos tías en mi habitación.
Aún así, seguía sintiendo un vacío raro. Como si me faltara algo.
“ Comida ”, pensé.
Me agaché para recoger el pantalón del suelo y sentí el móvil vibrar en el bolsillo, pero antes de cogerlo llamaron al timbre. Me puse una camiseta por el pasillo y abrí la puerta.
Lucía.
Suspiré. Mi mejor amiga de toda la vida, aunque últimamente estaba haciendo más de madre que de amiga. Y eso me ponía de los nervios.
—¿Dónde cojones has estado toda la noche? —soltó, cruzada de brazos y con cara de inspectora de policía.
Me di la vuelta y dejé la puerta abierta para que pasara.
—Buenos días para ti también.
—Te he llamado como mil veces y no has cogido ninguna.
Ignoré la pulla, me serví un café frío del día anterior y me lo llevé a los labios.
—¿Y si no quería contestarte? —solté, sin mirarla.
Bufó. La conocía, sabía lo que venía cuando hacía eso.
—El Chokas secuestró ayer a Emilia.
Me quedé con la taza a medio camino. El nombre me hizo saltar un recuerdo, como un fogonazo.
Hero. Sus ojos llenos de lágrimas, de felicidad o de tristeza, no tenía ni idea, pero.
.. tenía la sensación de que era por mi culpa.
La cabeza me empezó a latir fuerte. El médico me había advertido que no forzara nada o podía perder esos recuerdos para siempre.
Así que no dije nada.
—La encontramos antes de que le hiciera algo —siguió Lucía—. Ese cabrón dijo que quería joderte haciéndole daño a ella porque tú se lo hiciste a él metiéndote con su novia.
Me llevé la mano a la cabeza. Me dolía de cojones.
No podía apartar la imagen de ella doblándose por la mitad cuando ese gilipollas le dio un puñetazo en el estómago.
Quería ir a por él en ese momento, quería hacerle pagar por pegarle a una tía, pero no podía.
No si quería que ella no fuera el blanco de todo el marrón que tenía por vida.
La vi vulnerable, vi cómo me miró. Con odio en sus ojos.
Como si no pudiera creer que no hubiese hecho nada después de eso.
Pero no había tenido tiempo. Estaba dándole la paliza de su vida a ese cabrón.
Y luego, bueno, me distraje con Marta, y todo se fue a la mierda.
Joder, no podía creer que hubieran secuestrado a una chica que no conocía, o más bien que no recordaba, por mi culpa.
—Joder, y yo que pensé que haciéndole ver que me importaba una mierda la dejaría tranquila… —bufé—. ¿Está bien?
—Sí, pero no sirvió de nada. Ya tenía “ pruebas” de que sí te importaba.
—¿Qué pruebas?
—Mati, su amigo, le dijo a la poli que la tenía fichada desde hace tiempo. Desde la primera vez que te vio besarla.
Fruncí el ceño. ¿Me había estado besuqueando con ella en público? Mierda. Al parecer sí que me dio fuerte. La cabeza me palpitaba más fuerte intentando recordar.
—Por lo visto os han estado siguiendo.
—Vaya panda de gilipollas. ¿De verdad pensaban que me iban a hacer daño por ella?
Lucía bajó la cabeza, suspiró y se sentó en uno de los taburetes.
—Mira… ya sé que el médico dijo que no te contáramos nada. Pero visto lo visto, paso de seguir callando. Si tan poco te importa, lo vas a saber igual. Esa chica no se llama Emilia, se llama Hero. Y era tu novia.
La miré fijo… y me salió la carcajada sola.
—Ya lo sé. Me lo dijo anoche.
—¿Cómo que te lo dijo anoche?
—Lo que oyes. Y mira, lo que no me entra en la cabeza es porqué iba a perder yo la cabeza por esa tía. Sí, vale, es guapa, preciosa, lo que quieras, pero, joder… Marta también está buenísima y no me he vuelto loco por ella.
—Ya… pero con Hero fue diferente, creo que cuando la viste por primera vez fue como…
amor a primera vista. Nunca te había visto mirar así a una chica.
Y sé que hubo un motivo para que te engancharas tanto, pero nunca me lo dijiste.
Una vez te pregunté y me saliste con que era algo de cuando eras crío, que ya la conocías o algo así…
No sé. Lo único que sé es que no podías quitártela de la cabeza.
