Chapter 10
Capítulo ocho
LUCÍA
Sentí que podía volver a respirar cuando Jaden soltó el golpe final. El que dejaba fuera de juego a ese imbécil. El que lo mandaba a casa calentito.
Todo el mundo salió disparado hacia él. Yo me abrí paso como pude entre la gente, buscando llegar hasta mi mejor amigo.
Lo vi rodeado de todos, recibiendo abrazos y gritos.
Jaden estaba hasta arriba de adrenalina y…
joder, nunca lo había visto tan seguro de sí mismo.
Aunque, en realidad, yo nunca había dudado.
Sabía que iba a partirle la cara a ese gilipollas. Pero…
Entonces Marta se le tiró encima. Se colgó de él como si no existiera nadie más y empezó a besarlo. Y mi cabeza, mi cuerpo entero, rechazó esa imagen.
No.
No, no, no.
Jaden, no.
Busqué con la mirada a mi amiga, pero con tanta gente alrededor era imposible. Me abrí paso a empujones, con fuerza, hasta salir de allí.
—¡Hero! —escuché una voz gritar.
Al cruzar el gentío, me encontré a Reid girando sobre sí mismo, buscándola con la mirada.
—¡Hero! —volvió a gritar.
—¡Reid! —Le agarré del brazo. Me miró y en sus ojos solo había una cosa: miedo.
—¿Dónde está? —le solté.
—Joder, no lo sé. Me soltaron cuando acabó la pelea, pero cuando llegué hasta aquí ya no estaba.
—Vamos a mi casa. Puede que haya ido a por sus cosas.
Asintió y salimos corriendo rodeando el edificio. Miré hacia atrás un momento y me di cuenta de que Choka y su perrito faldero ya no estaban. No me había fijado antes, con toda la emoción de correr hacia Jaden.
Volví la vista al círculo. A mis amigos rodeando a Jaden. A su brazo sobre los hombros de Marta. A Álvaro mirándola como si quisiera escupirle. Todos sabíamos cómo había terminado lo suyo, y volver a verlos así… era raro. Pero nadie decía nada. Yo tampoco pude.
Subimos las escaleras de dos en dos. La puerta de mi casa seguía abierta, pero ya apenas quedaba gente dentro. Algunos rezagados charlaban en el salón. Seguimos avanzando hasta que me separé de Reid para ir directa a mi cuarto.
Abrí la puerta y ahí estaban. Su chaqueta y su bolso, tal como los había dejado.
Se me heló el cuerpo. Reid se asomó y luego entró.
Su figura, grande, plantado al pie de mi cama, me hizo quedarme un segundo demasiado colgada pensando cosas que no debería.
Me olvidé de Hero, de Jaden e incluso de Álvaro y Tommy.
Apagué esos pensamientos antes de que fueran a más. No era el momento.
—¿Es su bolso? —preguntó.
Asentí. Lo cogió con cuidado, sin dejar de mirar alrededor.
—¿Dónde coño ha podido ir? —dije, más para mí que para él.
Reid me miró. Ya no había miedo en sus ojos. Ahora solo quedaba rabia. Pura.
—¿Tú crees que mi hermana se iría a algún sitio sin decirme nada? —soltó, con voz grave, contenida, acercándose con el bolso en la mano—. ¿Crees que dejaría todo esto aquí? ¿Así, sin más?
—Puede que… —tragué saliva. Su mirada me tenía totalmente en jaque—. No sé… puede que haya visto a Marta besando a Jaden y se haya agobiado…
—Ese puto imbécil no es el novio de mi hermana —soltó, seco.
Fruncí el ceño.
—¿De qué vas? —le espeté. Nadie hablaba así de Jaden delante de mí.
—¿Que de qué voy? ¿Tú has oído lo que ha dicho antes de la pelea?
Me quedé en blanco. Porque sí, lo había oído. Y sí, se había pasado tres pueblos. Me daba hasta miedo pensar en cómo se habría puesto Reid si llega a ver lo que pasó después entre Choka y su hermana.
—Yo… él… Jaden no… —tartamudeé—. Jaden no se acuerda de ella. No recuerda que estaba enamorado de ella. Y puede que Hero haya salido corriendo al ver lo de Marta…
Reid se acercó un paso más. Me callé al instante. Su presencia imponía.
—He dicho que mi hermana no se iría a ningún sitio sin mí. ¿Lo pillas?
Tragué saliva y asentí. Lo tenía a centímetros de mi cara, y lo que en cualquier otra situación debería haber sido un “ quita de aquí” instantáneo… fue todo lo contrario. Me atrajo.
—Y ese cabrón con el que se ha pegado tu colega el imbécil tampoco estaba abajo. Si se la ha llevado él…
El corazón me dio un vuelco. Ni siquiera lo había pensado. Choka. Joder. Podía habérsela llevado. Podía estar buscando venganza contra Jaden.
