Ni un beso más de ti (Sin ti 2) Chapter 4 #2
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Chapter 4 #2

—¿Entonces cómo voy a volver a verte? —preguntó, con sus ojos clavados en los míos.

Mi corazón dio un vuelco. No poder volver a verlo me dolía más de lo que quería admitir. Tenía que encontrar alguna excusa para que nuestros caminos se cruzaran otra vez.

Sonreí un poco y me acerqué a su oído.

—Tenemos amigos en común. Puedes ir investigando mientras estés aquí. —Me solté con esfuerzo de su agarre—. Descansa.

No me atreví a mirarlo más, sentía que si lo hacía, se me saltarían las lágrimas. Si él me recordara, no me separaría de su lado ni un segundo.

—Oye —me llamó. Me detuve y lo miré desde la puerta. Tenía el ceño fruncido—. ¿Nos conocíamos de antes?

Grace se puso a mi lado y me hizo un pequeño gesto para que no dijera nada. Mis ojos volvieron a él.

—Si así fuera, ¿no lo sabrías?

—Bueno —inclinó la cabeza—, he perdido la memoria, así que no, no lo sabría.

Me quedé sin palabras, tragando saliva.

—Aunque estoy seguro de que no podría olvidarme de ti —añadió con una media sonrisa.

Pero lo hiciste. Me olvidaste.

—Buenas noches, señor Murphy. —Le devolví una sonrisa triste y me despedí de Grace con una sola mirada.

Salí del hospital después de cambiarme en los baños.

Caminé rápido hasta el coche de mi madre, sabiendo exactamente lo que tenía que hacer.

Eran las seis de la mañana, pero no podía quedarme quieta.

Conduje hasta la casa de Claudia y llamé tres veces al timbre.

Esperé, con el corazón latiéndome a mil, hasta que se encendió la luz de la entrada.

La madre de Claudia, Susana, abrió con cara de sueño, la bata medio puesta y marcas de sábanas en la cara.

—¿Hero? ¿Qué pasa? Son las seis…

—¿Está Claudia?

—Mamá, ¿quién es? —Oí su voz detrás de ella.

La vi aparecer con su pijama de nubes azules, despeinada. Al verme, sonrió como si nada. Yo no pude ni devolverle la sonrisa. Entré un paso y me planté al pie de las escaleras.

—¿Cómo pudiste hacerme esto, Claudia? —pregunté con un nudo en la garganta.

—Hero… —Su madre me tocó el hombro, preocupada—. ¿Qué ha pasado?

—¿De qué hablas? —preguntó Claudia, como si no entendiera nada.

—¡No te hagas la tonta! —Su madre dio un respingo al oírme gritar—. Me dijiste que Jaden había muerto en el accidente. Me hiciste creer que mi novio estaba muerto cuando sabías que estaba vivo.

Claudia abrió los ojos como platos.

—Hero, yo…

—¿Qué pensabas? ¿Que no me enteraría al volver?

¿Que nadie me diría que seguía vivo? ¿Que Lucía no me contaría que la llamaste para saber dónde estaba Jaden y que te dijo todo, que estaba bien y que no debía saberlo?

¿Por qué me mentiste? ¿Qué querías? ¡Me dijiste que habías notado que Jaden quería estar conmigo de verdad!

¿Y, luego, haces esto? ¿Querías separarnos?

—Las palabras me salían atropelladas mientras ella solo me miraba con lágrimas en los ojos—.

Me hiciste creer durante dos semanas que había muerto, y ahora sé la verdad.

—Hero, por favor, déjame explicarte…

—¿Explicarme? ¡No mereces que te escuche!

—Hero, no entiendes…

La madre de Claudia abrió con cara de sueño, la bata medio puesta y marcas de sábanas en la cara.

—¿Hero? ¿Qué pasa? Son las seis…

—¿Está Claudia?

—Mamá, ¿quién es? —Oí su voz detrás de ella.

La vi aparecer con su pijama de nubes azules, despeinada. Al verme, sonrió como si nada. Yo no pude ni devolverle la sonrisa. Entré un paso y me planté al pie de las escaleras.

—¿Cómo pudiste hacerme esto, Claudia? —pregunté con un nudo en la garganta.

—Hero… —Su madre me tocó el hombro, preocupada—. ¿Qué ha pasado?

—¿De qué hablas? —preguntó Claudia, como si no entendiera nada.

—¡No te hagas la tonta! —Su madre dio un respingo al oírme gritar—. Me dijiste que Jaden había muerto en el accidente. Me hiciste creer que mi novio estaba muerto cuando sabías que estaba vivo.

Claudia abrió los ojos como platos.

—Hero, yo…

—¿Qué pensabas? ¿Que no me enteraría al volver?

¿Que nadie me diría que seguía vivo? ¿Que Lucía no me contaría que la llamaste para saber dónde estaba Jaden y que te lo contó todo, que estaba bien y que no debía saberlo?

¿Por qué me mentiste? ¿Qué querías? ¡Me dijiste que habías visto que Jaden quería estar conmigo!

¿Y luego haces esto? ¿Querías separarnos?

—Las palabras me salían atropelladas mientras ella solo me miraba con lágrimas en los ojos—.

Me hiciste creer durante dos semanas que había muerto, y ahora sé la verdad.

—Hero, por favor, déjame explicarte…

—¿Explicarme? ¡No mereces que te escuche!

—Hero, no entiendes…

—Entonces explícamelo. —Crucé los brazos, retándola—. ¿Por qué me mentiste así?

—Solo quería protegerte.

—Siempre la misma excusa.

La miré fijamente. Ella no apartó la mirada y empezó a asentir, pensativa.

