Ni un beso más de ti (Sin ti 2) Chapter 11
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Chapter 11

Capítulo nueve

LUCÍA

Cuando llegamos al almacén del puerto, parecía que nos habíamos metido de cabeza en una peli de suspense. Íbamos todos con el corazón en la garganta, intentando no hacer ruido mientras nos acercábamos al punto exacto donde el móvil de Hero había dado su última señal.

Michael estaba allí, agazapado detrás de unas cajas, espiando como podía el interior del almacén. Nos acercamos en silencio, todos tensos como cuerdas de guitarra.

—¿Dónde está? —le solté nada más llegar a su lado.

Reid me miró como diciendo, “a ver, que es mi hermana, no la tuya”, pero lo ignoré. Y también la sensación cálida que sentía por tenerlo a mi lado.

—He estado mirando por una ventana —me respondió Michael—. Está dentro, sentada en una silla, pero parece ida.

—¿Y a qué estamos esperando? ¡Tenemos que entrar! —gruñó Reid.

—Shhh —Michael tiró de él para que se agachase—. Hay dos tíos hablando con ella y otro que sale cada dos por tres a vigilar. Si te escuchan o te ven, pueden hacerle daño a tu hermana. Yo también quiero entrar ahí dentro, pero primero hay que pensar el plan.

—¿Y ahora qué? —preguntó Álex, que no paraba de mirar a todos lados como si nos fueran a emboscar.

—La policía está a punto de llegar —dijo Michael, señalando al final del callejón. Las luces azules ya parpadeaban a lo lejos. Perfecto—… pero dos minutos en este tipo de situaciones podían ser una eternidad.

Mi cabeza iba a mil buscando una forma de hacer algo útil.

—¿Y si entramos por esa puerta lateral? —sugirió Álvaro, señalando una que parecía medio olvidada por el mundo.

No podíamos quedarnos allí cruzados de brazos, eso estaba claro. Si la poli no llegaba a tiempo, íbamos a tener que apañárnoslas solos.

Como nadie dijo nada, Reid se puso nervioso.

—Vamos, que esto no se va a solucionar por arte de magia. Hay que entrar ya.

—¿Y si tienen un arma? —pregunté, abriendo las posibilidades—. La cosa podría ponerse fea ahí dentro.

—Prefiero que me disparen a mí antes que a ella —comentó Michael.

—Podríamos esperar. Seguro que la sacan los polis. Además, el Choka ese no tiene pinta de ir por ahí pegando a chicas.

Sí, claro. ¿Pablo no había visto el puñetazo que le metió a Hero antes de que empezara la pelea con Jaden o qué?

—Ese capullo es capaz de mucho más —gruñó Álvaro, con los dientes apretados.

La tensión era tan densa que podías cortarla con un cuchillo. Michael parecía a punto de salir corriendo hacia el edificio. No sé qué historia se traía con Hero, pero lo que fuera, estaba claro que no era solo preocupación de amigo.

Y entonces… un golpe seco y un grito.

—¡Maldita hija de la gran puta!

Abrimos los ojos como platos. Nadie dijo nada. Simplemente echamos a correr hacia la puerta lateral como si no hubiera un mañana. Michael iba primero y, sin pensárselo dos veces, soltó una patada que abrió la puerta de golpe. Vale, el tío estaba fuerte. Nivel “ te parto la cara” fuerte.

Lo que vimos dentro fue una auténtica locura.

Choka estaba de pie, doblado por el costado, con un tubo enorme en el suelo. Hero yacía a su lado, inconsciente, con la nariz sangrando. Antes de que nadie dijera una palabra, Michael ya estaba encima de él, lanzando puñetazos como si estuviese poseído por el demonio.

Reid, Álvaro, Pablo y Álex se lanzaron a por los otros dos tíos que estaban allí dentro. Volaron puñetazos, patadas, empujones… Un caos brutal. Nada elegante, cero coreografía, puro instinto.

Michael no paraba. Cada puñetazo parecía ir cargado con la rabia de alguien que tenía cuentas pendientes. Choka intentaba defenderse, pero no le daba tiempo ni a pestañear.

Nunca había visto a nadie pelear así. Ni siquiera a Jaden.

Yo me quedé en la puerta, paralizada. Solo podía mirar. Todo se me hacía ruido y borroso. La sangre de Hero, sus ojos cerrados, la forma en que Michael no dejaba de golpear…

Y entonces, por fin, llegó la poli. Con armas, gritos y todo el show.

—¡Quietos! ¡Manos arriba! ¡De rodillas!

Nos tiramos todos al suelo con las manos en la cabeza, menos Michael, que en cuanto pudo se arrodilló junto a Hero y la abrazó como si no le importara una mierda que lo esposaran ahí mismo.

Y entonces, como si lo sintiera, Hero abrió los ojos. Lo miró. Y sin decir nada, se abrazó a él, llorando en silencio.

Mientras tanto, la policía fue esposando a los malos —y a los nuestros también, porque claro, todos parecían sospechosos después de semejante escándalo—. Reid, Pablo, Álex, incluso Álvaro. Pero en ese momento, daba igual.

