Ni un beso más de ti (Sin ti 2) Chapter 14
38%

Chapter 14

Capítulo doce

— PASADO —

Veinticuatro días para la boda

Hero

Reid quería llevarme a cenar a uno de esos restaurantes conocidos de la ciudad.

Quería sacarme de las cuatro paredes de la mansión, enseñarme un poco de Miami, la playa…

y, según él, presentarme a alguien esta noche.

Una chica. Al parecer era alguien especial para él, de esas personas que conoces hace tiempo y que, por más que viajes, no se te borran.

Nunca me había hablado de ella, así que le pregunté porqué justo ahora.

Me dijo que no estaba listo antes. Que, en realidad, ni siquiera lo estaba del todo ahora.

Pero pensaba que podía caerme bien, que quizás me ayudara a distraerme un poco.

Pasamos toda la mañana paseando por la ciudad. Comimos en la playa, nos bañamos en las duchas, pillé algo de color bajo el sol, y acabamos bailando en un club de cócteles como si no hubiera preocupaciones. Fue de esos días en los que, por unas horas, parece que todo está bien.

Cuando empezó a anochecer, volvimos a la mansión para arreglarnos para la cena.

—¿Y cómo se supone que tengo que vestirme? —le pregunté, más que nada para saber si era plan formal o más tranqui.

Reid me miró, me besó la frente y dio un paso atrás.

—Como te dé la gana, Hero. No voy a hacer que te vistas como ellos, porque tú y yo sabemos que tú no eres como ellos.

Sonreí. Asentí. Y nos separamos en ese punto del pasillo, cada uno hacia su ala de la casa. Nuestras habitaciones estaban tan lejos la una de la otra que esta vez no podría ir a su cama si tenía una pesadilla como cuando era pequeña.

Nada más entrar a la mía, abrí el armario y empecé a pensar qué ponerme.

Dudé un poco, pero al final me decidí por un vestido midi beige.

Tenía tirantes finos, se ajustaba suave a los hombros y marcaba la cintura como si fuera un corpiño, sin apretar.

Elegante, pero sin pasarse. La falda caía fluida hasta las pantorrillas.

Me lo había regalado mi madre por mi último cumpleaños y, no sé, me apetecía llevarlo.

Me di una ducha rápida, me hice un moño bajo bien pulido, me maquillé poco y me calcé unos tacones sencillos que combinaban con el bolso. Cuando estuve lista, salí al pasillo y bajé las escaleras. Reid me esperaba abajo.

Llevaba vaqueros y una camisa blanca que le quedaba de escándalo.

Se había peinado, y apostaría lo que fuera a que se había echado sus tres toques de colonia de siempre.

Me miró, y cuando me vio aparecer, me sonrió con esa mezcla de orgullo y cariño que solo un hermano puede darte.

Esa sonrisa que, sin decir nada, te dice que todo está bien.

Y entonces… mi tonto corazón decidió pararse.

Porque la puerta principal, justo detrás de Reid, se abrió.

Y apareció Michael.

Nuestros ojos se encontraron y, durante una milésima de segundo, todo se ralentizó. Como si alguien le hubiese dado al botón de pausa.

Esta vez no llevaba traje. Llevaba unos pantalones de vestir color vino tinto y una camisa azul marino. Cinturón negro, zapatos a juego.

Estaba… uff.

Y sí, pensé lo que no quería pensar:

Está arrebatador.

Pero entonces, pum.

Un recuerdo me golpeó la cabeza.

Los ojos de Jaden.

Su risa.

Sus besos.

La forma en que me tocaba.

Parpadeé. Tragué saliva. Y seguí bajando las escaleras como si nada.

—Estás preciosa —dijo mi hermano, acariciándome la mejilla con esa ternura suya. Le sonreí, pero enseguida mi mirada se desvió hacia Michael. Seguía ahí, de pie, sin apartar los ojos de nosotros. De mí.

¿Pero por qué no se iba ya? En serio, esperaba de corazón que no viniera a la cena.

No después de la conversación que habíamos tenido ayer en el centro comercial.

No sabía si podría aguantar la tensión de estar cerca de él sin que me temblara todo el cuerpo.

Y lo último que quería esa noche era otra discusión.

Ya había tenido un día genial con Reid, y no pensaba dejar que nadie me lo fastidiara.

—Gracias. Tú también —murmuré, bajando la voz para que Michael no nos oyera—. ¿Él también viene?

—Sí, lo organizamos anoche —respondió Reid, como si nada—. Lily es su prima.

¿Su prima? Primera noticia.

—¿Y eso no podías haberlo soltado antes?

—¿Habrías venido si te lo digo?

Me quedé callada. Y él lo supo.

—Por favor —añadió, más serio esta vez—, dejad el jueguecito este que os traéis entre manos para otro momento. Quiero que esta noche sea especial.

Le miré y lo entendí. Esta noche era importante para él.

Por fin iba a presentarme a esa mujer que, según sus palabras, había sido el amor de su vida.

A la que nunca pudo olvidar, ni reemplazar.

Quería que la conociera. Que le diera mi opinión, y seguramente…

mi aprobación. No quería que yo lo estropeara.

—Vale —cedí al fin.

Me sonrió y me besó la mejilla.

—Solo por esta noche —añadí, antes de que se confiara demasiado.

—Me parece justo.

Y entonces se alejó, caminando hacia Michael y la puerta.

