CAPÍTULO 10 #2
Antes de colgar, Claire le dijo que el colegio volvería a ponerse en contacto con ella y que Scott le había aconsejado no responder a nadie de fuera de la familia si empezaban a llegar preguntas. Adam preguntó qué clase de preguntas. Ella dijo que aún no lo sabía.
Después de la llamada, Adam siguió sujetando el teléfono de la comisaría hasta que el agente le pidió que lo devolviera.
•
La noticia de su suspensión llegó antes del mediodía.
Helen le llevó la notificación impresa. Adam leyó dos veces las primeras líneas, no porque fueran complicadas, sino porque el término que utilizaba el colegio para describir la medida parecía no encajar con sus efectos.
—Así que estoy suspendido.
—Sí.
—Con efecto inmediato.
—Eso dice.
—Y esto no implica ninguna conclusión sobre la acusación.
Helen se quitó las gafas.
—Si vas a hacerme interpretar cada frase administrativa, quiero otro café antes.
Adam siguió leyendo.
No debía acudir a North Downs hasta nuevo aviso y cualquier contacto relacionado con su trabajo se gestionaría a través de la dirección del centro.
Su acceso a los sistemas de la institución había sido restringido.
El colegio estaba colaborando con la investigación y había empezado a preservar y reunir los registros considerados relevantes.
—Larissa y Margot están allí.
—Lo sé.
—¿Y si tengo que recogerlas del colegio?
—Hoy no estás en condiciones de hacerlo. Más adelante podrán organizarse las cuestiones prácticas.
Adam levantó la hoja.
—«Prácticas».
—¿Preferirías «complicadas»?
—No.
Helen se sentó.
—Por lo que me han dicho, el colegio está revisando horarios, la reunión de anoche y las ocasiones en que Xenia se quedó después de clase. Si existen registros electrónicos relevantes o cámaras en determinadas zonas, se conservarán.
Adam bajó el papel.
—Eso es bueno.
—Puede ser útil.
—Si hay cámaras, verán que salí cuando dije que salí.
—Si hay una cámara que cubra la zona y las imágenes son claras, sí, quizá confirmen a qué hora te marchaste.
—Y verán que la encontré fuera.
Todo aquello lo tranquilizaba hasta que llegaba al mismo punto: nada de eso había entrado con ellos en el coche.
—¿Puedo ver su declaración?
—Ahora no.
—¿Cuándo?
—Cuando el procedimiento permita acceder al material correspondiente. No puedo darte una fecha solo para que tengas una.
—Preferiría una fecha equivocada.
—No, no la preferirías. Te pasarías cada minuto posterior preguntando por qué estaba equivocada.
Adam la miró y, al cabo de unos segundos, admitió:
—Probablemente.
Helen recogió el expediente.
—Voy a averiguar qué más piensan hacer hoy. Intenta comer si te traen algo.
—No tengo hambre.
—Esta mañana te has comido dos rebanadas de pan.
—¿Cómo lo sabes?
—Cuando he entrado, habías dejado el envoltorio de la mermelada en la bandeja.
Adam miró hacia la bandeja vacía junto a la pared.
—No me gusta la mermelada de fresa.
—En ese caso, las cosas están peor de lo que pensaba.
Esta vez sonrió. Adam también consiguió sonreír, pero solo hasta que Helen salió y la puerta se cerró.
•
Claire volvió a llamar aquella tarde, esta vez hablando tan bajo que Adam le preguntó si estaba sola.
—Larissa está arriba. Margot sigue en el colegio.
—¿Larissa ha vuelto a casa?
—He ido a buscarla antes de comer.
Adam se puso en pie.
—¿Qué ha pasado?
—No ha pasado nada grave. Ese es el problema. Su profesor no ha aparecido, ha entrado otra persona en el aula, la gente ha empezado a hacer preguntas y ella no sabía qué decir.
—¿Quién ha preguntado?
—Compañeros de clase.
