Nenders y Fango (Los Reinos de Albynia 1) Monedas #2
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Monedas #2

Ahora se parecía a un escriba al que le hubieran arrancado la lengua, y solo le dejaron las manos, en un cuerpo moribundo condenado a copiar letra tras letra por pura inercia… nada más que un acto reflejo, donde cada letra nacía despojada de toda vida:

LEY ECONÓMICA DEL REINO DE NORDAAR

Erigida durante el reinado de su Majestad Vitelius Desarius.

Ciclo 14022, Era del Silencio del Cielo.

SISTEMA DE MONEDAS DE ALBYNIA

FORMATO

Discos de hierro del ancho de tres dedos, con un centro de Cristal de Energía Trasparente, denominado vulgarmente Diafanel, incrustado en el metal, y un cristal cuyo volumen varía según el valor asignado a cada pieza.

Vas a brillar por los dos, Denion. Por tu madre y por ti, le repetía siempre su padre, con esa confianza cálida que jamás le exigía pruebas.

VALOR

Dacrino Ferrón

Dacrino Incríta = 10 Ferrónes

Dacrino Trinál = 10 Incrítas

Pero esto no era brillar , pensó Denion, mientras el carbón blanco raspaba la pizarra con un sonido cansado… esto era simplemente copiar.

Dacrino Velár = 10 Trináles

Dacrino Lumár = 10 Veláres

Dacrino Selitár = 10 Lumáres

Y cualquiera podía hacerlo , se dijo con una resignación que le enfriaba el aliento.

ESCALA

1 Selitár = 100.000 Ferrónes

Por eso…

Hoy su madre no había brillado a través de él.

Hoy le había fallado.

Hoy ella seguía muerta.

Esto fue lo que sintió el chico al terminar de escribir la última letra, y permanecer inmóvil un instante frente a la pizarra, observando aquellas palabras alineadas con una pulcritud que no le despertaba orgullo alguno…

y luego, con un cuidado casi ritual… igual que quien devuelve algo que ya no le pertenece…

depositó el carbón blanco sobre el escritorio del profesor evitando mirarlo, y caminó de regreso a su asiento sin decir palabra, y al sentarse…

la manera en que dejó caer el cuerpo… pareció decir mucho más que cualquier explicación que hubiera querido pronunciar.

Y allí sentado… con las manos apretadas bajo el pupitre…

sintió que el silencio que acababa de tragárselo, era exactamente el mismo silencio en que vivía su madre…

y de repente el carbón blanco comenzó a rodar por la superficie del escritorio…

primero avanzando despacio, tambaleándose apenas sobre uno de sus bordes gastados, y luego acelerando con una insistencia torpe, hasta precipitarse al vacío y partirse contra el suelo de piedra, levantando una diminuta nube de polvo pálido…

pero no se quebró en dos… sino en tres fragmentos casi iguales…

y el chasquido breve que produjo, resonó en el salón con la sequedad de un hueso rompiéndose.

Denion levantó la vista desde la distancia.

Pero nada más.

Ni siquiera hizo el ademán de acercarse a recogerlo.

Y el silencio se instaló en el aula sin que nadie lo invitara, mientras el educador advertía que varios alumnos ya descansaban la cabeza sobre los pupitres, vencidos por el sopor espeso del mediodía…

y otros mantenían los ojos perdidos más allá de las ventanas, atrapados en esa apatía inmóvil que él conocía demasiado bien…

y que sabía difícil de arrancar una vez echaba raíces.

Entonces, para su grata sorpresa, una voz surgió desde el último banco.

—Profesor, ¿por qué un Dacrino vale más que otro si todos son discos? —preguntó un alumno con lentes, y la confusión honesta que le cruzaba la cara, crecía a la par de sus dedos jugueteando nerviosos con la manga del sobretodo blanco.

El educador giró hacia la pizarra, y señaló las palabras que Denion había dejado escritas:

—Por el Cristal —respondió con voz pausada—.

Cuanto mayor es la pieza de Diafanel incrustada en el metal, mayor es la fortuna que representa.

Un Dacrino Ferrón con un Diafanel mínimo, apenas alcanza para comprar un pan.

Pero tres Veláres pueden comprar un caballo…

y con algo más, incluso la voluntad de un guardia cansado.

Algunos alumnos comenzaron a murmurar entre sí, comparando cifras y posibilidades en voz baja, imaginando apuestas absurdas, compras imposibles o pequeños lujos que jamás habían tenido a su alcance…

y desde el fondo del salón, el estudiante de espalda ancha guardó el Velár con cuidado dentro de su sobretodo.

No.

Fue más que cuidado… directamente parecía afecto.

Pues sus dedos demoraron un instante innecesario antes de apartarse de la moneda, del mismo modo en que alguien devuelve una reliquia a su sitio, y luego extrajo otro Dacrino, que arrancó destellos inmediatos en los ojos de varios de sus compañeros.

Era ni más ni menos que un Selitár…

Una moneda formada casi por completo por un Diafanel, con apenas un anillo fino de hierro visible por el borde…

y enseguida comenzó a exhibirla, con ese orgullo inconsciente de quien jamás necesitó aprender cuánto valen realmente las cosas…

porque nació rodeado de una fortuna capaz de volver insignificante cualquier precio.

El profesor continuó:

—Un Lumár puede comprar una casa en las provincias menores. Y un Selitár… —hizo una pausa, y durante un momento, su mirada se extravió en algún recuerdo que no había logrado soltar— un Selitár como el que tiene Brono ahora en la mano, puede comprar vidas. O ponerles fin.