Chapter 3
Capítulo uno
Lucía
Tengo que ser sincera. No me separé de Jaden en ningún momento.
Alice venía y se iba, sobre todo cuando a su madre le tocaban las sesiones de quimioterapia, que la dejaban hecha polvo, sin ganas ni fuerzas para venir al hospital.
Así que yo me quedaba. No tenía nada mejor que hacer que estar con él, con mi mejor amigo.
Sabía que él habría hecho lo mismo por mí.
A su padre le dieron un par de días libres cuando Jaden despertó, pero tampoco es que pudiera dejar a su tío solo durante semanas en el taller y a su madre sola en casa cuando estuviera mal.
Odiaba los hospitales, se le notaba, así que nos íbamos turnando.
Un día Alice, otro su padre y otro yo. Y, muy de vez en cuando, cuando tenía fuerzas, venía su madre, aunque siempre acompañada por uno de los tres.
Jaden estaba animado. Le habían quitado las escayolas, le hicieron unas pruebas y todo apuntaba a que iba bien. Los médicos no se explicaban cómo había salido vivo de ese accidente. Pero yo… yo no podía estar más feliz. Él era fuerte. Muy fuerte.
Había sido un milagro.
Eso sí, los chicos vinieron todos de golpe un día y se colaron en la habitación como si fuera una fiesta sorpresa.
Vinieron todos, sin faltar uno, y yo casi me atraganto del susto cuando vi a Álvaro, el chico del que siempre estuve colada, y a Tommy, mi ex, en la misma habitación.
El ambiente se tensó, pero Jaden saludó a Tommy como si nada.
Casi me da algo. Luego él soltó, tan pancho, que no recordaba muchas cosas de los últimos meses, y todos me miraron como si hubiera cometido un crimen por no mencionarles antes de que vinieran lo que estaba pasando.
A ver, solo les dije que estaba despierto y fuera de peligro…
no pensé que fuera tan relevante. Aunque, en ese momento, sí que era bastante relevante.
Lo que me jodió, y mucho, fue ver aparecer a Marta. Sí, Marta. La ex folla amiga de Jaden. La Megan Fox de saldo. Entró como si nada, le dio un abrazo de película y hasta le plantó un beso. Todos nos quedamos tiesos. Álvaro, Pablo, León y yo. Porque claro, Jaden no recordaba nada… ni a Hero.
Y eso era lo peor. Nadie podía mencionarla. Como si no hubiera existido. Como si no la hubiera amado.
La puerta se abrió de golpe y entraron su madre, la enfermera y su hermana. La enfermera casi entró en pánico al ver tanta gente en la minúscula habitación y nos echó a casi todos. Me dejaron quedarme a mí, a su madre y a su hermana. Y justo entonces llegó el médico.
—Estás progresando mejor de lo que esperábamos —le dijo a Jaden mientras revisaba los informes—.
Has salido de un coma, y aunque hay pérdida de memoria, tu cuerpo está recuperándose bien.
Es increíble, la verdad. La memoria puede volver poco a poco, no sabemos cuándo ni cuánto, pero el resto está muy bien.
Vamos a darte el alta en breve, aunque vas a necesitar seguimiento y algo de rehabilitación.
Yo le apretaba la mano a Jaden, y él me la devolvía con una sonrisa leve. Tenía buen aspecto. Parecía el de siempre, aunque por dentro faltaba media historia.
—Lo importante es que no intentes forzar los recuerdos —añadió el médico—. Si los buscas a la fuerza, puedes hacer que se bloqueen más. Es mejor dejar que vuelvan solos, cuando tu mente esté preparada. La terapia puede ayudar mucho, pero lo esencial es tener paciencia y cuidarte.
Jaden asintió, serio, y yo estaba tan pendiente de él que casi no noté que el móvil me estaba vibrando en el bolsillo. Miré la pantalla y se me heló la sangre. Era Yolanda. La madre de Hero.
Me fui a la esquina de la habitación y descolgué, intentando que nadie notara el temblor de mi voz.
—¿Sí?
—Lucía, Hero acaba de volver. Tienes que venir rápido. Las cosas… no han salido bien.
—¿Qué? Espera, háblame más lento. ¿Qué ha pasado?
—Alguien le contó lo del accidente de Jaden. Pero no es solo eso. Le dijeron que… había muerto. Y ya han pasado dos semanas desde que se lo dijeron.
Me quedé paralizada. Se me aceleró el corazón como si fuera a salírseme del pecho.
—¿¡Cómo!? —exclamé en voz alta. Todos en la habitación me miraron. Me tapé la boca con la mano, avergonzada.
—Lo siento, salgo un momento —dije, saliendo corriendo. Alice vino detrás, con cara de susto.
—¿Quién le ha dicho eso? —le pregunté a Yolanda, con la voz temblorosa.
—No lo sabemos. Desde que volvió esta mañana está encerrada en su habitación. Su hermano dice que…
La voz de Yolanda se quebró. Escucharla así me rompió por dentro.
—¿Qué? ¿Qué dice? —pregunté casi sin aliento.
—La misma noche que le dijeron que Jaden había muerto… se enteró de que estaba embarazada.
Hero… Hero estaba e mbarazada.
La imagen de un bebé con los rasgos de Jaden me estalló en la cabeza. La misma forma de sus ojos, el relleno de sus labios, la sonrisa de su padre. Jaden abrazando a su bebé…
—Pero, Lucía… —siguió Yolanda, ya llorando—. Eso no es lo peor. La tristeza, la ansiedad, todo ese dolor de creer que Jaden había muerto… ha hecho que lo pierd a.
