Chapter 14 #2
—Hola, Hero —me dijo con una voz súper dulce.
Me dio un beso en la mejilla y yo le sonreí.
—Por fin te conozco, Lily.
—Lo mismo digo —contestó—. He escuchado tanto sobre ti que pensé que nunca te iba a poner cara. Y ahora que estás aquí… eres tal y como Reid me dijo.
—Espero que todo lo que te haya dicho sea bueno —solté medio en broma.
—Solo cosas buenas —respondió sonriendo.
Entonces Michael se acercó para saludarla.
—Michael, has crecido desde la última vez que te vi—bromeó ella—. ¿Qué te dan en esas oficinas de Los Ángeles?
Vi cómo él le sonreía de forma cálida.
—Solo trabajo, prima.
—Pues deberías cogerte más vacaciones.
—Lo tendré en cuenta, pero ya sabes cómo son las empresas en Los Ángeles… y menos si eres el jefe.
Lily puso los ojos en blanco y en ese momento Michael me miró.
—Aunque… quién sabe, igual puedo escaparme de vez en cuando.
Nadie pareció notar que esa última parte iba acompañada de una mirada directa hacia mí, que yo, por supuesto, correspondí antes de apartar la vista y tragar saliva.
—Vamos entrando, que si no, llegamos tarde —cortó Reid, empujando suavemente a Lily hacia la puerta.
A medida que nos acercábamos, el olor a especias y hierbas frescas me golpeó y me dio hambre al instante. A través de las ventanas tintadas vi a gente cenando a la luz de las velas, todo muy de película. Una música suave se colaba desde dentro mientras un recepcionista nos abría la puerta.
—Bienvenidos al Seaspice Brasserie yo, agua. Cuando se fue, me quedé mirando un yate pasar por el río, y no pude resistirme a sacar el móvil para hacer un par de fotos.
—Buenas vistas, ¿no? —dijo Michael, tranquilo. Guardé el teléfono.
—Sí. Supongo que por eso me siento tan cómoda.
Lily me miró con curiosidad.
—¿Y qué tal tu vida en España? ¿Estudias, trabajas…?
—Las dos cosas —respondí—. Estudio literatura y los findes curro en un restaurante de comida rápida.
Vi cómo su sonrisa se apagaba un poco.
—Uf, yo no podría. Estudiar y trabajar a la vez es un horror.
—Es una máquina —dijo Reid—. Siempre se le han dado bien los estudios.
—¿Y tienes a alguien esperándote allí? —preguntó Lily, con tono curioso.
Sonreí, y en mi cabeza se encendieron todas las escenas con Jaden: sus besos, las noches viendo Harry Potter en su casa, sus abrazos, sus caricias…
—Sí, espero que sí.
Noté a Michael tensarse a mi lado, y yo, sin motivo, también.
—¿Y el afortunado tiene nombre? —insistió Lily.
—Jaden.
Ella miró a Reid.
—Bonito nombre, ¿no?
—Mmm… sí —respondió él, aunque estaba claro que mentía.
—No sabía que tenías novio —dijo Michael, casi en un susurro.
Giré la cabeza para mirarle.
—Te lo dije en la fiesta de bienvenida que dieron mis padres.
—Pensé que era una excusa para apartarme.
¿Perdona?
—¿Por qué te mentiría con eso? —pregunté, y vi cómo apartaba la mirada.
Me quedé un segundo más mirando la cara de Michael, viendo cómo procesaba lo que acababa de soltarle.
Mandíbula apretada, un dedo golpeando la copa vacía…
sí, estaba digiriéndolo. Volví mi atención a Lily, que se partía de risa con Reid por algo que se habían dicho mientras yo estaba hablando con Michael.
—Recuerdo que una vez Reid me dijo que le daría una paliza al primer tío que intentara tocar a su hermana… creo que todavía te ve como si tuvieras diez años, cuando es bastante obvio que no.
—No dije paliza, dije que le rompería la cara —saltó mi hermano.
Nos reímos todos, y hasta Michael soltó una carcajada baja.
—Eso viene a ser lo mismo, Reid —dijo Lily, divertida.
