CAPÍTULO 13 #2
—Con todo. Pienso en cada vez que Xenia habló con papá e intento averiguar si había algo. Luego pienso que quizá estoy haciendo exactamente lo mismo que la gente que ahora dice que papá llevaba años pareciendo un pervertido.
Scott apoyó las manos sobre la mesa.
—Probablemente no puedas resolver eso tirando de memoria.
—Ya lo sé.
—No, quiero decir… yo tampoco podría. No intento darte una lección.
Larissa lo miró unos segundos y asintió.
Se levantó, pero antes de irse mantuvo una mano en el respaldo de la silla.
—Le escribí a Xenia.
Scott no reaccionó inmediatamente.
Claire dijo:
—Lo sé.
—No ha contestado.
—¿Qué le escribiste? —preguntó Scott.
Larissa se tensó.
—¿Por qué?
—Tienes razón. No tienes que decírmelo.
—Solo le pregunté si podíamos hablar.
Scott asintió.
—Si contesta, no intentes averiguar cosas para mí.
—No le escribí por ti.
—Lo sé. Eso ha sonado mal.
Larissa bajó los ojos.
—Quería saber si estaba bien. Y luego sentí como si estuviera traicionando a papá solo por querer saberlo.
Claire echó un poco la silla hacia atrás.
—Larissa, no…
—Ahora no quiero hablar de eso.
—Vale.
—Y no tienes que decirme que es normal, porque no sabes si es normal.
Claire cerró la boca.
Larissa salió y oyeron sus pasos en la escalera hasta que se cerró una puerta arriba.
Scott se quedó mirando la taza.
—Eso no lo he hecho muy bien.
—Yo tampoco.
—No debería haber preguntado qué le escribió.
Claire arrugó el envoltorio del bocadillo.
—Has preguntado y luego has parado. Sobrevivirá.
Scott no pareció convencido, pero no insistió.
Unos minutos después sacó la libreta de la chaqueta. Era pequeña, con las esquinas de la cubierta dobladas, y Claire la miró sin decir nada.
—¿Qué?
—Nada.
—Siempre la llevo.
—No he dicho nada.
—Tienes una cara.
—Tú también.
—Esta es la conversación que me merezco.
Escribió el nombre de Xenia en la parte superior de la página.
—Xenia Willis. Hawthorn Close. Probablemente vive con su madre, pero eso viene de Larissa y no sabemos cuál es la fuente original. Adam vio a una mujer en la puerta, pero no puede decir quién era.
—Correcto.
—La noche de la reunión de padres, ¿se suponía que iba a ir su madre?
—Según Xenia, sí. No pudo ir.
—¿Motivo?
—¿Qué?
Scott sacó el teléfono.
—Empezaré por las cosas aburridas. Nombres, la dirección que ya sabemos, fuentes públicas. Si no encontramos nada fiable, paramos.
—¿Y eso es todo?
—De momento.
Claire se levantó y llevó el plato al fregadero.
Durante la media hora siguiente, Scott hizo algo mucho menos interesante de lo que Claire había imaginado cuando lo llamó.
No había ninguna base de datos secreta, ninguna conversación en susurros con un antiguo compañero, ninguna revelación después de tocar tres veces una pantalla.
Encontró a varias personas apellidadas Willis, abrió resultados que no tenían nada que ver con Xenia, descartó a una familia de otra parte del condado y a un hombre con el mismo apellido que había vivido en una calle de nombre parecido.
Claire lavó las tazas del desayuno, limpió la encimera y guardó una caja de cereales que Margot había dejado abierta. Dos veces empezó a acercarse a Scott para mirar la pantalla y dos veces volvió al fregadero antes de llegar hasta él.
—¿Esto es lo que haces en el trabajo? —preguntó.
—No.
—Parece muy aburrido.
—Lo es.
—Pensaba que serías más rápido.
Scott levantó la vista.
—¿Quieres rapidez o quieres que no te dé el nombre de una mujer de cincuenta y ocho años de Woking que no tiene nada que ver con la chica?
Claire dejó el paño de cocina en el borde del fregadero.
—Prefiero lo segundo.
—Yo también.
Su teléfono vibró. Scott miró la pantalla y lo puso boca abajo.
Claire no preguntó quién era.
