New York (Skyline 2) Capítulo 27
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Capítulo 27

CURLY EVANS

La distancia no salva a nadie

Pero… señoras y señores, la sorpresa no se quedó ahí.

Tyler tuvo el privilegio de conocer en persona a Nigel Mansell, charlar con él, echar unas risas y empaparse de anécdotas que, estoy segura, se llevaría grabadas en la memoria para el resto de sus días.

Sin lugar a dudas fue un momento memorable, infinitamente mejor de lo que había imaginado cuando empecé a planear todo aquello.

Por primera vez vi a Tyler despreocupado, en su salsa, como se suele decir.

No parecía fuera de lugar ni desubicado.

Al contrario: me di cuenta de que realmente pertenecía a ese mundo.

A su mundo.

El motor era su calma y su paz… pero también su herida abierta, por todo lo sucedido en el pasado.

Era su identidad, al fin y al cabo, su huella digital, algo que llevaba grabado bajo la piel.

Y me alegraba en el alma haber sido la responsable de volver a encender esa chispa que llevaba demasiado tiempo apagada.

Porque a la mañana siguiente… el regalo de cumpleaños aún no había terminado. De hecho, estaba a punto de completarse: subirse a un monoplaza.

Después de dejar el hotel y a pesar de que Tyler pensaba que regresábamos a la carretera para volver a Nueva York, lo llevé de nuevo al Indianapolis Motor Speedway. Su desconcierto fue evidente durante todo el trayecto.

—¿Otra vez aquí? —me preguntó frunciendo el ceño—. ¿Qué estás tramando, pelirroja?

Yo me limité a sonreír.

Cuando entramos en el paddock y nos acercamos a los boxes, su sorpresa creció aún más.

Y entonces lo vio.

En el interior del box le esperaba un monoplaza negro, brillante bajo las luces del garaje, bello y agresivo como una pantera lista para saltar sobre su presa.

A su lado, perfectamente ubicado sobre un banco metálico, descansaba el equipamiento completo: el mono ignífugo de competición, el casco integral, los guantes y las botas.

Tyler se quedó completamente quieto mirando el coche, mirando el traje y mirándome a mí.

—Curly… —murmuró con incredulidad.

Sonreí.

—Feliz cumpleaños, piloto.

Le vi tragar saliva despacio y cómo un sudor frío y perlado empezaba a empaparle la frente.

—Buenos días, Tyler. Soy Mark Reynolds, coordinador de pruebas del circuito —nos interrumpió un hombre acercándose a nuestro lado mientras se quitaba la gorra del equipo y le tendía la mano—.

Mi equipo y yo estaremos contigo en todo momento para asegurarnos de que la experiencia sea lo más segura y emocionante posible.

Tyler le estrechó la mano con cierta rigidez, todavía tratando de procesar lo que tenía delante.

Mark me dedicó una breve inclinación de cabeza, cómplice, como si compartiéramos un secreto que Tyler aún no terminaba de comprender.

—El coche está listo cuando tú lo estés —añadió señalando el monoplaza negro que descansaba en el interior del box—. Y no te preocupes, iremos paso a paso. Aquí nadie corre más de lo que quiere.

Tyler volvió a mirar el coche. Luego a mí. Y en sus ojos vi algo que hacía mucho tiempo no aparecía: miedo. Respeto. Mucho respeto… y una chispa en sus ojos verdes de pura adrenalina.

—Eres muy amable, pero…