La imagen se hizo añicos en mi mente.
Un sollozo se me escapó sin poder evitarlo y me dejé caer en una de esas sillas de plástico azul del pasillo, las que siempre están frías y suenan al sentarte.
Sentía como si se me hubiera roto algo dentro.
Tenía la garganta hecha un nudo, y no era capaz de procesar nada.
Solo podía pensar en Hero. En todo lo que estaba sintiendo.
En lo sola que debía de haberse sentido.
—¿Qué? No, no, no… Joder… Hero… —Me tapé la cara con las manos, intentando calmarme—. Pero ¿quién? ¿Quién le ha dicho eso?
—No lo sé, Lucía. Nunca debimos ocultárselo.
Nunca debimos esperar a que regresara… —Yolanda rompió a llorar al otro lado del teléfono—.
Ella no sabe que Jaden sigue vivo. No lo sabe.
Se ha encerrado en su cuarto y no quiere ver ni hablar con nadie.
Está… apagada. Mi niña ya no es la que era.
Necesito que vengas. Tienes que decírselo tú.
Tienes que ayudarme… o se me va a morir de pena.
Sentí que me temblaba todo. Me pasé las manos por la cara empapada de lágrimas, sin saber cómo reaccionar. Pero lo que sí sabía era que tenía que ir. Tenía que estar con ella. Tenía que sacarla de ese pozo.
—Voy. Voy ahora mismo —contesté sin pensarlo.
Corté la llamada con las manos aún temblando.
—¿Qué pasa? Te has puesto blanca —preguntó Alice, alarmada.
—Alguien le ha dicho a Hero que Jaden murió en el accidente —le solté, sin poder disimular el temblor de mi voz—. Y estaba embarazada, Alice… y ha perdido al bebé.
Alice se quedó muda. Se le llenaron los ojos de lágrimas y negó con la cabeza, en shock. La abracé enseguida, porque sabía cuánto quería a Hero y lo unidas que estaban sus madres. Le dije que tenía que irme a verla, y ella, sin pensarlo, dijo que venía conmigo.
Le mandamos un mensaje rápido a su madre para no interrumpir la visita en la habitación de Jaden y salimos disparadas hacia casa de Hero.
Conseguimos aparcar cerca, y nada más subir, fue Yolanda quien nos abrió la puerta.
Tenía la cara destrozada de tanto llorar.
Nos dejó pasar y, al fondo del salón, vi a un chico sentado en el sofá.
Joven. Muy guapo, la verdad. Tenía los codos apoyados en las rodillas y la cabeza baja.
Supuse que era el hermano de Hero. Reid.
Cuando levantó la mirada y nuestras miradas se cruzaron, se puso de pie y se metió las manos en los bolsillos.
—Hola, tú debes de ser Lucía —dijo con voz grave. No parecía tan joven. Yo diría que era un poco mayor que yo.
—Sí. Y ella es Alice, la hermana de Jaden.
—Nos conocemos —dijo Alice, adelantándose y dándole un abrazo a Reid.
—¿Cómo está tu hermano? —le preguntó él, separándose un poco.
Alice se encogió de hombros, con la cara igual de tensa que la mía.
—Está bien… más o menos. ¿Dónde está Hero?
—Venid, os acompaño —dijo Yolanda, apareciendo detrás de nosotras.
Fuimos tras ella por el pasillo hasta llegar a una puerta cerrada al fondo. Yolanda la abrió con cuidado. Estaba todo oscuro, las persianas bajadas y la habitación en penumbra.
—Cariño, tienes visita.
—No quiero ver a nadie —respondió Hero desde dentro. Su voz sonaba rota. Ni siquiera parecía ella.
Miré a Yolanda, sin saber muy bien qué hacer.
—Cuando se enteró de lo del aborto —susurró Reid detrás de mí— y llegamos a casa de mi padre, esa noche desapareció. Se fue. Michael, un amigo, la encontró tirada en medio de la nada, temblando de frío. En shock. Estuvo horas gritando. Se hizo daño en las cuerdas vocales.
Tragué saliva y cerré los ojos con fuerza. ¿Michael? Ni idea de quién era, pero ahora mismo eso me daba igual.
—Hero, soy yo. Lucía —dije en voz baja, acercándome.
Entonces la oí llorar. Esos sollozos que te desgarran por dentro. Me acerqué de dos zancadas y me senté a su lado en la cama, abrazándola como pude por encima de las mantas.
—Oh, Hero…
—Lucía…
Salió de debajo de las sábanas como pudo y se agarró a mí, llorando como si se le fuera la vida. Me abrazó tan fuerte que me costaba respirar. No sabía por dónde empezar. No sabía cómo soltarle que Jaden seguía vivo… que había sufrido un aborto creyendo una mentira. Una maldita mentira.
Y lo peor es que yo ya sabía quién se la había dicho. O al menos estaba segura de ello.
—No… no estuve aquí… tenía que haberme quedado… con él… con él… —balbuceaba entre lágrimas, con la voz tan rota que casi no la entendía.
—Eh, no, no, no —le susurré, acariciándole la espalda—. Tú no tienes la culpa de nada, Hero. Te lo juro. Nada de esto es culpa tuya.
—Nunca… nunca le dije que lo quería, Lucía —sollozó más fuerte, destrozada—. Nunca le dije que estaba enamorada de él… y ahora… ahora…
—Aún puedes decírselo, Hero.
Se separó de mí un poco, con el ceño fruncido, y la respiración entrecortada, como si no terminara de entender lo que acababa de decirle.
—¿Q-qué?
—Jaden no está muerto .