CAPÍTULO 21
El lunes por la mañana, Claire abrió el correo durante una llamada de trabajo y dejó de escuchar lo que decía su compañero.
Abrió el documento adjunto, se saltó los datos administrativos y fue directa a la conclusión.
La mano se le quedó sobre el ratón.
Terminó la llamada sin más explicación que decir que había surgido algo. Releyó una vez la frase sobre la probabilidad de paternidad y después se quitó las gafas.
Ya no era una hipótesis.
El teléfono vibró. Scott.
Claire dejó que sonara. Durante unos minutos, el resultado no perteneció a la policía, ni a la abogada ni al caso. Pertenecía a su casa.
Xenia era hija de Adam.
·
Larissa se dio cuenta enseguida de que su madre no estaba en la cocina como de costumbre.
Claire estaba sentada a la mesa, con el portátil cerrado y las manos entrelazadas delante de ella. El teléfono tampoco estaba a su lado, lo cual era aún más extraño. En las últimas semanas se había convertido en una prolongación de su mano.
Larissa dejó el bolso en el suelo.
—¿Qué ha pasado?
Claire la miró.
—Ha llegado el resultado.
—¿Ahora?
—Sí.
—¿Y?
Claire deseó que hubiera alguna forma de decirlo que le concediera a su hija unos segundos antes de recibir el golpe, pero no la había.
—Es superior al 99,9 %.
Larissa se quedó mirándola.
—Entonces es su padre.
Claire asintió.
—Sí.
Larissa se quitó la chaqueta y la dejó sobre el respaldo de la silla.
—No sé qué decir.
—Yo tampoco.
—¿Es seguro?
—Como resultado de paternidad, es muy concluyente.
—Eso no es lo que he preguntado.
Claire bajó la mirada.
—Pero no nos hemos enterado de ninguna otra manera.
—No.
Larissa miró el teléfono.
—Tengo que decírselo.
—Todavía no.
—¿Por qué?
—Porque no sé si ella sabe que nosotros lo sabemos, y no quiero que esta noche le mandes algo de lo que mañana te arrepientas.
—No quiero decírselo.
—Vale.
—Quiero hablar con ella.
—Eso es distinto.
Larissa se levantó y empezó a moverse por la cocina, aunque no tenía adónde ir. Abrió la nevera, la cerró, sacó un vaso y volvió a guardarlo.
—¿Qué le digo?
—No tienes que decir nada de la prueba.
—¿Entonces de qué?
—De la presentación.
Larissa la miró.
—Va a ser muy difícil hablar de Antígona sabiendo que es mi hermana.
Claire se llevó los dedos a la sien.
—Ya lo sé.
—Hoy todo el mundo dice «ya lo sé».
—Porque no tengo nada más.
Se abrió la puerta de entrada.
Margot entró con la capucha puesta y una bolsita en la mano.
—He comprado chicle.
Se detuvo al verles las caras.
—¿Ha llegado?
Claire le indicó que dejara la bolsa.
Margot se quitó la capucha.
—¿Qué?
—El resultado.
Margot se sentó sin preguntar nada más.
Claire le explicó exactamente lo mismo que le había explicado a Larissa y, cuando llegó al porcentaje, Margot frunció el ceño.
—Entonces es nuestra hermana.
—Sí.
Margot miró a Larissa.
—Tú eres su hermana mayor.
—Sí.
—Yo soy su hermana pequeña.
—Sí.
—Y papá es su padre.
Claire asintió.
—¿Qué quieres decir con «probablemente»?
Claire miró a Larissa.
—No sabemos qué le contó Marion.
Margot se mordió el labio.
—Pero Xenia sabía lo de papá.
Larissa levantó la vista.
—¿Cómo lo sabes?
—Scott dijo que sabe quiénes somos.
—No se suponía que tenías que oír eso.
—Lo oí.
Claire acercó la silla.
—Por la información que tenemos, sabemos que Xenia sabía quién era Adam antes de llegar a North Downs.
Margot la miró.
—Entonces también sabía de nosotras.
—Sí.
—Y aun así se hizo amiga de Larissa.
Larissa no dijo nada.
Margot volvió la mirada hacia ella.
—Porque no sabemos qué sabe.
—Acabas de decir que lo sabe.
—Sabe quién es papá. No sabemos si sabe que nosotros lo hemos descubierto.
Margot se puso de pie.
—¿Y si lo sabe?
—Aun así no quiero que le escribas.
—No quiero escribirle. Quiero decírselo.
—No.
Margot se puso las manos en las caderas.
—Tú no eres mamá.
—Ya lo sé.
—Entonces no me digas qué tengo que hacer.
Larissa también se levantó.
—Margot, por favor.
—¿Qué?
