Capítulo 32
CURLY EVANS
Así es como me sentía con la fractura de tobillo, justo ahora que estaba más impedida que nunca.
Irónico, ¿verdad?
Pero por primera vez en mucho tiempo… podía respirar.
Ahora mi madre, Susan Elisabeth Andrews, ya no podía exigirme nada. Nada. Ni dietas imposibles. Ni sonrisas perfectas. Ni cuerpos irreales.
NADA.
Y aunque me doliera hasta el alma cada vez que intentaba moverme… joder, qué bien sentaba dejar de ser su puta marioneta.