capítulo 17
Tyler.
Yo.
Nosotros.
Creo que no fui realmente consciente de todo lo que había pasado hasta que llegué al cuarto de baño de mi habitación y me planté frente al espejo.
Allí, con el pelo revuelto, los labios aún hinchados y esa cara de: «acabo de cometer algo peligrosamente maravilloso», comprendí que algo había cambiado.
Algo importante. Entre otras cosas, que Tyler Lewis se convertiría de la noche a la mañana en la droga más dulce que había probado jamás.
Algo parecido a la adicción al azúcar. Sí, esa que tiene que ver con un neurotransmisor llamado dopamina, el mismo que promueve la sensación de bienestar y que, según dicen algunos estudios, puede llegar a ser hasta ocho veces más adictivo que la cocaína.
Maravilloso.