Cuando uno de los polis fue a esposar a Michael, él alzó la cabeza sin soltar a Hero.

—He sido yo quien os ha llamado. Ellos están conmigo.

El agente asintió y siguieron con lo suyo, mientras Michael volvía a abrazarla fuerte, susurrándole algo al oído que desde donde estaba no llegaba a escuchar.

Nos tocó el turno a nosotros. La policía empezó a hacernos preguntas mientras se llevaban esposados a Choka y a sus colegas. Les contamos todo lo que habíamos visto y hecho. No había mucho que maquillar.

Al poco, llegó una ambulancia para revisar a Hero y a los chicos.

Reid y Michael fueron los que mejor salieron parados.

Álex tenía la nariz como un chorizo, Pablo un ojo morado que daba grimilla y el labio partido, y Álvaro se quejaba de un golpe en el costado que le hacía andar encorvado.

Reid apenas tenía los nudillos marcados, y eso que lo había visto partirse la cara por su hermana.

Y Michael… parecía salido de una peli de acción. Ni un rasguño.

Me acerqué a la ambulancia. Estaban revisando a Hero. Me agaché a su lado y la abracé con cuidado. Ella me devolvió el gesto, pero estaba temblando. Alcé la vista y me encontré con los ojos de Michael, clavados en ella. Ni parpadeaba.

—¿Estás bien? ¿Te ha dicho algo? ¿Te ha hecho algo?

Ella se encogió de hombros, mirando de reojo a Michael.

—Quería… hacerme daño para joder a Jaden.

—Qué cabrón —murmuré apretando los dientes.

—Dijo que Jaden se ligó con su novia hace años… y que quería vengarse.

Fruncí el ceño. Esa historia no sonaba así, al menos no como yo la conocía.

—¿Eso dijo ese idiota? Que va, si fue ella la que se tiró a los brazos de Jaden como una loca.

—No me importa —me cortó, bajando la mirada.

Su voz sonaba triste, rota. Se quedó mirando sus propios dedos, como si de repente fueran muy interesantes.

—Hero…

—¿Dónde está? —Levantó la cabeza de golpe, y en cuanto vi sus ojos, se me encogió el pecho. Los tenía llenos de lágrimas—. ¿Dónde está Jaden? ¿Sabe lo que ha pasado?

—Sí… sí lo sabe —dije antes de pensarlo dos veces. Mierda. Metí la pata.

Cerré los ojos, me quería matar. No era momento para soltar la verdad así.

—¿Y por qué no está aquí? —susurró, justo antes de que una lágrima le resbalara por la mejilla.

Michael, rápido, pasó un brazo por sus hombros.

Lo fulminé con la mirada. Hero seguía siendo la novia de Jaden, al menos en teoría.

Y él no tenía porqué tocarla así. Pero claro, si lo pensaba bien…

Jaden estaba con Marta ahora mismo, así que…

—Da igual que no se acuerde de mí —siguió, sin mirarnos—. Pero me han secuestrado por algo que él hizo. Y no ha aparecido. Ni para ver si seguía viva.

Tragué saliva, incómoda. No sabía qué decir. No había excusa que salvara a Jaden esta vez. Y lo peor… es que tenía razón. Jaden debería estar aquí. Punto.

—Se fue con ella, ¿verdad? —me preguntó de golpe.

La miré, sin saber qué responder. Me quedé en silencio. Pero ese silencio le bastó.

Lo entendió todo.

Ella giró la cabeza hacia Michael, pero ni siquiera lo miró.

—Sé que vas a pensar que soy una cobarde si tiro la toalla con Jaden antes siquiera de intentarlo —murmuró, tan bajito que casi no la oigo.

Se me encogió el pecho. ¿Estaba diciendo lo que creo que estaba diciendo?

—. Pero no puedo pelear contra un recuerdo, Lucía.

No puedo hacerlo si sé que él ni siquiera quiere recordarme.

—Eso no lo sabes. No puedes saberlo si no lo intentas —le dije, cruzando los brazos, sintiendo una mezcla rara de impotencia y rabia.

—Se ha ido con ella. Marta ha ganado, Lucía.

—Cuando se acuerde de ti, lo arreglará. Lo sé.

Hero negó con la cabeza.

—¿“Arreglar”? Tú sabes todo lo que hemos pasado. Las cosas buenas, sí, pero… las malas han sido muchas más. No sé si se puede arreglar todo eso.

Lancé una mirada rápida a Michael, que seguía ahí callado, observando desde un rincón.

—¿Podemos hablar a solas? —pregunté, sin filtro. Ese tío no tenía porqué estar escuchando esto.

—Michael ya lo sabe todo —soltó ella, sin dudar.

Fruncí el ceño. Eso no tenía sentido. Lo que dijo el otro día, lo de que no se aguantaban… ¿Mentira? ¿Me había ocultado algo?

—¿Y por qué lo sabe todo? Pensaba que no podías ni verle.

—Porque cuando me dijeron que Jaden había muerto, él y mi hermano fueron lo único que tuve.