—Voy a por el coche —avisó antes de salir.

Michael asintió, mirando a Reid solo un segundo antes de volver a clavar sus ojos en mí. Se humedeció los labios, y no sé porqué, pero mi mirada se fue directa a ese gesto. Me acerqué sin pensarlo demasiado.

¿Tenía que disculparme por lo de ayer? Ugh. No me apetecía nada, pero… tal vez tocaba.

Michael me miró, y juraría que estaba nervioso.

—Escucha… siento lo de ayer —dijo al fin—. Me metí donde no debía.

—Los dos dijimos cosas que no estuvieron bien —murmuré—. Pero esta noche es importante para Reid y no quiero estropeársela. Sé que le hace ilusión que conozca a Lily, así que… propongo una tregua. Por hoy.

Michael sonrió, ladeando la cabeza.

—¿Solo por hoy?

—Solo por hoy —repetí.

—¿Y mañana volvemos a discutir como siempre?

Le miré, y su tono medio divertido se me pegó un poco.

—Eso parece.

Se le encendieron los ojos. Y por primera vez desde que nos conocimos, sentí que le arrancaba una sonrisa real. Me miraba de una forma distinta. Como si… no sé, como si acabara de ver otra parte de mí.

—Así que tregua temporal —resumió—. ¿Y después vuelves a odiarme?

—Si prefieres, puedo no dirigirte la palabra en toda la cena.

—No, no, prefiero la tregua —dijo enseguida, como si lo tuviera clarísimo—. Me vale.

Asentí, aunque no tenía muy claro si esto era buena idea. A lo mejor me arrepentía. A lo mejor esta noche descubría a ese Michael del que Reid tanto hablaba… Y tal vez me cayera peor o… tal vez no.

—Trato hecho —dijo él, tendiéndome la mano.

Dudé un segundo, pero acabé aceptándola. Fue un apretón corto, pero cálido, de esos que te dejan cosquilleo en la palma. Ninguno de los dos apartó la mirada.

—Trato hecho —dije también, sintiendo mariposas, o nervios, o vete tú a saber qué.

Entonces sonó el claxon del coche de Reid. Michael me abrió la puerta y la sostuvo mientras salía de la mansión.

Fuera Reid nos esperaba junto a su coche encendido. Y justo delante, había otro coche. Uno negro, de dos plazas, que brillaba incluso de noche.

—Lily está a punto de salir —avisó Reid—. ¿Listos?

Asentí, y Reid y yo nos subimos a su coche. Michael, en cambio, caminó hacia el suyo, se metió dentro y arrancó sin perder tiempo.

—¿Y por qué no viene con nosotros? —pregunté, frunciendo el ceño—. Es un poco absurdo gastar gasolina en dos coches si vamos al mismo sitio, ¿no?

Y en cuanto lo dije, me di cuenta.

Hero, estás rodeada de millonarios. ¿Tú crees que van a pensar en la gasolina?

—Le pedí que llevara el suyo… por si esta noche me iba con Lily —dijo Reid, como si no pasara nada.

Ah.

Claro.

Le lancé una mirada de reojo, pero no dije nada.

O sea, que lo más probable era que Michael y yo termináramos volviendo juntos.

Genial… lo que me faltaba. Solo esperaba que, para entonces, me sintiera lo bastante cómoda como para que no se creara esa burbuja incómoda de silencio y tensión dentro del coche.

Reid pisó el acelerador y en nada adelantamos a Michael. No voy a mentir, me encantó. Amo la velocidad, y el pique que llevaban esos dos para ver quién llegaba antes al restaurante me tuvo medio pegada al asiento, muerta de risa y con el corazón a mil.

Al final llegamos vivos —por suerte— y aparcamos en el parking privado del restaurante. Reid y Michael se bajaron de los coches como si acabaran de salir de una carrera, chocándose las manos entre risas. Yo me quedé un poco más atrás, observando la escena como si estuviera viendo una serie.

Desde fuera, el restaurante parecía más un hotel de lujo que un sitio para cenar.

Fachada de cristal brillante, luces empotradas en el suelo iluminando la entrada como si fuera una pasarela y, a un lado, un portero con pinta de modelo de perfumes que sonreía a los clientes mientras abría la puerta.

A su alrededor, había también jardines cuidados y esculturas que parecían sacadas de una galería de arte.

Y, claro, el nombre del restaurante en letras doradas sobre mármol blanco. Muy de revista.

Delante del restaurante, vi a una chica de unos años más que yo con el pelo castaño, liso y cortito; y sonreía al ver como nos acercábamos. Supuse que era Lily, la chica especial de Reid… y prima de Michael y Ximena.

Reid fue el primero en llegar hasta ella, dejándonos a Michael y a mí un poco atrás.

La abrazó como si no la viera en años y hasta le dio un par de vueltas en el aire.

Cuando la dejó en el suelo, ella le agarró la cara y le dijo algo que no llegué a oír.

Por un segundo pensé que se iban a besar, pero Reid se apartó y le pasó un brazo por la cintura antes de girarse hacia nosotros.

—Lily, esta es mi hermana, Hero.

Lily era guapísima, como todos en esa familia. De hecho, se parecía más a Michael que a Ximena: los mismos ojos almendrados, los labios carnosos… Podrían pasar por hermanos sin problema.

Ella llevaba una falda y una blusa negra con algo de escote, taconazos y accesorios que le daban un toque elegante, pero sin pasarse.