CAPÍTULO 12 #4
Muy bien. Hablamos en casa.
Entonces sonó el teléfono.
—Hola —dijo Scott—. He visto tu llamada. Tengo unos minutos. ¿Qué ha pasado?
Claire miró por el parabrisas el coche aparcado delante.
—He ido a ver a Adam.
—¿Cómo está?
—Huele fatal.
Scott guardó silencio un segundo.
—No era la información que esperaba.
—Yo tampoco sé por qué he empezado por ahí.
—Probablemente porque lo demás es más difícil.
Claire apoyó la cabeza en el reposacabezas.
—Le he hecho contármelo todo otra vez.
—¿Y?
—Le creo.
Al otro lado oyó una puerta y después cambió el ruido de fondo, como si Scott hubiera salido a un pasillo.
—Vale.
Claire frunció el ceño.
—No lo digas así.
—¿Así cómo?
—Como si hubieras marcado una casilla en un formulario.
—Claire, estoy en el trabajo y alguien acaba de pasar empujando un carro. No intento hablar con tono de formulario.
Cerró los ojos.
—Perdona.
—No hace falta. Dime qué quieres que haga.
—No lo sé.
—Eso limita las opciones.
—Scott.
—No estoy bromeando. ¿Quieres que hable con él? ¿Con la abogada?
—No. Al menos ahora no.
—Entonces, ¿qué?
Claire pasó un dedo por la costura del volante.
—Si Adam dice la verdad, ¿por qué él?
Scott no respondió enseguida.
—Porque estaba a solas con ella en el coche y porque es su profesor. Esa es la explicación evidente.
—Eso explica por qué la acusación puede funcionar. No explica por qué ella la haría.
—Suponiendo que la acusación sea falsa.
—Sí, suponiéndolo. Acabo de decirte que le creo.
—Tú le crees. Yo no he hablado con él, no he visto lo que tiene la policía y no sé qué ha dicho la chica.
Claire apretó la mano sobre el volante.
—No te he pedido que decidas si es culpable.
—Ya lo sé. Intento no partir de tu conclusión antes de mirar nada.
—No estás en un tribunal.
—Y no quiero acabar comportándome como si estuviera llevando una investigación paralela para mi familia.
Claire guardó silencio.
Scott continuó, más bajo.
—¿Qué quieres saber de Xenia?
—Por qué eligió a Adam.
—«Eligió» presupone intención y planificación.
—Pues busca tú otro verbo.
Scott soltó el aire.
—No quería decir eso. Hay gente que presenta acusaciones falsas por toda clase de motivos, si es que eso es lo que ha ocurrido aquí, y no todos son elaborados ni siquiera coherentes. Quizá haya un motivo que empiece por Adam; quizá haya uno que casi no tenga nada que ver con él. No lo sabemos.
—Entonces quiero averiguar qué había antes de aquella noche.
—¿Qué significa «antes»?
—Quién es ella. Su familia. De dónde viene. Cuánto tiempo lleva en North Downs. Si hay alguna conexión con Adam que no estemos viendo.
—Eso puede significar muchas cosas.
—Ya lo sé.
—Y algunas no nos corresponde averiguarlas.
Claire echó la cabeza hacia atrás.
—Diane puede…
—No.
La respuesta de Scott llegó antes de que terminara.
Claire cerró la boca.
—No voy a preguntarle a Diane qué tiene la policía —continuó—. No voy a pedirle que me cuente qué dijo Xenia, qué encontraron, qué van a hacer después ni qué piensan. Diane tiene un trabajo y no voy a ponerla en esa situación.
—No he dicho que quisiera el expediente.
—Ya lo sé, pero prefiero dejar esto claro ahora, porque dentro de dos días quizá estés mucho más desesperada que hoy.
Claire miró hacia el edificio donde seguía Adam.
—Es posible.
—Y yo también puedo volverme idiota cuando se trata de gente que conozco. Por eso fijamos los límites antes.
Una voz llamó a Scott al fondo. Él contestó algo que Claire no entendió y volvió a la conversación.
—Puedo mirar cosas que estén fuera de la investigación —dijo—.
Lo que vuestra familia ya sabe, información a la que sea legítimo acceder, conexiones que quizá no hayáis visto.
Puedo decirte cuándo una suposición no es más que una suposición.
Pero no interrogo a testigos, no me acerco a Xenia y no utilizo a nadie de la policía para averiguar lo que no tengo derecho a saber.
—No te pediría que te acercaras a ella.
—Ahora no.
—Tienes una opinión altísima de mí.
—Te conozco desde hace mucho.
—No es lo mismo.
—A veces sí.
La voz volvió a llamarlo.
—Tengo que irme.
—Scott, de verdad que no sé qué estoy haciendo.
No respondió enseguida, y Claire agradeció que no le dijera que todo iba a salir bien.
—Entonces no hagas diez cosas hoy —dijo—. Vuelve a casa. Mira qué necesitan las niñas. Habla con Helen si Adam te deja, y apunta cualquier cosa sobre Xenia que se te ocurra, aunque parezca trivial. Puedo mirar lo que sabemos, no lo que imaginamos.
Claire miró el mensaje de Margot, que seguía en la pantalla.
—Adam sabe que quiero meterte en esto.
—¿Y?
—Cree que me vas a decir que no puedes.
—Adam también me conoce desde hace mucho.
—Le he dicho que te insultaría después de colgar si te negabas.
Scott soltó una risa.
—Muy maduro.
—Ha sido un día largo.
—Claire, de verdad tengo que irme.
—¿Cuándo puedes mirar esto?
—Por teléfono no.
—No te he preguntado cómo.
Al otro lado se oyeron unos pasos y el sonido de una puerta al abrirse.
—¿Scott?
—Estoy aquí.
—¿Cuándo?
Dijo algo a alguien que estaba cerca y volvió al teléfono.
—Mañana. Voy a Surrey.