Némesis CAPÍTULO 20 #2
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CAPÍTULO 20 #2

—Sí puedo si quiero terminar antes de graduarme.

Xenia dejó el cepillo sobre la cómoda, volvió a hacerse la coleta y regresó al escritorio, donde empezó a quitar ella misma dos líneas del texto mientras protestaba porque Larissa estaba destrozando la única diapositiva buena.

Ninguna volvió a mencionar el cepillo.

Larissa solo reparó en él más tarde, cuando Xenia se levantó para ir al baño. En el espejo podía ver la cómoda y, atrapados entre las púas del borde del cepillo, varios cabellos largos.

Miró durante unos segundos y luego bajó la vista hacia el portátil.

Se abrió el grifo en el baño, y Larissa volvió a leer la misma línea sin entender nada.

Scott había dicho que no debía convertirse en una prolongación de la investigación, y en aquel momento ella había estado de acuerdo; incluso le había molestado que él hubiera considerado necesario decírselo.

Ahora el cepillo estaba a menos de dos metros y nadie le había pedido que lo cogiera, que lo escondiera ni que hiciera ninguna otra cosa.

Cuando Xenia volvió, el cursor de Larissa estaba en mitad de una frase.

—¿Has borrado algo? —preguntó Xenia.

—No.

—Tienes cara de haber borrado algo.

—¿Qué cara tiene alguien que borra algo?

Xenia apartó la silla.

—De culpable.

La incomodidad fue tan inmediata que Larissa estuvo a punto de mirar hacia la cómoda.

—Muy científico.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Esta conversación ya la hemos tenido.

Siguieron trabajando.

Margot volvió a ponerse los auriculares.

Larissa acompañó a Xenia hasta el recibidor. Sus zapatos habían dejado marcas mojadas en las baldosas al entrar, y los de Xenia seguían fríos cuando se los puso.

—Mañana tienes que encontrar la referencia —dijo Larissa.

—La encontraré.

—Eso dijiste hoy.

—Mañana será verdad.

Larissa le tendió la chaqueta.

Xenia se la puso y luego se detuvo con una mano en la cremallera.

—Gracias por dejarme venir.

—Ya has estado aquí antes.

—Lo sé.

Larissa entendió lo que quería decir, pero no encontró nada que pudiera decir sin hacer el momento más importante de lo que era.

—Puedes volver.

Xenia asintió y abrió la puerta.

—Hasta mañana.

—Sí.

Después de que Xenia se marchara, Larissa subió a recoger los vasos y los libros. El cepillo seguía sobre la cómoda, con varios cabellos largos atrapados entre las púas.

El teléfono vibró. «Me he dejado la goma del pelo».

Larissa encontró la goma junto al portátil. «Te la guardo».

Xenia respondió con un emoji y después: «He encontrado la referencia. Estaba en Descargas».

Larissa le contestó que era idiota. Solo después de dejar el teléfono volvió a mirar el cepillo.

Lo cogió y bajó.

Claire estaba lavando la tabla de cortar y Margot seguía trabajando en la mesa, ahora sin auriculares. Cuando Larissa dejó el cepillo sobre la encimera, su madre lo miró sin parecer entender.

—¿Qué es?

—Lo ha usado Xenia.

Claire mantuvo las manos bajo el agua.

Margot levantó la vista del cuaderno.

—¿Y?

Larissa no contestó, y su hermana volvió a mirar el cepillo.

—Ah. Espera.

Claire cerró el grifo y se secó las manos con el paño.

—¿Se lo diste tú?

—Tenía el pelo enredado y le dije que el cepillo estaba en la cómoda.

—No era eso lo que quería…

—Ya sé lo que querías preguntar. No, no lo hice para conseguir su pelo.

El tono le salió más agresivo de lo que pretendía, y Claire dejó el paño.

—Tenía que preguntarlo.

—¿Por qué?

—Porque necesito saber qué pasó.

Margot se levantó y se acercó, aunque mantuvo la distancia con el cepillo.

—¿De verdad se puede hacer una prueba con eso?

—No lo sé —dijo Claire.

—¿Lo sabe Scott?

Larissa miró a su madre.

—Si lo llamas, pensará que lo hice a propósito.

—No creo que piense nada antes de preguntar.

—Exacto. Preguntará.

Claire cogió el teléfono, pero no marcó.

—No tenemos que hacer nada con esto esta noche.

Margot miró el cepillo.

—Entonces, ¿qué hacemos? ¿Lo devolvemos a su sitio y mañana Larissa se cepilla con él?

Larissa hizo una mueca.

—Ahora desde luego que no.

—¿Por qué? Antes no te molestaba.

—Porque ahora estamos las tres aquí mirándolo como si fuera… no sé.

Margot cruzó los brazos.

—A mí me parece asqueroso.

—¿El pelo?

—No el pelo.

Claire la miró.

—¿Lo que estamos haciendo?

Margot se encogió de hombros, pero no retiró lo dicho.

Larissa sacó una silla y se sentó.

—Llama a Scott.

Scott contestó después de varios tonos. Claire le explicó brevemente lo que había ocurrido.

—Larissa, ¿hiciste que usara el cepillo para que dejara pelo?

—No. Tenía el pelo enredado. Le dije dónde estaba el cepillo. Después de que se fuera vi los cabellos.

—Vale. Entonces no hagáis nada con ellos esta noche. Puedo averiguar qué opciones privadas y legales existen. Yo no me voy a llevar el cepillo, Diane tampoco va a llevarlo a ninguna parte y no vamos a utilizar nada a través de la policía.

