Némesis CAPÍTULO 29 #2
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CAPÍTULO 29 #2

—Tú me dirás, brevemente, cómo empezó la conversación de anoche y quién estaba presente.

Claire me dirá cuándo se enteró. No quiero que reconstruyamos juntas la declaración de Xenia, porque lo último que necesitamos es que luego tres personas recuerden exactamente las mismas palabras y nadie sepa de dónde salieron.

Larissa pensó en todas las preguntas que le había hecho a Xenia.

—¿Lo estropeé?

—Todavía no sé qué hiciste.

—Le hice preguntas.

—Era tu amiga, estaba en tu casa; no era una testigo a la que estuvieras interrogando profesionalmente. Habría sido bastante raro que se pasara una hora diciéndote que había inventado una acusación contra tu padre mientras tú respondías únicamente: «Gracias por la información».

Larissa la miró.

—Scott me dijo que no intentara conseguir una confesión.

—¿Y lo hiciste?

—No. Pero cuando empezó a hablar, quería que siguiera.

Helen asintió despacio.

—Entonces di exactamente eso cuando alguien te lo pregunte. No mejores la historia después de enterarte de cuál habría sido la actuación ideal.

Xenia bajó la mirada hacia el café.

—Las dos habíamos bebido.

Helen se volvió hacia ella.

—¿Cuánto?

—Dos tequilas. Quizá yo un poco menos.

—¿Estabas borracha?

—No. Estaba… lo bastante achispada para decir algo que no debía.

—¿Y después de empezar a hablar?

—Se me pasó bastante rápido.

Helen anotó algo y luego dejó el bolígrafo.

—También te preguntarán por eso. Te preguntarán con quién hablaste antes, si Larissa o Claire te prometieron algo, si te amenazaron, si te dijeron qué tenías que decir y por qué retiras ahora una acusación que mantuviste hasta ayer.

No intentes adivinar la respuesta que suena mejor.

Cuenta lo que ocurrió, incluidas las partes que te dejan mal.

Xenia sonrió sin humor.

—Hay bastantes.

—Entonces no tendrás que inventar ninguna.

•

Poco después de las diez, Xenia se marchó con Priya Desai, la abogada que había venido a verla.

Marion había seguido llamando, y Priya le había dicho a Xenia que no borrara los mensajes y que hablara con ella antes de responder.

Larissa observó desde la ventana de arriba hasta que el coche desapareció al final de la calle, y luego se quedó allí sin saber qué esperaba.

La verdad había salido de la casa con Xenia y, una vez más, quedaba fuera del control de Larissa.

Se duchó, se lavó el pelo y se olvidó del acondicionador; bajó a por una rebanada de pan que dejó en la tostadora hasta que olió a quemado. Claire intentó trabajar desde el salón, pero después de la tercera llamada que respondió con «Hoy no puedo entrar en detalles», cerró el portátil y lo apartó.

Al mediodía, Larissa había mirado tantas veces el teléfono que la batería había bajado del veinte por ciento sin que apenas hubiera hecho nada con él.

—Si pasa algo, Helen nos llamará —dijo Claire.

—Ya.

—Entonces ponlo a cargar.

—La batería no es el problema.

—Eso lo he entendido.

Larissa se levantó de todos modos a buscar el cable.

Margot había enviado tres mensajes desde el instituto; el último era solo «????». Larissa escribió que se lo explicarían en casa, miró la frase y estuvo a punto de borrarla porque era exactamente la clase de respuesta que ella misma había odiado durante todo el mes.

Margot respondió al instante.

«siempre decís lo mismo»

Larissa dejó el teléfono boca abajo.

Scott llegó después de las tres. Diane había recogido a Margot del instituto y él vino solo, dejó el abrigo en el recibidor y aceptó el café que Claire le puso delante.

Parecía cansado, aunque no de esa manera espectacular que Larissa había aprendido a asociar con las series policíacas; tenía una marca de bolígrafo en el pulgar y una pequeña mancha de café seco en el puño de la camisa.

—Claire me ha dicho que Xenia retiró la acusación y que está con la policía. Eso es todo lo que necesito saber sobre la declaración de hoy.

Larissa se sentó frente a él.

—¿No quieres saber qué dijo?

—Como Scott, sí. Como policía que conoce a tu padre y que habló contigo de Xenia antes de la confesión, prefiero no ir recopilando detalles de una investigación en la que no tengo ninguna razón para meterme.

—Muy útil.

—Siento no poder ser más útil sin convertirme en un problema.

Claire empujó el azúcar hacia él aunque Scott tomaba el café sin azúcar.

—Helen dice que comprobarán la nueva declaración antes de cambiar nada sobre la situación de Adam.

—Claro.

Larissa apoyó los codos en la mesa.

—Todo el mundo sigue diciendo «claro» sobre cosas que a mí me parecen completamente anormales.

Scott pensó antes de responder.

—Si alguien retira una acusación grave, la policía tiene que averiguar por qué.

A veces la gente retira acusaciones verdaderas porque tiene miedo, porque la presionan o porque simplemente quiere que todo termine.

Que Xenia diga ahora que mintió es importante, muy importante, pero también tienen que comprobar esta versión.

—¿Y si hay otras pruebas?

—Entonces importan.

—¿Qué clase de pruebas?

Scott arqueó las cejas.

—Aquí es donde empiezas a convertirme en la persona que acabo de decir que no quiero ser.

Larissa se echó hacia atrás.

—Era una pregunta normal.

—Y yo tengo una respuesta muy irritante: cualquier cosa que pueda confirmar de manera independiente partes relevantes de lo que cuenta.

