Ni un beso más de ti (Sin ti 2) Chapter 9 #3
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Chapter 9 #3

—¿Y, entonces, por qué ha vuelto Choka ahora?

Lucía suspiró y se cruzó de brazos, con la mirada fija en algún punto detrás de mí.

—No lo sé. Pero es un problema muy gordo. Si ha vuelto y ha metido a Jaden en esto otra vez… no pinta nada bien. —Me miró de nuevo y, al ver mi cara, añadió—. Jaden dejó todo eso atrás, Hero. No quería volver a saber nada.

Sentí que el corazón me latía en la garganta. ¿Por qué Jaden me había ocultado este lado de su vida? ¿Y por qué ahora estaba dispuesto a pelear contra ese tío? ¿Qué más había entre ellos?

—Pero para él no ha pasado tanto tiempo… —musité. Había estado en coma, el tiempo no le había pasado igual y había perdido la memoria.

—Tengo que averiguar qué está pasando —dijo Lucía, ya con tono decidido—. Pero tú… tú deberías irte. Esto es peligroso. Choka sabe que eres su novia, y te ha echado el ojo.

¿Su novia? Ya no estaba tan segura de eso.

—No puedo dejar que Jaden haga esto solo. Si le pasa algo…

—Hero, Jaden no me lo perdonaría si a ti te pasara algo —me interrumpió Lucía, seria.

Tampoco estaba segura de eso. Para Jaden yo ya no era nadie. Ya no me recordaba, no significaba nada. Bajé la mirada, sintiéndome… fuera de lugar.

—Venga, vamos —dijo Lucía, empujándome con suavidad hacia la puerta sin darme opción a protestar.

Pero no llegamos muy lejos. Un tipo se interpuso en nuestro camino.

Era alto, de hombros anchos, tatuado hasta las cejas —literalmente— y con cara de pocos amigos.

Me dio muy mala espina. El primer pensamiento que me vino fue: vale, este es un mafioso italiano que viene a secuestrarme . Y no iba tan desencaminada.

Antes de que pudiera decir nada, me agarró del brazo con fuerza.

—Vamos, preciosa. Choka te espera.

Se me erizó la piel. Intenté soltarme, pero nada. Tenía una fuerza brutal. Lucía reaccionó al momento.

—¡Eh! ¡Suéltala! ¿Quién coño eres?

Intenté agarrarme a ella, pero el tipo tiró de mí escaleras abajo como si yo no pesara nada después de darle un empujón a Lucía que le dejó tirada en el suelo.

—¡No! ¡Lucía! ¡Busca a mi hermano! —Le di un manotazo al hombre—. ¡Suéltame!

La oí gritar detrás de nosotros mientras nos alejábamos. Su voz se fue apagando a medida que nos metíamos en una zona trasera del edificio, oscura, fría y apenas iluminada.

—¿Quién eres? —pregunté, con el corazón saliéndoseme del pecho.

Aunque, si venía de parte de Choka…

El tipo no dijo ni una palabra, solo siguió arrastrándome con fuerza. Sus tatuajes parecían moverse con la poca luz que había. Al fondo, la gente formaba un círculo cerrado, gritando, vitoreando… todos esperando la pelea. El ambiente estaba cargado, como si el aire pesara.

Jaden estaba justo al otro lado del círculo, junto a Álvaro, Tommy y…

mi hermano. Reid le susurraba algo al oído como si le encantara estar ahí, como si lo conociera de toda la vida, mientras Jaden se quitaba la camiseta y se la lanzaba a Álvaro.

Fue entonces cuando el gorila que me había traído hasta allí hizo que todos se giraran.

En cuestión de segundos, todos los ojos estaban puestos en mí. Incluidos los de Jaden. Y Reid.

El bullicio se apagó de golpe, como si alguien hubiera bajado el volumen de golpe.

—¿Pero qué cojones? —escuché decir a mi hermano mientras daba un paso hacia el centro, pero Álvaro lo agarró por el cuello de la camiseta y lo frenó.

Choka me miraba con esa sonrisa asquerosa pegada a la cara. Se acercó sin prisa, tan cerca que sentí su aliento a alcohol mezclado con cítrico. Me revolvió el estómago.

—Qué monada —susurró, casi rozando mi oreja, mientras enrollaba uno de mis mechones entre sus dedos—. Me voy a divertir mucho contigo luego.

Se me cortó el aire. Durante un segundo, imaginé algo horrible, sucio, forzado. Una imagen que me sacudí de la cabeza al instante.