—No, no es lo mismo. —Me clavó la mirada—. Y si pudiera, cogería un avión ahora mismo y le partiría la cara a ese tal Jaden.
La sonrisa se me borró porque sabía que hablaba en serio.
—Qué posesivo, Reid —murmuró Michael con el ceño fruncido.
—Puedes ir si quieres, pero para que lo sepas… él no fue el primero que me puso una mano encima —solté, más para desviar el tema que otra cosa.
—¡Toma ya! —Lily aplaudió, riéndose—. Me gusta tu hermana.
—No creo que ni yo ni nadie quiera saber cuántos tíos te han tocado, hermanita.
—Pues yo sí —dijo Lily, con una sonrisa pícara solo para cabrear a Reid. Él le lanzó una mirada que podría haberla fulminado.
—Yo también —añadió Michael, con esa sonrisita de “ voy a liarla”.
Me giré hacia él, negando la cabeza.
—Tú quieres que te rompa los dientes, ¿no? —le soltó Reid, medio en broma, medio en serio.
—Podrías intentarlo, aunque no te prometo que consigas siquiera rozarme. —Le devolvió Michael, más chulo que un ocho.
Reid negó con la cabeza, sonriendo, justo cuando llegó Robert con las bebidas.
Nos pusimos a mirar el menú y… hostia. Casi me atraganto con mi propia saliva. Ni un plato bajaba de los cien dólares. Tragué y fingí que no me había dado un infarto ahí mismo.
—¿Todo bien, Hero? ¿No ves nada que te apetezca? —preguntó Lily, como si no hubiera notado nada… pero lo había notado.
—No, todo tiene pintaza, solo que… no estaba preparada para los precios —admití, medio avergonzada.
—Pide lo que quieras, yo invito —soltó Michael, muy seguro de sí mismo.
Lo miré entornando los ojos.
—¿Otra vez presumiendo de tu dinero, Michael?
Frunció el ceño, cogiendo aire.
—No, Reina, solo quería decir que…
—Ya sé lo que querías decir, estaba vacilándote —le corté, volviendo al menú con una media sonrisa.
No lo vi, pero sé que también sonrió.
Al final pedí lo más barato que vi, aunque noté la mirada de Michael como si me estuviera leyendo la mente.
Mientras esperábamos la comida, Lily me contó que trabajaba con su padre, pero que siempre se escapaba para viajar, que era un culo inquieto igual que mi hermano.
Que le gustaban los deportes de raqueta, aunque apenas tenía tiempo.
Yo la escuchaba y pensaba que, aunque tuviéramos la misma edad, nuestras vidas estaban a años luz.
—¿Y qué tal Miami hasta ahora? —me preguntó.
—Una pasada, aunque estaría mejor si no hubiera tanto lujo a cada paso.
Se rieron los tres.
—Solíamos venir mucho aquí, ¿verdad? —dijo Reid con un toque nostálgico señalando el restaurante con la barbilla—. Era nuestro sitio favorito.
—Sí. Hacía tiempo que no veníamos. Estás más en el aire que en tierra. Deberíamos ponerte una cama en el avión —bromeó Lily.
Reid le sonrió, pero no con los ojos.
—¿Y vosotros dos qué? —pregunté sin pensar—. Se nota que os conocéis demasiado bien…
Lily miró a mi hermano sin sonrisa, pero en sus ojos se notaba todo. Lo quería. Y mucho.
—Reid y yo… solíamos estar juntos —dijo tranquila—. Pero decidimos seguir caminos distintos.
—Aunque seguimos siendo muy buenos amigos —añadió Reid, cogiéndole la mano y mirándola como si no existiera nadie más en la mesa.
¿Solo amigos? Sí, claro.
—Es genial que mantengáis esa amistad —comentó Michael, con tono amable—. A veces las relaciones se complican, y no todo el mundo sabe conservar lo bueno.
—Totalmente de acuerdo contigo, Michael —murmuró Reid, sin apartar la vista de Lily—. Yo jamás me perdonaría perder a una persona como ella. La quiero demasiado.