—Ahora mismo no puedo con esto.
La voz le salió más débil de lo que esperaba, y Margot se detuvo.
—Vale.
—No digas «vale».
—Tú no eres quien puede decir eso.
Margot cogió su vaso y se fue a su habitación.
Larissa se quedó en la cocina con Claire.
—Le he hecho sentirse mal.
—Sí.
—Gracias.
—Querías saberlo.
Larissa volvió a sentarse.
—Creo que estoy enfadada con Xenia.
—Tienes derecho.
—Y la echo de menos.
Claire no respondió de inmediato.
—No tienes que cuidar de mí.
—Soy tu madre.
—Ya lo sé.
—Exacto.
Larissa se levantó.
—Solo quiero verlo.
Claire la observó unos segundos.
—Ya lo sé.
—No quiero que se lo digas tú sola.
—Larissa…
—No por la prueba. Quiero verlo cuando se entere.
Scott intervino, aunque sin el tono que había utilizado para cortar conversaciones anteriores.
—Creo que tiene que haber un momento en que Adam se entere directamente por Claire. Si Larissa está presente, puede ser muy difícil para todos.
—¿Para mí?
—Para ti, para él y para Claire.
Larissa dejó caer los brazos a los lados.
—No me gusta.
—A mí tampoco.
—Entonces, ¿por qué lo haces?
—Porque a veces tenemos que elegir la opción que haga menos daño, no la que nos guste.
Larissa alzó las cejas.
—Eso suena muchísimo a ti.
Scott sonrió apenas.
—Probablemente porque lo es.
Margot levantó la vista de su vaso.
—Vas a decirle que tiene una hija.
Claire la miró.
—Sí.
—¿Y vas a decirle quién es?
—Sí.
—¿Y que lo está acusando?
Claire dejó la mano sobre la carpeta que había en la mesa.
—Sí.
Margot lo pensó.
—Entonces va a ser horrible.
Nadie la contradijo.
·
Después de que Scott se marchara, la casa se dispersó en habitaciones separadas. Claire llamó a Helen solo el tiempo necesario para concertar la visita del día siguiente y acordar el orden en que podía contarle las cosas a Adam. No necesitaba otra cronología.
Cuando colgó, Claire subió.
Larissa estaba en la cama, pero no dormía.
—Mañana voy a verlo —dijo Claire.
Larissa se volvió hacia ella.
—¿Y yo?
—Esta vez no.
—Mamá.
—No te estoy castigando.
—No he dicho que lo hicieras.
—Te conozco.
Larissa se subió el edredón hasta la barbilla.
—Entonces, ¿por qué?
Claire entró en la habitación y se sentó en el borde de la cama.
—Porque cuando se entere quiero que durante unos minutos sea solo mi marido y vuestro padre. No quiero que sea también el padre de Xenia mientras te mira e intenta averiguar qué sabías tú.
Larissa se quedó mirando el techo.
—Pensará que lo hice todo yo.
—Puede.
—Gracias.
—Pero le diré que yo también lo sabía. Que tú y yo lo decidimos juntas.
Larissa se volvió hacia ella.
—¿Lo decidiste?
Claire sonrió, cansada.
—No exactamente. Tú me trajiste el cepillo.
Larissa soltó una risa baja.
—Dicho así suena peor de lo que fue.
—Ya lo sé.
Guardaron silencio unos segundos.
—¿Mamá?
—¿Sí?
—¿Y si dice que no puede ser verdad?
—Entonces le enseñaré el informe.
—¿Y si dice que no lo sabía?
—Puedo creer que quizá no lo supiera.
—¿De verdad le crees?
Claire levantó la mirada.
—Todavía no lo sé.
Larissa asintió.
—Es justo.
Claire se levantó.
—Duerme.
—Lo intentaré.
—Y no le escribas a Xenia esta noche.
Larissa hizo una mueca.
—No iba a hacerlo.
Claire llegó a la puerta.
—Vale.
Larissa sonrió.
—Lo has dicho.
—Ya lo sé.
Cerró la puerta con cuidado.
En su habitación, Larissa siguió con el teléfono en la mano. El mensaje de Xenia continuaba allí.
«¿Tienes tiempo para decirme si la última diapositiva es horrible?»
Larissa abrió la conversación.
Podía decírselo ahora. Podía escribir solo «Tenemos que hablar» y dejar que todo ocurriera.
En vez de eso, le envió una foto de la diapositiva corregida.
«Línea tres. Te sobra una palabra».
Xenia contestó en menos de un minuto.
«Lo sabía».
Larissa sonrió y después dejó el teléfono boca abajo.
A la mañana siguiente, Claire iba a decirle a Adam que la chica a la que él creía únicamente su alumna era su hija.