Miré directo a Jaden. Él no apartaba la vista de mí, ni un segundo.

Ni siquiera miraba a Choka. Luego miré a mi hermano.

Parecía a punto de lanzarse sobre todos para sacarme de ahí.

Abrió la boca para decir algo, pero Jaden le lanzó una mirada a Tommy.

Un segundo después, los chicos sacaban a mi hermano a empujones del círculo.

Reid intentó resistirse, pero no tenía nada que hacer contra tres tíos.

Sabía que no le harían daño. Pero a mí… yo no estaba tan segura.

—Así que esta es tu chica, ¿eh, Jaden? —Choka sonrió, chuleándose—. Con razón llevas meses sin aparecer por aquí. Es muy bonita. Ahora entiendo porqué te hiciste el desaparecido.

Entre el público, alguien abrió paso a codazos. Era Lucía. Sus ojos iban de Jaden a Choka, y luego a mí.

—Pero hay que ser egoísta, tío, para tener una belleza así y —siguió él, mirando a Jaden— no compartirla… eso no está bien.

—Creo que ha olvidado lo vuestro —intervino el tipo que me había traído.

Choka lo miró, alzando las cejas.

—Sí, yo también lo creo —dijo, y su sonrisa me puso los pelos de punta—. ¿Qué te parece esto?

Se quedó pensativo unos segundos y luego chasqueó la lengua.

—Te voy a dar una oportunidad de salvarla. Si ganas, te la llevas. Prometo que no vuelvo a mirarla. Pero si pierdes… bueno, retomaremos esos jueguecitos que solíamos jugar.

Jaden por fin apartó la mirada de mí para mirar directamente a Choka. Y habló. Frío. Indiferente.

—Haz con ella lo que te dé la puta gana.

Ni siquiera intenté contener el impacto.

No hice nada por disimular cómo los ojos se me llenaban de lágrimas, cómo se me clavaban las palabras como cuchillas.

Sentí cómo me ardía la garganta, cómo me temblaba el labio.

Fue como si algo se rompiera dentro de mí, algo que no iba a poder pegarse con cinta ni con disculpas.

Me ardían los ojos, el pecho, los brazos, todo. Y un escalofrío helado me bajó por la espalda hasta los pies. No lo miré, no podía. Y él, ni siquiera volvió a mirarme.

—No significa nada para mí —añadió, con la voz más fría que le había oído nunca—. Como ninguna de las otras. Solo era la tía con la que quería acostarme esta noche. Mañana ni me acordaré de ella.

Se me paró el corazón. Al principio quise pensar que lo decía solo para que Choka me soltara, pero en cuanto le miré a los ojos… lo supe. No estaba fingiendo. Lo decía en serio.

¿Después de todo lo que habíamos hablado en casa de Lucía? ¿Después de saber que yo era la chica de la que se había enamorado?

Entonces lo entendí. Estaba conociendo al Jaden del que me hablaron. Al capullo, al arrogante. Al que usaba a las mujeres como papel higiénico.

Me había besado solo porque quería llevarme a la cama. Punto. Nada más. Iba a hacer conmigo lo mismo que con todas: usarme y olvidarme.

Choka entrecerró los ojos, y aproveché ese segundo para mirar a Lucía. Me estaba mirando a mí, y en su cara había algo… preocupación, o tal vez lástima. Como si supiera que las palabras de su amigo me estaban destrozando.

—Pues ella no diría lo mismo —dijo Choka, girándose hacia mí con esa sonrisa de mierda.

Me sentía cada vez más pequeña. Esa ansiedad que llevaba arrastrando desde la casa de mi padre volvió a apretarme el pecho.

El accidente. La muerte de Jaden. El aborto.

Todo volvía como una maldita ola imposible de frenar—.

Me parece que tus palabras la han dejado hecha polvo.

Pobre, ni siquiera sabía que era otra más de tus juguetes.

Busqué a Lucía de nuevo, intentando aferrarme a algo para no venirme abajo. Sus labios se movieron despacio, apenas un susurro: “ Jaden no te recuerda”.

Y ahí estaba. Esa era la herida. Que el Jaden del que yo me enamoré de verdad sí había muerto en aquel accidente.

Que ya no existía. Me habían arrancado ese amor de las manos.

Ahora solo quedaba este… este tipo que no me conocía, que no me quería.

Que me vendería al mejor postor si eso significaba saldar una deuda.

Bajé la mirada. No podía mirarlo.