Luchaste por ella como no lo hiciste por nadie.
Se la presentaste a tus padres, la llevaste a conocer a tu madre, tu hermana la adoraba…
Puse una cara que ni te cuento. Eso era lo último que necesitaba escuchar. Jamás —y lo repito, jamás— he llevado a una chica a casa de mis padres.
—¿Yo llevándola a mi casa? —Me reí por lo bajo—. Ni de coña. ¿Por qué iba a creerte eso?
—¿Y por qué te mentiría, Jaden?
—Porque no tiene sentido que se me fuera la olla por ella. ¿No crees que si hubiera sido amor a primera vista, ahora me pasaría lo mismo?
—¿Y no te ha pasado? —preguntó, como esperando que dijera que sí.
Vale… reconozco que cuando la vi en el hospital, tocándome la mano, algo se me movió dentro. Pero fue un chispazo, y se apagó al segundo.
—No, Lucía. No ha sido así. La chica es guapa, sí, pero hasta ahí. Como mucho, ahora solo la utilizaría para un par de polvos rápidos. Como con las demás.
Lucía me miró con una mezcla de tristeza y decepción.
—Puede que ahora no sientas nada… pero antes sentías todo. Hubieras muerto por ella. Y todos lo sabían, incluso el Chokas. Es más, tuviste ese accidente porque confundiste un mensaje en su móvil y cuando te lo explicamos fuiste como un loco a buscarla para pedirle perdón.
¿Yo pidiéndole perdón a una tía? ¿Por eso tuve el accidente? Nadie me había contado nada de aquel día. Y que ahora me venga con que fue por esa chica… no me cuadraba.
Unas imágenes fugaces explotaron en mi cabeza en ese momento. La aguja del velocímetro, el agobio por algo, las manos apretando el volante, los coches pasando a toda velocidad.
Me llevé las manos a la sien. Joder.
Cuando volví a mirarla, Lucía tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Solo quiero que sepas, por si algún día recuerdas algo, que lo intenté. Intenté que se quedara, por ti. Pero no pude. Y sé que cuando la recuerdes y te des cuenta de que la perdiste, te vas a odiar por ello.
Levanté las cejas. No sé porqué, pero me encendí como una cerilla. Igual era el dolor de cabeza, o el no recordar una mierda… o que ya estaba hasta las narices de que me metieran en la cabeza a esa tal Hero, que para mí era una completa desconocida.
—¿De verdad crees que me importa lo que pienses o lo que hayas intentado?
—solté, con un tono que dejaba claro que no me reconocía en ese tío del que hablaba—.
¿Un Jaden enamorado? No me jodas. Eres solo una más en la lista de gente que quiere decirme cómo tengo que vivir ahora.
Si ella se ha ido, es porque le ha dado la gana, no por tus esfuerzos inútiles.
Y si algún día recuerdo algo, será para acordarme de lo que perdí, no para llorar por lo que ya no está.
Así que deja de darme el sermón y déjame en paz.
Lucía dio un paso atrás, como si le hubiera soltado un golpe. Pero yo… ni una pizca de remordimiento. Sentía que volvía a ser el cabrón que era antes de lo que le pasó a Alice, y me daba igual.
—¿En quién te has convertido? —preguntó, dolida.
A mi me hizo gracia.
—Ese es el problema, Lucía. Que siempre he sido así.
Ella negó con la cabeza mientras sus ojos se humedecían. Se quedó un instante en silencio, como si estuviera dudando si decir lo que pensaba. Conmigo, Lucía nunca dudaba.
—No… antes del accidente no eras así —dijo al fin, con voz baja—. Lo mejor es que, si vas a seguir comportándote de esta manera, no me llames, no me busques y no cuentes conmigo hasta que vuelvas a ser el de antes.
¿En serio? ¿Con esas iba?
Estaba hasta los cojones de esta mierda. De que me miraran con pena. De no recordar nada. De que me compararan con ese Jaden de antes del coma como si tuviera que volver a ser él.
Pues no.
Joder que no.
Voy a ser como me salga de los cojones. Y si a alguien no le gusta, puerta.
—Pues genial. —Me encogí de hombros, como si no me doliera en absoluto que mi mejor amiga se estuviera apartando de mí—. Ahora, si no te importa, vete. Quiero dormir.
A Lucía le tembló el labio, y asintió como si estuviera asimilándolo todo. Luego se marchó dando un portazo.