CAPÍTULO 17 #2
La pregunta salió con tanta naturalidad que durante un instante nadie reaccionó. Diane fue la primera en mirar a Scott.
—No lo sabemos —dijo él.
Margot frunció el ceño.
—¿Cómo puede no saberlo? Marion es su madre.
—Los padres no les cuentan todo a sus hijos —dijo Claire, y bajó los ojos en cuanto las palabras salieron de su boca.
Larissa se dio cuenta, pero no dijo nada.
—Si Marion pensaba que papá era el padre, podría habérselo contado a Xenia —continuó Margot—. Yo preguntaría quién es mi padre si no tuviera uno en casa.
—Quizá se lo preguntó —dijo Diane—. Quizá Marion le contó otra cosa, o quizá le contó la verdad. No tenemos esa información.
Larissa volvió a sentarse y cogió el móvil.
—Se mudaron aquí este verano.
Scott asintió.
—Desde Sevenoaks.
—Y Xenia vino a North Downs, justo donde da clase papá.
Claire cruzó los brazos.
—Sí.
—Y después se hizo amiga mía.
Diane intervino antes de que la frase se convirtiera en una conclusión.
—Eso significa algo distinto si Xenia sabía quién era Adam, pero seguimos sin saber si lo sabía.
Larissa soltó una risa sin humor.
—Empiezo a odiar esa frase.
—Yo también —dijo Diane—. Por desgracia, sigue siendo verdad.
Larissa desbloqueó el móvil y empezó a buscar entre sus conversaciones.
Claire se inclinó hacia ella.
—¿Qué haces?
—Mirar los mensajes de Xenia.
—No le escribas.
—No le estoy escribiendo, mamá.
—Solo quiero…
—Ya sé lo que quieres. No le estoy escribiendo.
Larissa siguió desplazándose durante un buen rato, más despacio de vez en cuando, retrocediendo después varios días cada vez. Margot intentó ver la pantalla y su hermana se la acercó al pecho.
—Son mis mensajes.
—No los estoy leyendo.
—Eso es exactamente lo que estabas haciendo.
—Solo estaba mirando.
—Con los ojos, sí.
Margot se echó hacia atrás, ofendida.
Scott miró a Diane, y ella apretó los labios para no sonreír. Durante unos segundos, dos hermanas discutiendo por quién podía mirar un teléfono pareció lo más normal que había ocurrido en aquella casa en varios días.
Larissa dejó de desplazarse.
—Aquí.
Claire levantó la vista.
—¿Qué has encontrado?
—En octubre me preguntó si papá siempre había dado clase en North Downs.
Scott abrió el cuaderno, pero Larissa se dio cuenta.
—Todavía no lo apuntes.
Él dejó el bolígrafo.
—De acuerdo.
—Estábamos hablando de profesores. Yo me quejaba de lo raro que era tener a papá en el mismo colegio y ella me preguntó si siempre había trabajado allí. Le dije que no, que antes había estado… espera.
Desplazó un poco la pantalla.
—Escribí que había estado en Hendon antes de que yo naciera y luego en otros sitios. Ella contestó «¿Hendon?», con interrogación.
Claire se acercó.
—¿Y tú?
—Le dije que sí, creo, que no sabía exactamente qué hacía allí. Luego escribió «Interesante». Eso fue todo.
—A lo mejor ya lo sabía —dijo Margot.
Larissa alzó la vista hacia ella.
—O a lo mejor no había oído hablar de Hendon en su vida.
—Dijiste que le gustaba la literatura.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—No lo sé. Yo también lo estoy intentando.
Claire extendió la mano.
—¿Puedo verlo?
Larissa apartó el móvil antes de tener tiempo de pensarlo.
—Preferiría que no.
Claire mantuvo la mano extendida un instante y luego la retiró.
—¿Hay conversaciones sobre mí?
—Sobre todo el mundo. Y sobre cosas que no tienen nada que ver con esto.
—No quiero leer tus conversaciones privadas.
—Entonces deja que las revise yo.
Claire parecía a punto de insistir, pero Diane habló antes.
—De momento es mejor así. Larissa puede identificar los mensajes relevantes sin que le quitemos el teléfono de la mano y convirtamos en prueba cada conversación entre dos chicas.
Larissa le dirigió una mirada agradecida, pero no dijo nada.
Siguió buscando. Al cabo de casi un minuto, el dedo se le ralentizó.
—También me preguntó por mi cumpleaños.
Margot la miró.
—Todo el mundo pregunta por tu cumpleaños.
—Ya lo sé.
—Entonces no es sospechoso.
—No he dicho que lo sea.
Larissa leyó unos cuantos mensajes en silencio, bloqueó el móvil y lo dejó sobre la mesa.
—Ese es el problema. Ahora todo lo que recuerdo parece distinto.
Cuando preguntaba por papá, era normal porque era su profesor y mi padre.
Cuando preguntaba por mi familia, era normal porque éramos amigas.
Si empiezo a mirar atrás dando por hecho que ella lo sabía, puedo hacer que cualquier cosa parezca planeada.
Scott la observó, sorprendido no por la conclusión, sino porque hubiera llegado a ella sola.
—Exacto.
Larissa arqueó una ceja.
—No hacía falta que pusieras esa cara de satisfacción.
—No estoy satisfecho. Es que tienes razón.
—Mucho mejor.
Margot abrió el cuaderno de ejercicios y miró la ecuación sin terminar.
—Yo sigo pensando que lo sabía.
Claire la miró.
—¿En qué te basas?
—En nada. Solo lo pienso.
—Eso está permitido —dijo Diane—. Siempre que sepamos que es lo que piensas, no lo que sabemos.
Margot cogió el lápiz y escribió otra línea.
—Si equis es cinco, sigue siendo cinco aunque no escriba los pasos.
Scott se frotó la barbilla.
—Creo que has dado con el problema fundamental entre tú y la policía.
Diane le dio con la rodilla por debajo de la mesa y él la miró.
—¿Qué?
—Deja que la niña haga los deberes.
—Intentaba tender un puente educativo.
—Nadie te lo ha pedido.
Larissa sonrió un instante, pero la expresión desapareció cuando el móvil se iluminó sobre la mesa. Solo era una notificación de un grupo del colegio. La descartó sin abrir el mensaje.
—Si Xenia sabía quién era papá, entonces sabía quién era yo antes de que habláramos por primera vez.
Claire entrelazó las manos.
—Es posible.
—Y quizá sabía lo de Margot.
—Es posible.
—Y vino aquí. Durmió aquí.
Margot levantó la vista del cuaderno.
—Se comió mis cereales.
Larissa la miró.
—¿Qué?
—A la mañana siguiente de dormir aquí. Comió de los de chocolate, y tú dijiste que eran tuyos aunque eran míos.
Claire soltó el aire despacio.
—Margot, no creo que los cereales importen.
—Ya lo sé. Me he acordado porque se sentó ahí.
Señaló el sitio vacío a su lado y las miradas de los demás fueron casi involuntariamente hacia la silla.
Larissa la contempló unos segundos.
—Se sentó con nosotros y puede que supiera que papá era su padre.
Nadie intentó responder.
Al cabo de un rato, Claire acercó hacia sí la cronología.
—Aunque sea verdad, no demuestra que la acusación sea falsa. Sé que no quieres oírlo, pero eso tiene que seguir formando parte de esta conversación.
Larissa volvió la cabeza de golpe.
—¿Todavía puedes creer que lo hizo?