Ni un beso más de ti (Sin ti 2) Chapter 9 #2
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Chapter 9 #2

Demasiado rápido, lo sabía. No era el momento. Debería haber esperado, haberme asegurado de que esto no era solo un impulso. Pero le echaba tanto de menos que me fue imposible resistirme.

Era Jaden. Mi Jaden.

Y durante ese beso volví a sentir que lo tenía de vuelta.

Pero algo dentro de mí no terminaba de encajar. No entonces. No todavía.

La puerta de la habitación se abrió de golpe.

—¡Jaden!

Una voz nos hizo dar un paso atrás. Me giré y vi a un tipo que no conocía de nada.

Era grande, ancho, con una mirada que te ponía los pelos de punta.

Llevaba el pelo corto y despeinado, y esa barba de varios días le daba el típico aire de tipo malo, pero de los malos de verdad.

Iba vestido como si viniera de darse de hostias con alguien, y esa sonrisa chulesca dejaba claro que le importaba un carajo caer bien.

—Choka —dijo Jaden, y su tono cambió al instante. De tranquilo a tenso.

El tal Choka se acercó con paso seguro, como si la casa fuese suya. Me escaneó de arriba abajo, sin disimulo, y me lanzó una sonrisita torcida que me revolvió el estómago.

—¿Y esta preciosidad? ¿No me la presentas?

Miré a Jaden y noté cómo se le marcaba la mandíbula de pura tensión. Le lanzaba una mirada que decía: “ Dilo una vez más y te juro que…”

—¿Qué haces aquí? —soltó Jaden, ignorando su comentario.

—¿Qué crees? —Choka se rió por lo bajo mientras entraba como si la habitación fuera suya. Luego volvió a fijarse en mí—. Me han contado que ahora tienes novia… ¿Es ella?

Tragué saliva. No entendía nada, pero el ambiente se había puesto tenso en un segundo.

Jaden no respondió. Solo lo miró, con los ojos encendidos.

—Sospecho que sí —dijo Choka, y volvió a mirarme—. Es guapa. Demasiado para ti. —Y después me sostuvo la mirada—. Tu chico me debe algo. Y he venido a cobrármelo.

—Ella no tiene nada que ver con esto —saltó Jaden, dando un paso al frente.

Choka soltó una carcajada seca.

—O me pagas lo que me debes, o me lo cobro con ella.

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

—¿Qué es lo que te debe? —pregunté, sin reconocer mi propia voz.

Choka sonrió como si se estuviera divirtiendo de verdad.

—¿No sé lo has contado, Jaden? —Choka lo miró con una sonrisa malvada antes de dirigirse a mí—. Tu novio y yo hacíamos negocios… ya sabes, peleas, apuestas, dinero fácil. Pero hubo un trato que salió mal. Me costó caro —me explicó, y lo miró—. Y tú, Jaden, vas a pagar.

Me giré hacia Jaden, buscando una explicación en su cara, pero solo vi rabia contenida.

Sabía que Jaden tenía un pasado complicado, que la violencia había sido parte de él desde que lo conocí, pero esto…

esto era otro nivel. Nunca me había contado que había estado envuelto en peleas clandestinas ni en negocios turbios.

Y yo me estaba viendo arrastrada a ese pasado sin tener ninguna culpa.

—Hagamos esto fácil —continuó Choka—. Pelea esta noche. Aquí y ahora. La gente quiere verte volver, tío. Que se acabe tu etapa de niño bueno. Apostarán por ti, y todo lo que ganes será para mí. Así estaremos en paz.

Jaden dudó. Y eso fue suficiente para que yo empezara a temblar. ¿No estaría pensando en aceptar, verdad?

—Jaden… —Le agarré el brazo y negué con la cabeza—. No lo hagas.

Él me miró. Luego bajó la vista hacia donde lo tocaba, y vi cómo mudó su expresión al ver el anillo que me decoraba el dedo. Su anillo. Parpadeó, como si estuviera peleando con sus propios pensamientos, y volvió a mirarme a los ojos.

—Si no pelea —me interrumpió Choka, mirándome—, entonces vendrás conmigo.

Me giré hacia él, sin soltar a Jaden.

—¿Qué? ¿Por qué yo?

—Porque eres su chica —respondió como si fuera lo más lógico del mundo. Miró a mi novio—. Y, además, así me vengo de ti, Jaden… por haberte acostado con la mía.

Jaden gruñó. Literalmente. Como un maldito animal.

—Ni se te ocurra tocarla.

—Me estás tentando, colega. Tú decides. O peleas… o esta noche ella es mía.

Me adelanté sin pensarlo, pero Jaden se colocó delante, como para protegerme sin que pareciera demasiado evidente.

—¿Pero tú qué te has creído? ¿Que soy un trofeo o qué? —le solté, sintiendo cómo la rabia me hervía por dentro—. No soy de nadie.

—Tampoco es que tengas mucho que decir —respondió él, con una mueca—. Estás con él, así que formas parte del trato.

—Estás fatal de la cabeza —espeté.

—He dicho que no la vas a tocar —gruñó Jaden, y esta vez sonó a amenaza real—. Pelearemos.

Choka sonrió, satisfecho. Como si todo le estuviera saliendo redondo.

—No… —susurré, pero Jaden ya no me miraba. La decisión ya la tenía tomada y nadie le haría cambiar de opinión, ni siquiera yo.

—Prepárate —soltó Jaden, tenso, plantado delante de mí.

Choka se giró para irse, pero Jaden añadió, con voz baja y afilada:

—Y oye, Choka… llama a quien te dé la gana para las apuestas. Porque no vas a salir vivo de aquí y no pienso pagar ni una puta deuda.

