CAPÍTULO 17 #3
—Creo a tu padre cuando dice que no la agredió, pero acabo de descubrir que me ocultó una relación durante casi diecinueve años y que ayer volvió a intentar ocultármela cuando su libertad dependía de que dijera la verdad.
Ya no puedo permitirme decir que algo es imposible solo porque él diga que lo es.
—No es lo mismo.
—Ya sé que no es lo mismo.
Claire había alzado la voz y Margot dejó de mover el lápiz.
Claire la miró y bajó el tono.
—Eso es precisamente lo que intento decir. Puedo creer que Adam me traicionó entonces y creer que no violó a Xenia ahora. Una cosa no anula la otra, y no quiero mezclarlas solo porque así sería más fácil.
Larissa frotó entre los dedos la tela de las mangas.
—Ya no sé qué pensar de Xenia.
—No tienes que decidirlo ahora —dijo Diane.
—Todo el mundo sigue diciéndome que ahora no tengo que hacer nada.
—Porque en una semana te han caído encima más cosas de las que nadie debería tener que afrontar en un año.
—Te conozco.
—Y yo me conozco a mí misma, y aun así todavía no he sugerido nada.
Diane dejó el bolígrafo atravesado sobre la cronología.
—Cualquier contacto con Xenia hay que pensarlo con muchísimo cuidado. Es la persona que hizo la acusación, hay una investigación en curso y tú eres familia de Adam. No podemos improvisar.
Larissa miró el teléfono.
—Pero yo ya tengo una relación con ella.
Claire apretó la mandíbula y la relajó casi de inmediato.
—La tenías.
Larissa levantó la vista.
—No sé si «tenía» es la palabra adecuada. No nos peleamos antes de la acusación y ella no me hizo nada a mí. Dejé de contestarle después de que dijera lo que dijo sobre papá.
—Lo cual es completamente normal —dijo Claire.
—No digo que no lo sea.
Scott observaba sin interrumpir. Larissa ya no hablaba deprisa como antes, y el dedo recorría el borde del teléfono, deteniéndose cada vez que llegaba al botón lateral.
—Si quisiera averiguar qué sabe —continuó—, no podría preguntárselo directamente. Evidentemente.
Claire echó la silla hacia atrás.
—Larissa, esta noche no vamos a llevar esa idea más lejos.
—Mamá, solo estoy pensando en voz alta.
—Pues piensa más despacio.
—No funciona así.
—Sé perfectamente cómo funciona contigo.
—Creo que ahora ya no.
El comentario hirió a Claire más de lo que Larissa había pretendido, y la chica se dio cuenta enseguida.
—No quería decir que no me conozcas. Quería decir que yo… que con Xenia ya no estoy en el mismo sitio que vosotros.
Claire no respondió.
Larissa buscó las palabras y, esta vez, nadie la ayudó.
—Vosotros la veis como la chica que acusó a papá y quizá como la hija de Marion.
Yo la conocía antes de todo esto. O creía conocerla.
Sé cómo escribe cuando está nerviosa; sé que cuando dice que no tiene hambre en realidad quiere que le des un poco de tu comida; sé que odia a la gente que dobla las esquinas de los libros y luego hace exactamente lo mismo cuando no encuentra nada para marcar la página.
Si todo era fingido, entonces… no sé. A lo mejor soy idiota.
Pero, si no lo era todo, hay una parte de ella que hablaba conmigo, no con vosotros.
Scott apoyó las manos sobre la mesa.
Diane ya no tenía el bolígrafo entre los dedos, y Claire miraba a su hija sin encontrar el argumento con el que había empezado.
Margot rompió el silencio, pero no con una broma.
—¿La echas de menos?
Larissa se volvió hacia ella.
—¿A quién?
—A Xenia.
Larissa bajó los ojos al teléfono.
—No lo sé.
Margot no insistió.
Larissa permaneció así unos segundos y luego miró a Scott.
—Dijiste que intentabas averiguar por qué podía haber elegido a papá.
—Sí.
—Ahora al menos sabemos de dónde podría venir el motivo, pero no sabemos qué sabía Xenia ni cuánto de lo que hizo fue cosa suya y cuánto vino de Marion.
Scott asintió despacio.
—Esa es una de las preguntas.
—Y Marion no te contestará si la llamas, y Xenia no va a hablar contigo como si fueras el tío Scott. Para ella eres amigo de papá y policía, aunque digas que no trabajas en el caso.
—Probablemente.
—Con mamá no hablaría en absoluto, y Diane sería todavía peor si sabe que es policía.
Diane levantó las cejas.
—Gracias por la valoración.
—No digo que sea culpa tuya.
—Ya lo sé.
Claire puso la palma sobre el móvil de Larissa antes de que la chica pudiera cogerlo.
—Esta noche no vas a escribirle nada.
Larissa miró la mano de su madre y después a ella.
—No he dicho que vaya a hacerlo.
—Pero lo estás pensando.
—Sí, lo estoy pensando. Todos estamos pensando.
Claire no retiró la mano de inmediato.
—No quiero que te utilicemos para esto.
Larissa se mordió el interior de la mejilla.
—A lo mejor no se trata de que me utilicéis.
—Entonces ¿de qué se trata?
Larissa no respondió enseguida, y Scott vio que esta vez no buscaba una frase ingeniosa, sino entender ella misma lo que quería decir.
—De que ninguno de vosotros puede acercarse a ella sin que sepa desde el primer segundo por qué estáis ahí.
Diane miró a Scott, pero no intervino.
Larissa sacó despacio el teléfono de debajo de la mano de Claire y lo sostuvo entre las palmas.
—Yo puedo llegar a Xenia.