Claire miró hacia la ventana.

—Mensajes. Búsquedas. Documentos.

Scott no lo confirmó.

—Eso lo decidirá el equipo investigador.

Larissa lo observó unos segundos.

—Diane dice que pones esa cara cuando sabes más.

—Diane dice muchas cosas sobre mi cara. Llevamos demasiado tiempo casados.

Claire soltó una risa, sorprendida por su propio sonido, y luego se llevó la taza a la boca. Larissa echaba de menos la forma en que hablaban los adultos antes de que cada conversación se convirtiera en una cuestión de pruebas y riesgos.

El teléfono de Claire sonó a las tres y treinta y siete.

Helen.

Claire respondió allí mismo, en la mesa, y durante el primer minuto dijo muy poco. Larissa la observó con tanta atención que Scott se levantó y llevó su taza al fregadero, ofreciendo al menos la ilusión de que él no estaba haciendo exactamente lo mismo.

—Entiendo —dijo Claire—. ¿Y Marion?

La pausa fue más larga.

—De acuerdo. Sí. No, no me pondré en contacto con ella.

Cuando colgó, mantuvo el teléfono en la mano.

—Han ampliado las pesquisas sobre Marion.

Larissa se inclinó hacia delante.

—¿Han encontrado algo?

—Helen no sabe lo suficiente para decir exactamente qué.

Xenia les ha dado información sobre el periodo anterior a la mudanza, sobre North Downs y sobre las cosas que Marion había estado siguiendo en relación con nosotros.

Parte de eso se puede comprobar y, por lo que Helen entiende, ya hay motivos para seguir investigando en esa dirección.

Scott dejó la taza junto al fregadero.

—Entonces dejamos que sigan.

Larissa se volvió hacia él.

—¿De verdad puedes decir eso y quedarte ahí sentado tan tranquilo?

—No estoy tranquilo. Dar vueltas por la cocina no hará que trabajen más deprisa.

Claire lo miró.

—Yo lo intenté anoche. No funcionó.

•

Cuando Margot volvió a casa, dejó la mochila junto al radiador y entró en el salón sin quitarse el abrigo. Diane la siguió, pero se quedó cerca de la puerta.

—Ahora me lo contáis.

Claire cerró el portátil.

—Sí.

Margot se sentó en el brazo del sillón aunque Claire le había dicho cientos de veces que no lo hiciera. Nadie la corrigió.

—Anoche Xenia dijo que la acusación contra papá no es verdad —empezó Claire—. Hoy ha vuelto a hablar con la policía y les ha dicho que papá no la agredió.

Margot miró a Larissa.

—¿Lo dijo aquí?

—Sí.

—¿A ti?

Larissa asintió.

Margot subió la cremallera del abrigo hasta la barbilla y volvió a bajarla.

—¿Por qué mintió?

Claire vaciló.

—Su madre estaba implicada, y tiene que ver con lo que pasó entre ella y papá antes de que ninguna de vosotras naciera.

—Marion.

—Sí.

—¿Y Xenia lo sabía?

Larissa sintió que esta parte iba a doler de otra manera.

—Sabía quiénes éramos antes de venir al instituto.

Margot la miró directamente.

—¿Sabía que yo era su hermana?

—Sí.

—Y yo no lo sabía.

—No.

Margot bajó del brazo del sillón y se puso de pie.

—Entonces, cuando vino aquí, comió pizza y me dijo que mi dibujo estaba bien, ¿lo sabía?

Larissa no recordaba el dibujo, pero Margot evidentemente sí.

—Probablemente.

—No te lo he preguntado a ti.

—Margot —dijo Claire.

—Quiero saber si entonces también estaba mintiendo.

Nadie pudo responder.

Margot por fin se quitó el abrigo.

—¿Papá va a volver a casa?

Claire avanzó hacia ella, pero Margot retrocedió lo justo para dejar el gesto a medias.

—Todavía no sabemos cuándo.

—Pero no lo hizo.

—Eso es lo que dice Xenia ahora, y la policía está comprobando la nueva declaración y el resto de la información.

—Entonces son idiotas.

Diane apoyó un hombro en el marco de la puerta.

—No. Van despacio porque tienen que comprobar por qué alguien está diciendo lo contrario de lo que dijo ayer.

Margot la miró.

—Tú eres policía. Claro que dirías eso.

—Probablemente.

—¿Y si lo dejan allí otra semana por nada?

Diane no le dio una respuesta rápida.

—Entonces estarás muy enfadada y tendrás motivos. Pero no sé si eso va a ocurrir.

Margot pareció decepcionada de que ni siquiera Diane pudiera dejarse empujar a prometer algo.

—Tengo deberes.

—¿Puedo subir a verte luego? —preguntó Claire.

Margot se encogió de hombros.

—Si quieres.

Subió las escaleras y regresó unos segundos después solo para recoger la mochila del recibidor. No dijo nada más.

Larissa dejó caer la cabeza contra el respaldo del sofá.

—Creo que eso ha ido aún peor que esta mañana.

Claire miró hacia las escaleras.

—Al menos ahora está enfadada con la información correcta.

Diane se quitó el abrigo.

—El listón ha bajado.

—Mucho.

•

Xenia escribió poco después de las siete.

«He terminado por hoy».

Larissa dejó el mensaje abierto, intentando decidir si «por hoy» significaba que habría más entrevistas o simplemente que su abogada no quería prometer nada. No preguntó.

«¿Dónde estás?»

La respuesta tardó casi un minuto.