CAPÍTULO 29 #3
«Con Priya. Está buscando dónde puedo quedarme esta noche».
Larissa escribió «puedes venir aquí» y luego lo borró. No sabía si Claire aceptaría otra noche y, más importante aún, no sabía por qué su primera reacción había sido invitarla.
En su lugar escribió:
«¿Marion?»
«No he hablado con ella».
Unos segundos después apareció otro mensaje.
«La policía me ha preguntado mucho por ella».
Larissa movió los dedos sobre el teclado.
«¿Qué les has contado?»
Se detuvo antes de enviarlo. Scott le había dicho que no convirtiera cada fragmento de información en algo que tuviera que extraer, y ahora ni siquiera tenía la excusa de que Xenia estuviera delante y la conversación hubiera empezado por sí sola.
Borró la pregunta.
«¿Estás bien?»
Xenia respondió:
«No mucho. ¿Tú?»
Larissa alzó la vista hacia el techo de su dormitorio, donde la sombra de los faros de un coche recorrió la pintura y desapareció.
«Yo tampoco».
Xenia envió un emoji que Larissa no supo si era triste o simplemente cansado. Estuvo a punto de escribir que no la odiaba, pero recordó que todavía no sabía si era verdad.
Dejó el teléfono a un lado.
A las nueve menos veinte, Claire la llamó para que bajara.
Helen estaba otra vez en la cocina, esta vez sin el bolso grande, pero con una carpeta bajo el brazo. Margot se había quedado arriba. Diane se había marchado y Scott no había vuelto aquella tarde.
Claire estaba sentada a la mesa sin café, cosa que a Larissa le pareció más preocupante que si hubiera tenido tres tazas delante.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Larissa.
Helen señaló la silla.
—Nada que signifique que Adam vaya a entrar por esa puerta dentro de cinco minutos. Lo digo primero porque te conozco lo suficiente para saber qué vas a oír si empiezo por la parte buena.
Larissa se sentó.
—Vale.
Helen dejó la carpeta sobre la mesa sin abrirla.
—Xenia ha retirado formalmente la acusación y ha explicado que su declaración original era falsa.
Le han preguntado por los motivos del cambio, por su contacto contigo y por la posibilidad de que alguien la presionara para retractarse.
Por lo que me han contado, los investigadores no están tratando la nueva declaración como una simple anulación de la anterior; están comprobando ambas versiones y buscando corroboración independiente.
Claire entrelazó las manos.
—¿Tienen alguna?
—Han empezado a aparecer cosas que encajan con partes importantes de lo que Xenia les contó sobre la preparación previa.
No tengo acceso a todo el material, y sería irresponsable describir algo que solo conozco por un resumen, pero las pesquisas sobre Marion ya no son únicamente una consecuencia teórica de la acusación de Xenia.
—¿Qué han encontrado? —preguntó Larissa.
Helen la miró.
—Pruebas de que el interés de Marion por vuestra familia y por North Downs es anterior a la mudanza y a la acusación. Hay material digital y otra información que debe analizarse. Todavía no sé qué será admisible, qué tendrá una explicación inocente y qué acabará siendo relevante.
Larissa recordó las fotografías familiares, las cuentas de Claire, el instituto, todas las cosas que Xenia había dicho que Marion sabía antes de mudarse.
—Así que nos vigilaba.
—Yo evitaría esa palabra hasta que sepamos exactamente qué hizo.
—Pero…
—Larissa, no porque quiera proteger a Marion. Porque la diferencia entre «buscar información pública sobre una familia» y «preparar una falsa incriminación penal» tiene que demostrarse con algo mejor que el hecho de que ahora a nosotros nos parezca evidente.
Larissa se mordió el interior de la mejilla y no insistió.
Claire preguntó:
—¿La policía va a interrogar a Marion?
—Supongo que les interesará hablar con ella, pero no puedo decirte cuándo ni en calidad de qué hasta que haya una decisión que yo conozca de verdad. Por eso vuelvo a pediros que no la llaméis y que no intentéis conseguir explicaciones.
—No voy a llamarla —dijo Claire.
Helen la miró desde el otro lado de la mesa.
—Te conozco desde hace suficiente tiempo para saber que «no voy a» y «no lo haré» son dos frases distintas cuando estás enfadada.
Claire pareció ofendida, pero el agotamiento ganó.
—Vale. No la llamaré.
—Gracias.
Larissa movió un pie bajo la mesa y golpeó ligeramente la pata de la silla.
—Pero ¿y papá? Llevamos todo el día oyendo que hay que comprobarlo todo. Ahora está la declaración de Xenia, hay cosas sobre Marion, hay…
—Hay un cambio importantísimo en el panorama probatorio —dijo Helen—. Y precisamente porque es importante, quienes toman las decisiones tienen que actuar sobre material verificado, no según lo rápido que nosotros queramos tener a Adam en casa.
—Sigue sonando a respuesta de abogada.
—Soy abogada. Has tenido casi dieciocho años para acostumbrarte a las profesiones decepcionantes.
Claire levantó la vista.
—Helen.
—Perdón.
Helen se frotó la nuca y, por primera vez desde que había llegado, Larissa reparó en lo cansada que estaba.
—He pasado buena parte del día intentando no prometeros algo que no controlo.
Adam no queda exonerado simplemente porque Xenia haya dicho hoy la verdad, y su confesión no borra automáticamente lo que había ayer en el caso.
La policía tiene que contrastar la nueva versión con las pruebas médicas, la cronología, las comunicaciones y cualquier material nuevo que obtengan en relación con Marion. Eso es lo que están haciendo ahora.
Claire la miró sin parpadear.
—Entonces ¿por qué has venido en persona?
Helen apartó los dedos de la carpeta.
—Porque no quería contarte la siguiente parte por teléfono y luego dejarte sola interpretándola.
Larissa sintió que se le tensaba el estómago.
—¿Qué parte?
Helen miró hacia la puerta de la cocina, probablemente para comprobar que Margot no hubiera bajado, y luego volvió a mirar a Claire.
—Todavía no hay una decisión definitiva que pueda anunciar.
No tengo una hora para la puesta en libertad de Adam y no quiero que esta noche llaméis a nadie ni digáis nada a la prensa.
La investigación sobre lo que hizo Marion apenas está empezando, y la situación de Xenia tendrá que estudiarse por separado.
Claire acercó la silla unos centímetros a la mesa.
—Helen, entiendo todas las advertencias. Dime qué has venido a decirme.
Helen sostuvo su mirada un momento y después asintió, como si abandonara una última formulación prudente que hubiera preparado en el coche.
—El caso contra Adam se está desmoronando.