La tensión entre ellos era tan evidente que me dieron ganas de hacerles una foto para enseñársela después. Giré la cabeza y me encontré con que Michael también me miraba, como si hubiera pensado lo mismo.
—Bueno —solté, decidida—, ¿por qué no aprovechas esta noche para mostrarme quién eres de verdad? Quién sabe, a lo mejor hasta haces que cambie mi opinión sobre ti.
—Podría sorprenderte.
—Adelante, sorpréndeme.
Michael sonrió y carraspeó.
—¿Qué quieres saber? —preguntó, echándose hacia atrás con calma.
Me giré un poco hacia él, dándole vueltas a qué preguntar. No quería que me soltara una lista de logros o de coches caros. Quería entenderlo, aunque fuera por esta noche.
—Quiero saber qué es lo que realmente te apasiona —dije al final, clavándole la mirada—. Qué te mueve. Qué te hace sentir vivo.
Pareció que la pregunta le pillaba por sorpresa, pero le gustó.
—Lo que más me apasiona… es navegar en alta mar. —Empezó, y sus ojos se iluminaron—. Esa sensación de libertad, de estar en medio de todo y de nada a la vez… No hay nada como la brisa del océano en la cara. Es mi forma de desconectar del mundo. De olvidarme de los problemas, de todo.
—Así que Michael Anderson también tiene problemas —dije, aunque sabía perfectamente que algunos de esos “ problemas” eran con su ex.
—Te sorprenderías de la lista. —Rió, pero de forma seca, bajando la mirada a sus manos—.
Supongo que por eso valoro tanto los momentos tranquilos.
Y no todo es navegar… También me gustan las cosas simples: una buena comida con amigos —hizo un gesto hacia la mesa—, una conversación que valga la pena.
Y… la fotografía. Aunque no la practique tanto como me gustaría.
Capturar un instante y guardarlo para siempre… eso me fascina.
Sentí un vuelco en el pecho. Fotografía.
—¿Te gusta la fotografía? —pregunté, más sorprendida de lo que quería admitir.
—Te noto sorprendida.
Abrí la boca, pero no me salió nada coherente. Aparté la mirada un segundo. No tenía pinta de ser un hombre de cámara en mano… pero ahí estaba, desmontándome.
—Pues, es que no te imaginaba haciendo fotos…
—Ya, me lo dicen a veces —asintió y suspiró—. También tengo un par de galerías de fotografía en Los Ángeles y Nueva York.
Vale, ahora sí que me iba a dar algo. Noté cómo las manos me temblaban.
—¿Te pasa algo? —preguntó, fijándose en mi silencio repentino.
—No, es que… me ha pillado por sorpresa. Yo también… También me gusta la fotografía.
Frunció el ceño, pero con una sonrisa pequeña.
—¿En serio?
—Sí. —Asentí, sonriendo de vuelta—. Aunque lo mío es más un hobbie. Nunca he tenido valor para llevar mis fotos a una galería.
—Ahora entiendo tu cara. No pensabas que tú y yo pudiéramos tener algo en común, ¿verdad?
—Exacto.
Se mordió el labio un segundo, como dudando si decir lo siguiente.
—Conozco una galería bastante buena aquí, en Miami. Si quieres, puedo llevarte algún día.
Creo que mis ojos brillaron sin querer.
—Aunque claro… —añadió con tono burlón—, no estoy seguro de que quieras aceptar, ya que según tú, después de esta noche volveremos a pelear cada vez que hablemos.
—Bueno… —Me encogí de hombros—, puede que abra el plazo para noches de tregua.
Michael sonrió como si acabara de anotar un gol en su propio marcador.
—Perfecto. ¿Qué tal dentro de dos noches?
En mi cabeza, la voz sarcástica no se callaba : ¿Y esto cuenta como engañar a Jaden? No íbamos a hacer nada… Solo íbamos a salir a ver una galería de fotografía. Como amigos.
Aunque…
¿Qué estaría haciendo Jaden? ¿Por qué seguía sin contestar? ¿Y si estaba con Marta?
Solo de imaginarlo me hervía la sangre.
—Sí, ¿por qué no? —respondí al final.