Chapter 8 #2
¿Qué quería exactamente? ¿Ganarse mi confianza? ¿Hacerme sentir incómoda?
—No estamos aquí para esto, Michael. —Mi voz sonó firme. Él solo sonrió más.
—¿Para qué?
—Para tonterías.
—No son tonterías. Solo quiero saber qué hay detrás de esa mirada tuya.
Mis ojos.
Jaden siempre decía que era lo que más le gustaba de mí. Que fue lo que le hizo recordarme, después de tantos años.
Jaden.
Mi Jaden.
—Pues no es asunto tuyo.
—¿No? —Se inclinó un poco—. Creí que podíamos tener una conversación. Como adultos.
Puse los ojos en blanco y me eché un poco hacia atrás.
—No somos amigos, Michael.
No creía que él y yo tuviéramos absolutamente nada en común como para poder llegar a ser amigos.
—Esa palabra suena muy aburrida. Prefiero algo más interesante.
¿Algo más interesante? ¿Qué demonios significaba eso?
—No sé qué buscas, pero conmigo no va a ser.
—¿Y si no busco nada? ¿Y si solo estoy disfrutando de lo que veo?
—Entonces busca a otra a quién mirar, o molestar.
Me giré, dispuesta a volver dentro. Pero él no se quedó allí, sino que escuché que me seguía. Como una sombra. Como una tentación que no quería serlo.
—¿Siempre eres tan esquiva, Reina? —preguntó, usando otra vez ese apodo que me hacía rodar los ojos más que suspirar—. ¿O solo cuando crees que voy a descubrir algo que prefieres esconder?
Ah. Ahí estaba. El verdadero motivo de haberse acercado a mí. Por algún motivo que desconocía, Michael sospechaba de que estaba escondiendo algo. Pero, ¿el qué? ¿Y por qué pensaba que podría estar escondiendo algo una chica que había venido desde España a la boda de su padre?
—No tengo nada que esconder. Simplemente no me interesas —lo solté sin rodeos, sin dejar de mirarle.
—Eso está por ver. —Esa seguridad suya me sacaba de quicio. Y lo peor era que se notaba que disfrutaba con el tira y afloja.
Espera… ¿Es que acaso creía que yo…? ¿Que yo estaba interesada en él? Solté una carcajada interna. No me lo podía creer. ¿Creía que estaba interesada en su dinero? ¿Qué demonios le habría llevado a hacerse esa idea?
Me giré hacia él, cruzando los brazos. La ansiedad que me había traído aquí fuera empezaba a convertirse en irritación. Notaba la piel fría y el cuerpo en tensión.
—Tengo novio —lo dije con firmeza. Claro y directo.
Michael soltó una risa suave, como si acabara de decirle algo absurdo.
—¿Sí? Vaya, debe de ser un novio muy peculiar si te deja sola en medio de toda esta fauna que no quita el ojo de encima a la futura heredera de tu padre.
¿Y él qué? ¿No estaba haciendo lo mismo?
—¿O te lo has dejado en el lugar del que vienes? —añadió con ese tonito suyo.
—No es asunto tuyo —respondí más cortante de lo que planeaba.
—¿Y si quiero que lo sea? —dio un paso más. A prueba de límites.
—No, no lo querrás. —Clavé los ojos en los suyos. La tensión era real, pero teníamos intenciones muy distintas. Y él lo sabía.
Por dentro, me daban ganas de girar la mano y cruzársela en la cara. ¿Quién se creía para intentar meterse en mi vida?
—Eso también está por ver —repitió, con esa sonrisa suya que ya me estaba empezando a hartar.
A ver si al final el que estaba interesado en mí —y en la supuesta fortuna de mi padre— era él.
—No juegues conmigo —lo dije bajito, pero no por falta de fuerza. Era más una advertencia que una amenaza.
—¿Y si quiero jugar? ¿Y si me apetece saber quién eres de verdad? —entrecerró los ojos.
Fruncí el ceño.
—No vas a descubrir nada de mí.
—¿Tú crees? A veces las personas que más aparentan tenerlo todo claro son las que más se esconden.
—Tú no sabes nada de mí.
—Ximena dice que eres la chica más dulce que ha conocido en su vida. Pero no es lo que estoy viendo ahora mismo. —Me miró como si intentara leer entre líneas.
—Quizá es que no me sale ser dulce con alguien que se mete en mi vida sin preguntar.
—Pero sí te salió con mi hermana.
—Ella me cae bien. —Me encogí de hombros—. Y no me juzga sin conocerme.
Michael sonrió otra vez. Como si se divirtiera.
—Mi hermana no es precisamente la mejor midiendo el carácter de la gente, ¿no crees?
—No tengo ni idea. Pero si mi padre confía en ella, yo también —dije con frialdad, dejando claro que su opinión no me importaba.
—La confianza se gana, no se regala —dijo, cruzando los brazos mientras me miraba fijamente.
—Exacto. Por eso no confío en extraños.
Y lo que quería decir era que no confiaba en él.
—Entonces tenemos algo en común —respondió, como si eso fuera una especie de avance entre nosotros.
—No veo cómo esto pueda llegar a ser una conversación normal. —Me estaba cansando del juego que se traía y no estaba de humor para tonterías.
—Quizá no necesitamos una conversación normal. Las raras a veces son más interesantes. —Se acercó otro poco. Yo ni me moví.
—Estoy aquí con mi hermano. ¿Y sabes? No tengo ningún interés en tener una conversación contigo ni con nadie más.
—¿Entonces qué haces aquí? Si tan incómoda estás, ¿por qué no te vas?