Abrí los ojos de golpe al darme cuenta de que esa posibilidad no era tan loca.
Le arranqué el bolso de las manos y empecé a rebuscar dentro.
—No está su móvil. ¿Tienes forma de rastrearlo?
Reid miró a un lado, pensando.
—Creo que sí.
—Vale. Yo voy a buscar a los demás. Tenemos que encontrarla. Tú intenta rastrear el móvil y nos vemos abajo en cinco.
No esperé respuesta. Salí escopeteada escaleras abajo. Ya no quedaba ni rastro del círculo de pelea y tampoco vi a Jaden por ninguna parte. Localicé a Álvaro fumando con Álex y Pablo y me acerqué corriendo, medio sin aire.
Al verme, Álvaro frunció el ceño y soltó el humo.
—¿Qué pasa?
—Hero ha desaparecido.
—¿Cómo? —Pablo fue el primero en reaccionar, con cara de “ ni de coña”.
—¿Desaparecido? ¿Qué coño? —añadió Álvaro, ya más serio.
—Justo después de la pelea. —Mi voz sonó tan tensa que los tres se pusieron en modo alerta automáticamente.
—¿Estás segura?
—Sí. Sus cosas siguen arriba. Pero de ella, ni rastro.
Álvaro soltó un taco y tiró el cigarro al suelo de golpe. Se apartó unos pasos, como para pensar.
Había hablado con Álvaro sobre ella muchísimas veces.
Para él, Hero era como ese tipo de persona que no se encuentra ni de coña dos veces.
Siempre decía que tenía algo, aunque no supiera explicar el qué.
Que no era empalagosa, ni pesada, ni de las que se hacen las interesantes. Que era diferente. Especial.
Y lo decía con cara seria, como si fuese un dato objetivo, como si viniera en su DNI: “ Hero, portadora oficial de paz mental y caos emocional”.
—¿Dónde está Jaden? —pregunté.
—Se ha pirado con la Fox 2.0. —respondió Álex, encogiéndose de hombros como si ya lo diera por hecho.
Vi cómo Álvaro se tensaba entero. Los puños apretados, los ojos encendidos.
—No me jodas. ¿La lagarta esa se lo ha llevado?
Pablo y Álex intercambiaron una mirada rara, sin saber si opinar o quedarse callados. Yo saqué el móvil. Necesitaba respuestas. Busqué en mis contactos el número de Jaden.
—¿Hola? —La voz de Jaden sonó al otro lado.
—Necesitamos hablar YA. Hero ha desaparecido.
—¿Ah, sí? —dijo, pero sonó como si no le importara una mierda.
—¿Dónde estás?
Se escuchó un gemido y supe al instante que no era suyo. Marta. Qué asco. Marta estaba con él.
—Estoy… no puedo hablar ahora, Lucía. Llámame luego.
—¡Jaden, joder! ¡Es Hero! ¡Tu amiga! ¡La prima de Álvaro!
—No sé nada y me da igual. Adiós.
Colgó.
Me quedé mirando el teléfono como si me acabaran de escupir en la cara. ¿Quién era ese? Porque desde luego mi mejor amigo no era. No el de verdad.
Álvaro apretaba los dientes, furioso. Pablo y Álex seguían en shock.
—¿Y ahora qué? —preguntó Pablo.
—La buscamos nosotros. —Guardé el móvil en el bolsillo—. Si él no quiere ayudar, pasamos de él.
Álvaro asintió con la mandíbula apretada, ya decidido.
—¡Eh! —La voz de Reid nos cortó el paso. Venía corriendo hacia nosotros y traía una mezcla de ansiedad y esperanza en la cara—. La he encontrado. Bueno… Michael la ha localizado.
—¿Michael? —pregunté, extrañada.
¿Otra vez Michael? ¿Y por qué tiene Michael la ubicación de Hero?
—¿Qué Michael? —soltó Álvaro, cruzado de brazos.
—¿Cómo que tiene la ubicación del móvil de Hero? —yo aluciné un poco.
—Joder, ¿qué más da eso ahora? —respondió Reid, agobiado—. ¡Sabemos dónde está!
—¿Y… dónde? —dijimos todos a la vez.
—En un almacén abandonado, cerca del puerto. —Nos enseñó una captura en el móvil.
Un silencio se instaló entre nosotros mientras todos procesábamos la info.
—¿Un almacén? ¿Qué coño hace ahí? —Pablo arrugó la frente.
Yo miré a Álvaro, que ya no parecía sorprendido. Solo jodidamente serio.
—Creo que todos sabemos quién la ha llevado allí —dijo, con voz grave.
Todos nos giramos a mirarle.
Una brisa fría me revolvió el pelo, justo cuando dijo:
—Choka.