—¿Lo saben?
—No. O no lo sabían cuando hablé con ella.
—Margot se ha negado a irse.
—¿Qué?
Por primera vez Claire pareció casi divertida.
—Tiene un examen de ciencias y dice que ha estudiado.
Adam se sentó despacio.
—Vale.
—A mí también me ha parecido absurdo, pero luego he pensado que probablemente es la única cosa normal que puede controlar hoy, así que la he dejado quedarse.
—Has hecho bien.
—Gracias. Apuntaré la fecha.
Adam sonrió a pesar de todo.
—¿Cómo está Larissa?
—En su habitación. Dice que quiere trabajar en su carta de motivación, lo que probablemente significa que lleva veinte minutos mirando la misma frase.
—¿Puedo hablar con ella?
Claire guardó silencio.
—No sé si quiere.
La respuesta le dolió más de lo que esperaba.
—¿Se lo has preguntado?
—Todavía no.
—Pregúntaselo.
—Lo haré.
—¿Ahora?
Claire soltó el aire.
—Adam, no puedo recorrer la casa corriendo cada vez que tú…
Se interrumpió.
—Perdona.
—No. Tienes razón.
—No he dicho que tenga razón. He dicho que estoy cansada y que intento mantener esto en pie, y hoy no lo estoy haciendo con demasiada elegancia.
Adam miró la pared que tenía delante.
—Yo tampoco.
—Ya lo sé.
El silencio no duró mucho. El teléfono de Claire empezó a emitir un sonido tenue, probablemente otra llamada entrante.
—Te está llamando alguien.
—Hoy me llama todo el mundo. La mitad son de Green Counties y no he contestado a ninguno.
—Deberías contestar.
—Sí, gracias, Adam.
—No quería decir…
—Sé lo que querías decir.
Hubo un roce cuando cambió el teléfono de una oreja a la otra.
—Luego. Le preguntaré a Larissa si quiere hablar contigo.
—Vale.
—Y come algo si puedes.
Adam miró la bandeja con el envoltorio de la mermelada.
—Helen acaba de decirme lo mismo.
—Pues, por una vez en tu vida, haz caso a dos mujeres que están de acuerdo.
—Eso parece una regla peligrosa.
Claire hizo un sonido que podía ser una risa o solo cansancio.
—Tengo que dejarte.
La llamada terminó y Adam se quedó unos instantes mirando el teléfono antes de devolverlo.
En North Downs, el mismo día en que a él ya no se le permitía cruzar las puertas, alguien había dado sus clases, la dirección estaba reuniendo registros de sus contactos con Xenia, Larissa se había marchado antes de comer y Margot se había quedado para hacer un examen de ciencias.
Por un momento imaginó el registro abierto sobre su mesa, con su nombre todavía impreso encima del horario. Se preguntó quién habría usado su taza.
•
Hacia el final de la tarde, Helen regresó con menos noticias de las que él esperaba.
Las comprobaciones continuaban, el material médico todavía no estaba en una forma que ella pudiera comentar con detalle y su teléfono seguiría sin estar disponible.
Cuando Adam volvió a preguntar por los resultados biológicos, Helen le recordó lo que había dicho aquella mañana y esta vez él no la obligó a repetirlo.
—¿Ha encontrado algo el colegio?
—Sé que han empezado a identificar las veces que Xenia se quedó después de clase y quién podría haber estado cerca. No tengo el resultado completo.
—¿Cuántas veces?
Helen consultó sus notas.
—Varios contactos breves y, al menos, la ocasión que describiste.
—«Varios contactos» hace que parezca que nos reuníamos a escondidas.
—Suena a lenguaje administrativo.
—Todo el lenguaje administrativo suena a culpable.
—Probablemente porque lo estás leyendo mientras estás detenido.
Adam se frotó la nuca.
—Recuerdo que vino a preguntarme por un libro antes de una de las clases. Puede que ese sea uno de los contactos.