Su pregunta me pilló un poco a contrapié. Su mirada se quedó quieta en mi cara, como si esperara una respuesta que no iba a darle.
—Porque es mi fiesta de bienvenida. No puedo desaparecer así como así —dije, retrocediendo otro paso más.
Su perfume me llegó fuerte. Elegante. Insoportable. El tipo de olor que se te queda en la piel aunque no quieras.
—¿Y por qué no?
Michael volvió a acercarse. Yo retrocedí. Era tan atractivo que tenerlo tan cerca me ponía nerviosa. Y la combinación del tatuaje del cuello y el traje le quedaba tan bien…
Céntrate. Si te lo vuelves a comer con la mirada, se dará cuenta.
—Porque hay cosas que están por encima de lo que yo quiera ahora mismo —intenté mantenerme firme, aunque por dentro lo tenía todo revuelto.
Jaden. Piensa en Jaden.
—¿Y qué cosas son esas, Reina? —Su voz bajó un poco, tan suave que me recorrió la espalda como un escalofrío.
—Mi familia, por ejemplo.
—Ya... Pero, ¿y si yo pudiera darte algo que ni tú sabías que querías? —Me miró con una expresión que no supe leer del todo. Como si realmente creyera que podía darme algo que yo necesitaba.
Ahora estaba muy cerca de mí y su perfume estaba haciendo que las hormonas se me pusieran tontas.
—No necesito nada de ti. —La voz me tembló.
Y no lo dije solo por él. Lo dije también para convencerme a mí misma.
Y entonces lo entendí todo.
Sabía que yo estaba fuera de lugar, que me agobiaban este tipo de fiestas, que había salido a respirar porque me estaba superando.
Y eso, justo eso, era lo que me estaba ofreciendo: una salida.
Y yo acababa de decirle que no.
—Puede que no lo necesites —dijo él, dando un paso atrás—. Pero eso no significa que no lo desees.
Y sin decir nada más, se dio la vuelta. Dejando solo su olor y silencio.
No supe qué pensar de todo lo que había dicho. Primero parecía que había venido en son de paz, luego parecía estar ligando conmigo, luego soltó esa pulla sobre el interés y el dinero, y ahora iba de…
No sé a qué estaba jugando, pero sí tenía claro que no podía acercarme a él más de lo necesario.
Me tomé un par de minutos antes de volver a entrar. Fui directa a por una camarera con bandeja de champán. Agarré una copa y me la bebí casi sin respirar. Ella me miró con media sonrisa cuando dejé la copa vacía y agarré otra.
—Ey —sentí la mano de mi hermano bajándome el brazo justo antes de que me bebiera la segunda—. Hermanita, ¿qué haces?
Reid miró de reojo a la gente que tenía los ojos puestos en mí y me quitó la copa de los dedos.
—¿Tú conoces a Michael, el hermano de Ximena?
Frunció el ceño.
—Sí. ¿Por?
—Es un gilipollas.
Reid soltó una risa seca mientras me sacaba de allí, aún con mi brazo agarrado, como si no pensara soltarme en lo que quedaba de noche. Dejó la copa en una mesa cercana y seguimos andando entre la gente.
—Lo es, a ratos —murmuró—. No te lo tomes a pecho. Tiene el ego por las nubes.
Recorrí la sala buscándolo con la mirada sin saber muy bien por qué.
Lo vi hablando con una mujer que podría tener aproximadamente su edad.
Alta, incluso sin tacones. Y sonriendo. Había salido de la terraza prometiéndome que podía llevarme a cualquier parte si lo quería, y ahora estaba ligando con otra mujer.
—Y tanto. Necesita que alguna chica le baje esos humos de ligón.
Levantó las cejas, sin dejar de sonreír.
—Michael es de todo, menos un ligón, de eso estoy cien por cien seguro.
Seguí observando a Michael. Su atractivo llamaba la atención de casi todas las mujeres de la sala. Mirase donde mirase, había una mujer observándolo. Bufé. Normal que tuviera el ego por las nubes.
—De hecho, si no fuera porque hace tres años cortó con la única novia que ha tenido, te diría que es virgen…
¿Michael virgen? Si tenía toda la cara de un perturbado sexual. En ese momento le dijo algún comentario que hizo reír a la mujer que le hacía compañía. Parecía tan relajado a diferencia de lo tenso que estaba conmigo…
—Y es el mismo tiempo que hace que no lo veo con ninguna chica de su edad.
Eso me llamó la atención. Lo miré. A mi hermano. Luego a Michael, y otra vez a mi hermano.
—Pues ahora mismo se está ligando a esa. —Le señalé con las cejas donde estaban Michael y la mujer.
Reid miró en aquella dirección y se rio.
—Esa es Elisabeth, su prima.
Ah, mierda.
—No lo vas a ver con nadie que no sea familia, te lo aseguro.
Está literalmente obsesionado con las mujeres lo quieren cazar por el dinero.
Tuvo un mal rollo por eso con su ex —explicó mi hermano, sin pelos en la lengua—.
La chica le robaba dinero para dárselo a escondidas al tipo con el que le ponía los cuernos.
Abrí los ojos como platos. Mis pies se quedaron quietos en mitad de la sala.—¿Qué?
—Sí. La última vez que hablé con Michael aún estaba liado con los abogados y los juicios —entrecerró los ojos—.
Una pena. La chica siempre me pareció que era un sol; me recordaba a ti, con esa inocencia que parecía llevar grabada en la piel, como tú.
Pero no era lo que parecía ser. Todo era un puta fachada.