—Tenía envidia de lo que tenías con él. —Dejé de respirar por su confesión, aunque no me sorprendió en lo más mínimo.

Empezó a bajar los escalones uno a uno, cambiando el gesto de su cara de tristeza y preocupación, a maldad absoluta.

Una cara que, sin duda, no había visto de ella—.

Me preguntaba porqué tú sí y yo no. ¿Qué tenías tú que yo no tuviese?

Llegó al rellano de las escaleras y dio unos últimos pasos hasta situarse delante de mí. Ahora su rostro cambió al dolor y sus ojos se humedecieron.

—Pero después me di cuenta que eres mejor que yo en todos los aspectos y que no merecías a un tío como él para que te destrozara la vida como me hizo a mí. Conozco a Jaden y eto es lo que va a pasar si no lo dejas, Hero.

—No tenías que mentirme para decirme esto —la encaré —. Yo no soy tú, Claudia. Mi vida no es la misma que la tuya y, desde luego, mi relación con Jaden no se parece en nada a lo que tú tuviste con él.

Mis palabras parecieron calarle muy hondo, ya que una lágrima cayó por su mejilla. No me importó. Ella me había causado un dolor mucho más fuerte con sus mentiras. Tando mental como físico.

—Fue la última oportunidad que tuve para separaros. No me arrepiento.

Solté una risa sarcástica recordando la forma en que me consumí de dolor por una mentira que ella decía no arrepentirse.

—¿Sabes por qué te pedí que lo buscaras? —Claudia tardó un segundo en reaccionar antes de negar con la cabeza, tragando saliva—. Acababa de enterarme de que estaba embarazada de Jaden.

Su cuerpo se quedó rígido y ahora sí que veía el arrepentimiento en sus ojos. A mi lado, su madre se llevó la mano a la boca.

—Pregúntame qué pasó tres días después de que me dijeras que mi novio, el padre del bebé que llevaba dentro, había muerto.

Apreté la mandíbula. Claudia empezó a negar con la cabeza, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Tuve un aborto —solté por fin—. Ansiedad, depresión, un novio muerto y un aborto.

Ella intentó acercarse, pero yo di un paso atrás.

—Y tú no te arrepientes de nada —escupí —. Te creía más que mi mejor amiga. Eras mi hermana. La que elegí. Y ahora… ahora eres basura en mi vida. No me llames, no me escribas. Para mí ya estás muerta.

Me giré y salí de esa casa sin mirar atrás.

♡

Eran cerca de las ocho cuando volví a casa.

Después de caminar sin rumbo por la Alameda, con el estómago vacío y la cabeza a punto de explotar, solo quería tumbarme.

Al entrar, vi a Reid durmiendo en el sofá.

El ruido de la puerta lo despertó… y también a Lucía, que estaba en el sofá de enfrente.

Ambos me miraron como si acabara de volver de la guerra.

—¡¿Que has estado dónde?! —gritó Lucía, llevándose las manos a la cabeza.

Reid me miró con una sonrisa medio dormida mientras se incorporaba y se sentaba. Bostezó y se estiró sin ninguna prisa. Nunca lo había visto tan cómodo con una chica. Algo me decía que ahí había tema, pero decidí dejar esa sospecha para otro momento.

—Tenía que verle —dije sin rodeos.

—Ya sé que querías verle, Hero, pero esto no va solo de ti. —Lucía cruzó los brazos, como si fuera mi madre—. Forzarle a recordar puede ser peligroso. Es como meterle un petardo en la cabeza. Todo a la mierda.

—No le he dicho quién soy. Pensó que era una enfermera.

—¿Una enfermera? Venga ya… No me digas que te colaste, te afanaste un uniforme y te hiciste pasar por una más del turno. —Lucía me miró boquiabierta.

—Pues sí, exactamente eso fue lo que hice. Grace puede confirmártelo si quieres.

Reid alzó las cejas, flipando.

—Vale… ¿Y qué ha pasado cuando te ha visto? ¿Te ha reconocido?

—No. Pero… —Suspiré, jugando con las manos—. Se ha puesto a ligar conmigo.

—Muy Jaden —comentó Lucía, dejándose caer al lado de Reid con una sonrisa—. Tenemos que hacer algo.

—¿Hacer qué? —Reid la miró, frunciendo el ceño.

—Un plan para que la recuerde, ¿qué va a ser si no?

—¿Y qué va a hacer? ¿Repetir todo lo que vivieron antes?

—Podría funcionar… —murmuró Lucía.

—Yo no lo veo. —Reid negó con la cabeza—. Y mira que odio daros la razón, pero recrear lo de antes solo va a frustrarla si él no recuerda nada. Mejor que construyan algo nuevo.

—¿Un nuevo comienzo? —pregunté, sintiéndome un poquito más esperanzada.

—Exacto. —Reid se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas—. Si no puede recordar lo que tenía contigo, pues que se enamore de ti otra vez. Desde cero. Quizá eso le ayude a recordar… o quizá simplemente se vuelva a enamorar.

—Pues no es mala idea —dijo Lucía.

—Bueno… hay un pequeño detalle —dije, mordiéndome el labio—. No le dije que me llamaba Hero. Le dije que me llamo Lia. De Emilia.

—¡Perfecto! —soltó Lucía—. Así le damos juego. Si supiera quién eres desde el minuto uno, se volvería loco intentando averiguar qué tuvisteis.

—¿Y si empieza a preguntar por mí? Por Hero, digo.

—El médico fue claro. Nada de forzarle. Y mucho menos contarle lo del accidente.

Lucía se encogió de hombros.