Y entonces, lo sentí. El golpe me sacó el aire del cuerpo. El puño de Choka me dio directo en el estómago y me doblé sobre mí misma, cayendo de rodillas al suelo con un gemido ahogado, sin poder respirar. Me ardía todo por dentro.

—Vaya, sí que no sientes nada por ella. Y yo que pensaba que…

Abrí los ojos de golpe. Ni siquiera me había dado cuenta de que los había cerrado. Jaden seguía ahí, quieto, en la misma posición. Álvaro estaba a su lado, rígido, con las manos apretadas en puños, a punto de saltar si Jaden no lo hacía antes.

—Ya está bien de gilipolleces —dijo Jaden, interrumpiéndolo—. ¿Vas a pelear o vas a seguir soltando mierda por la boca?

Sentí que alguien me levantaba con cuidado y me ayudaba a ponerme en pie. Era Lucía.

—¿Estás bien, Hero?

Negué con la cabeza, sin poder hablar, y me aferré a ella en un abrazo desesperado.

—Lo siento —susurró con lágrimas en los ojos.

Entonces Jaden habló otra vez. Su voz sonó diferente.

—Pero si gano yo… —Lucía y yo nos giramos hacia él— toda esta mierda se acaba. Desapareces de mi vida, y la deuda también.

Choka se quedó callado, dudando. Pero solo por un segundo. Luego volvió a su pose chulesca, seguro de sí mismo.

—Hecho.

La gente empezó a gritar otra vez y me costaba seguirles el ritmo.

Me sentía mareada, como si el suelo se moviera bajo mis pies.

Pero aun así, no pude apartar la mirada.

Las luces parpadeaban encima del círculo que se había formado en medio de la pista, dejando todo a medias tintas, como si estuviéramos dentro de una mala película.

Jaden y Choka estaban en el centro, uno frente al otro, tensos, con la mandíbula apretada. Parecían dos gallos antes de arrancarse a picotazos. Se miraban con tanto odio que hasta daba miedo.

De pronto, alguien golpeó una botella contra algo metálico y fue como si soltaran a los perros. Se lanzaron sin pensárselo, sin medir nada, a saco. Empezaron a pegarse sin piedad, como si de verdad quisieran matarse.

Los golpes sonaban secos, fuertes, y cada vez que uno conectaba, la gente chillaba.

Choka tiró el primer puñetazo, directo a la cara, pero Jaden lo esquivó por los pelos.

Se notaba que sabía moverse, aunque no era perfecto.

Había más rabia que técnica. Era más instinto que estrategia. Pero le servía.

Se empezaron a dar de verdad. Puños, empujones, codazos.

Jaden encajaba algunos, pero devolvía los suyos con más fuerza.

A veces parecía que Choka le iba a tumbar, y otras, que era Jaden el que estaba a punto de dejarlo fuera.

Iban reventados. El sudor les chorreaba por la cara, las camisetas pegadas, las manos enrojecidas.

Yo no podía dejar de mirar, aunque me daban ganas de hacerlo.

Era como una mezcla de miedo y de… no sé, impotencia. Me sentía atrapada.

En un momento, Choka lo agarró por la camiseta con tanta fuerza que pensé que lo iba a tirar al suelo de un tirón. Se me heló la sangre. Pero Jaden se soltó con un giro rápido y le metió un puñetazo que hizo que el otro tambaleara.

Y entonces, Choka cayó. Así. Como un saco. Se quedó en el suelo quejándose, medio noqueado.

Todo el mundo se volvió loco.

Jaden se quedó de pie, sin decir nada, respirando con dificultad, como si no creyera que lo había conseguido. Sus amigos corrieron a felicitarlo. Álvaro, Tommy, Lucía… todos. Y Marta.

Ella fue la primera en llegar. Se le tiró encima, literalmente. Él la abrazó con una sonrisa en los labios. La misma sonrisa de todas esas veces en las que me recogía en su moto y nos íbamos sin rumbo fijo, como si no existiera nada más.

Y la besó. Ahí. Delante de todos. Como si yo no estuviera viéndolos.

El mundo se me cayó a los pies. Me quedé helada. Sin aire. Marta me miró desde sus brazos, triunfante. Y yo sentí que me ahogaba.

Y justo ahí, cuando no podía estar más rota, más sola, noté una mano tapándome la boca.

Me levantaron del suelo como si no pesara nada y me arrastraron hacia el lateral del edificio.

No grité. No me dio tiempo. Me habían tapado la boca con un pañuelo que olía muy fuerte y hacía que me picaran los ojos. Me metieron en un coche negro.

Y todo mientras Marta seguía allí, viéndolo todo.