Choka no se molestó en mirarlo. Simplemente se largó, dejándonos solos en la habitación de Lucía. Y de repente, el bajo de la música del salón volvió a sentirse con más fuerza. O a lo mejor era que ninguno de los dos decía nada.

Jaden se dio la vuelta lentamente y me miró. Durante unos segundos no dijo nada. Solo me sostuvo la mirada, como si estuviera decidiendo si contarme algo o no. Al final, habló.

—He recordado algo.

Sus ojos se encontraron con los míos, y sentí un nudo en el pecho.

—¿El qué? —pregunté enseguida, conteniendo la respiración.

—Es confuso, pero…

Se quedó mirando mis labios. Y yo no sabía si hablar o esperar

—¿Qué has recordado? —insistí, sin poder evitar que me saliera casi en un susurro.

Pero en lugar de responder a eso, soltó:

—Siento todo esto. Vete a casa. No quiero que te quedes a ver la pelea. Ese tío es capaz de cualquier cosa.

El aire salió de golpe de mis pulmones. Me estaba pidiendo que me fuera. Así, sin más.

—No puedes pelear —solté, sin pensarlo—. Las secuelas del accidente… aún no estás al cien por cien…

—Lo sé —me cortó. Su voz sonó más preocupada de lo que me habría esperado.

Me callé. No quería insistir demasiado, no si iba a levantar sospechas por estar tan pendiente. Pero lo que acabó saliendo de mi boca no era lo que tenía pensado decir.

—¿Era verdad lo que dijo? ¿Te acostaste con su novia?

Y ahí se le cambió la cara por completo. Las sombras de sus ojos se hicieron más profundas, tanto que su mirada me dio miedo. Era la misma mirada que le vi cuando se peleó con León en Ibiza, cuando casi lo ahogó.

Fuera, comenzaron a escucharse gritos y vítores. La noticia de la pelea ya estaba corriendo como la pólvora, y la gente empezaba a salir de la casa para bajar a la calle.

—No tengo que darte explicaciones de nada. Vete a casa —repitió él, serio.

Me miró unos segundos más y luego salió de la habitación, dejándome ahí, sin saber qué pensar.

¿Que no me tenía que dar explicaciones? Con la mente un poco más fría, empecé a procesar de verdad todo lo que habíamos hablado a solas.

El dolor se abrió paso en mi pecho, porque aunque no quisiera creerlo, Jaden había dejado muy claro que en ese momento no quería tener nada serio.

No quería tener nada conmigo. Y eso significaba que no tenía que darme explicaciones de lo que había hecho en el pasado, antes de mí.

Dudé. ¿Debía irme de verdad? ¿Dejarlo solo con ese tarado?

No quería que peleara. No después del accidente. No después de haber estado tan cerca de morir. Por mucho que me doliera que ahora no fuésemos nada, no quería que le pasara nada.

Salí de la habitación sin saber muy bien a quién buscar.

¿A Lucía? ¿A mi hermano? ¿Alguien que pudiera hacer algo?

La casa seguía hasta arriba de gente. Algunos seguían bailando como si nada, a otros se los había tragado la tierra.

Seguro que los amigos de Jaden ya habían bajado a ver la pelea. Mi hermano tampoco estaba.

“ Vete a casa”, fue lo último que me dijo.

Por un momento, solo un momento, había podido reconocer la forma en la que me miraron sus ojos cuando dijo que había recordado algo, como si me hubieran reconocido.

Fue como la manera que me miró aquella noche cuando me enseñó su lugar secreto en el edificio abandonado de la playa, la noche de las estrellas, la noche que me regaló el anillo.

Como si yo fuera la estrella de su vida.

Daría lo que fuera por volver a aquel momento…

—¡Hero!

Me giré al oír la voz de Lucía y la vi abriéndose paso entre dos chicas que bailaban como si no se estuviera montando la de Dios abajo.

—¡Lucía! —fui hacia ella, aliviada, y nos agarramos de las manos al encontrarnos.

—¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Jaden?

Le solté un resumen exprés de los últimos cinco minutos de mi vida: Choka, la deuda, la pelea, y cómo Jaden me había pedido que me fuera. Lucía empezó a fruncir el ceño a la mitad de la historia, y su cara fue perdiendo color a cada palabra.

—No, no, no, no. —Se llevó las manos a la cabeza, agobiada—. ¿Qué hace Choka aquí?

—¿Lo conoces?

Lucía me miró como si acabara de decir que no sé quién es Shakira.

—Sí… Es un tío que pensé que no volvería a ver en la vida —bufó entre la desesperación, la frustración y la preocupación—. Jaden hace meses que no pelea. Choka desapareció después de que Jaden lo dejara hecho polvo y pensábamos que todo se había quedado en esa última pelea.

Me quedé en silencio, procesando. Sabía que Jaden había sido un cabrón en el pasado, que jugaba con las chicas, que le había hecho daño incluso a mi ex mejor amiga.

Pero nunca imaginé que en algún momento de su vida se hubiera metido en algo así.

¿Qué más había además de esas peleas clandestinas?

¿Drogas? ¿Robos? ¿Estaba segura de que realmente conocía a Jaden?

—¿Por qué nadie me lo contó? ¿Por qué no sabía que Jaden había estado metido en todo esto? ¿Por qué no me lo contó él?

—Por lo mismo por lo que no te contó lo de Claudia. Porque ya no estaba metido en estas mierdas cuando te conoció —respondió Lucía sin dudar—. Lo dejó todo meses antes.