Me quedé en silencio. Michael miraba hacia otro lado, como si no quisiera interferir en nuestra conversación, o como si quisiera hacerse invisible.

No estaba acostumbrada a que un tío hiciera eso.

Si hubiera sido Jaden el que estuviera en su posición, me hubiera estado mirando amenazador por el simple hecho de que mi mejor amigo le estuviera haciendo daño a Hero.

Pero, Michael no. Él estaba dejando que Hero resolviera sus problemas ella sola, que ella decidiera por su propia cuenta que hacer o decir.

—¿Y ya está? ¿Así sin más te vas a rendir?

Hero bajó la mirada, sus dedos jugueteando con la manga de su sudadera.

—Si en algún momento llega a recordarme…

Y ya. Con eso lo dijo todo. Me dolió. Porque era un sí. Porque se estaba rindiendo de verdad.

—¿Y si pasan años? ¿Y si no lo hace nunca? ¿Y si cuando se acuerde ya es tarde? No puedes rendirte, Hero. No ahora. Tú sabes que Jaden te quería. Con toda su alma. Lo sabes.

Te quería dije, no te quiere . Y ese pequeño detalle, aunque fuera mínimo, lo captó. Lo noté en su cara. Le dolió. Como si acabara de entender de verdad que ya no había un “ nosotros”.

Y dolía que las cosas estuvieran pasando así, tan rápido, tan jodidamente rápido que no podía impedir que sucediera.

Joder, me sentí tan impotente… Sentía como la esperanza de hacer que cambiara de opinión se me escurría entre los dedos.

Porque Hero estaba rota. Tan rota como para que simples palabras le dieran el ánimo de continuar con esa decisión.

—Y yo también lo quise —susurró—. Pero a veces el primer amor es el que más duele. Porque es el que más te marca, aunque no sea el que se queda para siempre.

Se me rompió el alma. No por mí. Por Jaden. Porque sé que cuando él lo recuerde, si lo recuerda, se va a hundir. Porque se lo ha perdido todo. Y Hero… ella se estaba yendo. Sin hacer ruido, sin drama, pero se estaba yendo.

Y ¿sabes qué? No la podía culpar. Si yo estuviera en su lugar, tampoco sé si aguantaría. Mi novio se olvida de mí, ni intenta acordarse, y encima está con la bruja esa como si nada… No. Ni de coña.

Y después de haber creído que estaba muerto. Después de perder un bebé.

Hero no era una cobarde. Era valiente. Tenía ovarios por alejarse de lo que le hacía daño. Y nadie, absolutamente nadie, debería juzgarla por eso. Ni siquiera yo.

Justo entonces se acercó un poli. Le pidió a Michael que lo acompañara para hacerle unas preguntas.

Era el único al que no habían interrogado aún, y claro, no se había despegado de Hero ni un segundo.

Michael asintió y le dio un beso en la coronilla a Hero antes de irse.

Fue suave. Cariñoso. Y yo… no dije nada.

Podría haberle preguntado qué pasaba entre ellos dos. Pero no. No era el momento. Aunque algo había, eso lo tenía clarísimo. Y no me iba a engañar: si algún día pasaba algo entre ellos, no me pillaría por sorpresa.

Michael la mira como si valiera el mundo entero. Y si Hero nunca dio pie a nada, fue por Jaden. Eso también lo sé.

—¿Volveremos a vernos? —le pregunté, con un nudo en la garganta. Sentía que estaba perdiendo a una amiga de verdad.

Parpadeó, intentando espantar las lágrimas. Su mirada se perdió en la oscuridad.

—No lo sé.

—¿Te vas a ir? —Señalé con la cabeza en dirección a Michael.

Negó primero, pero luego pareció pensarlo y suspiró.

—Voy a acabar mis estudios. Y después… puede que sí, pero no con él.

No tenía ni idea de qué pasaba por su cabeza.

—Pero nos veremos antes, ¿no?

Su cara se transformó. Hizo una mueca de esas que dicen “ ojalá”, y cuando me miró, vi que estaba completamente rota.

—Me recuerdas a él, Lucía. —Se encogió de hombros y las lágrimas volvieron a caer—. Verte a ti sería como revivirlo todo. Y necesito salir adelante, aunque no sepa cómo. Es que… no sé qué me duele más: si haberlo perdido sin haberlo tenido del todo o saber que quizá nunca vuelva a recordarme.

Se quedó callada unos segundos. Luego sollozó.

—Es como si me estuvieran arrancando una parte de mí poco a poco. Como si me estuviera quedando vacía por dentro. Pero sé que tengo que seguir, aunque me cueste, aunque no quiera, aunque me duela. Porque la vida sigue, y yo… tengo que encontrar la forma de seguirla también.

Le acaricié la mejilla despacio. No sabía qué más decir.

No había nada más que decir.

Ella había tomado una decisión.

Una decisión que afectaría a Jaden cuando volviera a ser él.

—Si algún día lo recuerda… ¿Quieres que le diga algo?

Hero tragó saliva. Y con los ojos vidriosos, asintió.

—Dile que lo siento. Que siento haberme rendido tan rápido.