Margot miró el objeto.

—Si descubrimos que es nuestra hermana, ¿eso significa que Xenia mintió?

—No —dijo Scott—. Solo significa que Adam es o no es su padre.

—Entonces es un poco asqueroso que necesitemos su pelo para descubrir algo que alguien debería poder decirnos.

Nadie le dijo que la forma de expresarlo fuera demasiado simple.

Scott prometió llamar al día siguiente. El cepillo se quedó en la encimera, intacto.

Al día siguiente, Scott llamó con la respuesta que podía dar sin convertir la cocina en un laboratorio: un servicio privado podía analizar los cabellos que habían quedado en el cepillo; quizá la muestra no fuera suficiente; y un resultado positivo podía establecer la paternidad, no la verdad de la acusación.

Él y Diane se mantendrían al margen del proceso.

Margot miró el cepillo.

—Entonces podemos averiguar si es nuestra hermana, pero no si miente.

—Exactamente —dijo Scott.

Después de colgar, Claire miró a Larissa.

—¿Quieres que hagamos la prueba?

Larissa tenía en el teléfono un mensaje de Xenia sobre la presentación.

—Quiero saberlo. Pero no quiero que, a partir de ahora, todo lo que haga cuando está conmigo se convierta en una prueba.

—Yo tampoco.

Aquella misma tarde decidieron seguir adelante. Claire se ocupó del servicio privado y de los formularios. Larissa no pidió detalles. Una vez organizado el análisis, el cepillo salió de la casa.

No fue hasta la mañana siguiente, cuando Larissa alargó la mano hacia el lugar de siempre sobre la cómoda, cuando sintió hasta qué punto la decisión se había vuelto concreta.

—Voy a proponer esto en la próxima campaña.

Durante los días siguientes, Larissa miró el teléfono más veces de las que quería admitir. Al principio reaccionaba a casi todas las notificaciones. Luego empezó a distinguir el sonido de los mensajes del de los correos electrónicos y se enfadó consigo misma por haber aprendido a hacerlo.

Mientras tanto, la presentación seguía teniendo que terminarse.

Xenia le mandaba correcciones, fotos de páginas y mensajes sobre Ellis, y en el colegio volvió a sentarse a su lado a la hora de comer.

Una tarde le pidió la goma del pelo que se había dejado en la habitación de Larissa, y Larissa la sacó del bolsillo lateral del bolso y se la entregó sin decirle que llevaba tres días llevándola allí.

—Pensaba que la habías perdido —dijo Xenia.

—La perdiste tú.

—Técnicamente, me la olvidé.

—Es lo mismo.

—No lo es.

Larissa la dejó ganar la discusión solo porque tenían que entrar en clase.

En casa, Margot preguntaba casi todas las noches si había llegado el resultado.

Claire decía que no y seguía con lo que estuviera haciendo: cocinar, trabajar, recordarle a Margot los deberes o contestar llamadas.

Al tercer día, Larissa discutió con su hermana durante casi diez minutos por un cargador que al final apareció en la habitación de Margot, debajo de la cama, y durante un rato la cuestión de Xenia desapareció por completo de la cocina.

El viernes por la tarde, las tres estaban en casa cuando Claire recibió un correo electrónico.

Larissa preparaba té, Margot buscaba galletas en un armario que sabía que estaba vacío y Claire contestaba algo en el portátil. Cuando llegó la notificación, se puso las gafas y se inclinó un poco hacia la pantalla.

Larissa reparó en el movimiento.

—¿Es del laboratorio?

Claire siguió leyendo antes de contestar.

—Sí, pero no es el resultado.

Margot cerró el armario.

—Entonces, ¿qué quieren?

—Confirman que el análisis ha podido seguir adelante. El resultado debería llegar después del fin de semana, salvo que haya algún retraso.

—¿El lunes?

—Puede.

Margot echó la cabeza hacia atrás.

—Otra vez.

Claire la miró por encima de las gafas.

—Yo no controlo el laboratorio.

—Ya lo sé. Sigo odiando esa palabra.

Larissa vertió agua en la taza y dejó que la bolsita de té flotara en la superficie.

—Así que esperamos.

—Sí —dijo Claire—. Y mientras tanto sería útil que comiéramos algo, porque no tenemos galletas, se ha acabado la leche y alguien olvidó decirme que no quedaba pan.

Margot abrió la nevera.

—Tenemos yogur de coco.

Larissa se volvió hacia ella.

—Prefiero no saber nunca la verdad.

Claire empezó a reírse mientras rebuscaba en la nevera, y Margot sacó uno de los envases y leyó la fecha de caducidad como si existiera alguna posibilidad de que resolviera el problema de la cena.

El teléfono de Larissa vibró junto a la taza.

Xenia había enviado la última diapositiva de la presentación.

«Por favor, dime que ya está terminada».

Larissa la abrió y encontró casi enseguida un error en la tercera línea.

«No está terminada».

La respuesta llegó antes de que tuviera tiempo de dejar el teléfono.

«Te odio».

Larissa se llevó la taza arriba, donde el portátil la esperaba abierto sobre el escritorio. Mandó a Xenia la corrección, recibió un mensaje explicándole por qué el error en realidad no era tan grave y luego se sentó a terminar la presentación con ella por mensajes.

Unos minutos después alargó la mano, por costumbre, hacia la cómoda para apartarse el pelo de la cara y se detuvo cuando los dedos encontraron únicamente el peine negro de su madre.

Lo cogió y se echó el pelo hacia atrás antes de responder a Xenia.