Unos minutos después abrió un resultado, volvió a otro y cogió la libreta. Escribió algo y luego lo tachó.
—¿Qué?
—Todavía nada.
Claire volvió a sentarse.
—Scott.
—He encontrado una vinculación antigua entre el apellido Willis y la dirección de Hawthorn Close, pero no quiero suponer que esa persona sea la madre de Xenia solo porque tenga el mismo apellido.
—¿Es una mujer?
—Hay varias personas y datos antiguos que no coinciden del todo. Dame un minuto.
Claire volvió a sentarse, esta vez sin protestar.
Scott comparó dos resultados, volvió a buscar el nombre sin la dirección y añadió un término que Claire no alcanzó a ver.
Al cabo de unos minutos se levantó y fue hasta la ventana con el teléfono porque la señal wifi había empeorado.
Se quedó allí el tiempo suficiente para que Claire empezara a pensar que no había encontrado nada.
—¿Scott?
—Espera.
—Eso dijiste hace cinco minutos.
—Porque todavía no estoy seguro.
Claire se pasó una mano por el pelo.
—No necesito un cien por cien. Dime qué tienes y luego dime hasta qué punto no estás seguro.
—Así es exactamente como la gente acaba recordando solo el nombre y olvidando la parte de la incertidumbre.
—Yo no soy «la gente».
—Hoy sí.
Claire se preparó para responder y luego desistió.
—Bien. Comprueba.
Scott volvió a sentarse.
Durante otros diez minutos no ocurrió nada que mereciera la pena contar.
Claire recibió un mensaje de Margot preguntando si podía quedarse en casa de su amiga hasta las seis y media, y después otro diciendo que la madre de su amiga la llevaría a casa, como si la primera pregunta no pudiera responderse sin esa información.
Claire contestó que sí y le dijo que no olvidara la chaqueta.
Cuando levantó la vista, Scott había dejado de escribir.
—¿Qué pasa?
Se pasó el pulgar por el borde del teléfono.
—Creo que he identificado a la mujer asociada a la dirección.
—¿La madre de Xenia?
—Probablemente. Sigo sin decir que sea seguro.
—¿Por qué probablemente?
—Porque el nombre aparece vinculado a la dirección en más de un sitio y el periodo encaja, pero no tengo una fuente que diga simplemente: «La madre de Xenia Willis es fulana». De momento tenemos una asociación suficiente para saber dónde mirar después, no para sacar una conclusión.
Claire acercó la silla.
—¿La conozco?
—No lo sé.
—¿Has encontrado algo que indique que ella me conoce?
—No.
—¿A Adam?
Scott levantó una mano.
—Todavía no he llegado a eso. Y este es exactamente el punto en el que no debemos precipitarnos.
Claire apretó los dedos contra la mesa.
—¿Cómo se llama?
Scott miró la pantalla y después sus notas.
—Marion Willis.
Claire repitió el nombre despacio, intentando ver si despertaba algún recuerdo.
No lo hizo.
—No la conozco.
—Vale.
—¿Por qué has dicho «vale»?
—No quería decir nada con eso. Solo te he oído.
Claire lo miró un momento, luego fue a coger su taza vacía y recordó que ya la había lavado.
Scott escribió el nombre debajo del de Xenia y puso un signo de interrogación junto a la conexión entre ambas. No porque dudara de que pudiera ser su madre, explicó, sino porque seguía sin querer convertir una probabilidad en un hecho.
Claire miró los dos nombres en la misma página. Para ella, Marion Willis seguía siendo solo una mujer a la que nunca había conocido y cuya existencia, hasta unos minutos antes, ni siquiera conocía.
Scott cerró la libreta.
—Aquí paro por hoy. Lo siguiente es comprobar quién es Marion Willis y si realmente existe alguna conexión con Adam, no suponer que tiene que haberla solo porque la estamos buscando.
Claire quiso decirle que era demasiado pronto para parar, pero miró el reloj del horno y vio que Margot estaría en casa en menos de una hora. Larissa estaba arriba, Adam seguía sin volver y en la nevera quedaban los restos de una cena que nadie había terminado.
Cogió el teléfono de la mesa.
—Bien. Pero mañana seguimos.
Scott guardó el teléfono en el bolsillo.
—Mañana investigaré a Marion.