Némesis CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

LAS PRUEBAS

Helen no pudo contarle nada más sobre el reconocimiento médico aquella noche, aunque Adam lo intentó, formulando la misma pregunta de tres maneras distintas, para arrancarle una precisión que sencillamente no tenía.

Había hallazgos médicos que los investigadores consideraban compatibles con el relato de Xenia.

Cuando Adam preguntó si eso significaba hematomas, lesiones, restos biológicos o cualquier cosa que pudiera demostrar que había sido él, Helen le dijo que no convirtiera una palabra de información en una frase entera.

—«Compatible con» puede significar muchas cosas.

—Sí, y sigo sin saber cuál de ellas significa en este caso.

—Pero ¿hay ADN?

Helen pasó un dedo por el borde del expediente y luego lo cerró.

—No me han dicho que exista ninguna identificación biológica concluyente.

Adam se levantó del banco y llegó hasta la puerta antes de darse cuenta de que volvía a recorrer de un lado a otro los mismos pocos metros.

—Entonces no la hay.

—Yo no he dicho eso.

—Si la hubiera, probablemente te lo habrían dicho.

—Puede. O puede que no me hayan dado todavía todos los resultados. O puede que haya material biológico que no responda a la pregunta que estás haciendo. Esto es justo lo que intento que no hagas.

Adam se volvió hacia ella.

—Solo intento averiguar si tienen algo que me relacione con lo que ella dice que pasó.

—Sé lo que intentas averiguar. Cuando yo lo sepa, te lo diré.

Se quedó junto a la pared, con las manos en los bolsillos, y durante un momento la ausencia del teléfono, las llaves y la cartera le resultó físicamente incómoda. Normalmente tenía algo que tocar cuando le tocaba esperar. Ahora los dedos solo encontraban el forro del pantalón.

—Claire va a preguntar lo mismo.

—Entonces le cuentas lo que sabes, no lo que esperas que signifique.

Adam la miró.

En el pasillo pasaron unos pasos y, más lejos, se cerró una puerta. Helen consultó el reloj y dijo que probablemente aún les quedaba bastante espera. Con menos formalidad que antes, le recordó que no construyera toda una defensa a partir de la información que faltaba.

Cuando ella se marchó, Adam volvió a sentarse.

Se había dicho a sí mismo que no había pruebas biológicas concluyentes, aunque Helen se había cuidado mucho de afirmar tal cosa.

Después se había dicho que, si hubieran encontrado su ADN, la policía ya lo sabría, aunque no tenía ningún motivo para pensar que los resultados llegaran tan deprisa.

Al cabo de unos minutos se dio cuenta de lo que estaba haciendo e intentó parar.

No lo consiguió durante mucho tiempo.

•

La mañana llegó con un té casi insípido y una bandeja con dos rebanadas de pan, margarina y algo en un envase aparte que Adam abrió antes de descubrir que era mermelada de fresa.

Se lo comió todo, incluida la mermelada que en casa jamás habría tocado, y luego intentó dormir; dos veces se despertó con la barbilla apoyada en el pecho y el cuello rígido.

Cuando Helen regresó, llevaba otro jersey, el mismo bolso y un café grande. Tenía el pelo levantado por un lado. Adam se fijó en eso antes que en el expediente, más grueso, que llevaba bajo el brazo.

—¿Qué hora es?

—Las ocho… espera.

Helen sacó el teléfono.

—Las ocho y veintisiete.

Adam se frotó los ojos.

A aquella hora debería haber estado en North Downs.

Un día cualquiera probablemente ya habría llegado a la sala de profesores y descubierto que alguien había gastado la última cápsula de café sin reponerla, y después habría ido a su primera clase con los alumnos de Year 11.

Margot también debería estar camino del colegio.

Larissa probablemente ya se habría marchado, si Claire había decidido que las chicas fueran.

La idea lo hizo ponerse en pie.

—¿Has averiguado algo?

Helen dejó el café bien apartado del borde de la mesa.

Abrió el expediente y buscó una página; entonces vio que la habían sujetado en el lado equivocado de la carpeta. La soltó mientras murmuraba algo sobre la gente que usaba clips demasiado pequeños.

—Hay hematomas documentados y otras lesiones que los investigadores consideran relevantes para su relato. También hay hallazgos del examen íntimo, pero no voy a improvisar medicina a partir de unas cuantas líneas de un resumen.

Adam se quedó mirándola.

—¿Dónde tiene los hematomas?

Helen respondió en términos generales, sin entrar en detalles que no conocía, y él empezó de inmediato a intentar recordar la noche anterior: las manos de Xenia, la parte delantera del cuello, su cara cuando se había vuelto hacia la ventanilla, el momento en que salió del coche.

Había estado lloviendo. Llevaba abrigo. Dentro del coche estaba oscuro y los faros de los vehículos que venían de frente solo le habían iluminado la cara unos segundos cada vez.

—No vi nada.

—Eso es lo que puedes decir si te lo preguntan.

—No, quiero decir que no le vi ningún hematoma.

—Entiendo.

—Larissa podría haberlos visto. Ha estado con ella casi todos los días estas últimas semanas.

Helen levantó la vista del expediente.

—Puede.

—Y gente del colegio. Si ya los tenía antes de anoche…

—Adam.

Se detuvo.

—Ya lo sé.

—¿Qué sabes?

—Que estoy empezando a dirigir yo la investigación.

Helen cogió el café.

—Excelente. Progresamos.

—Claire dice lo mismo.

—¿Lo de que organizas a todo el mundo?

—Con menos educación.

Helen bebió un sorbo, hizo una mueca y miró el vaso.

—Está frío. Lo compré hace veinte minutos.

Adam estuvo a punto de explicarle que veinte minutos bastaban para que un café se enfriara, pero se contuvo antes de convertir la observación en una explicación.

Helen lo vio.

—¿Ibas a explicarme el café?

—Vale. Puede que sí lo haga.

—Es comprensible. Sigue sin ser útil.

—Yo no le causé esas lesiones.

—Esa es tu versión y la has dejado muy clara.

—Entonces ¿de dónde salieron?

Helen se subió las gafas por el puente de la nariz.

—No lo sé. Y ahora mismo tú tampoco.

Adam se quedó sentado intentando recuperar la imagen de Xenia en el aula.

Recordaba la blusa que llevaba en la reunión de padres, el pelo mojado después de encontrarla fuera, el cinturón de seguridad cruzándole el abrigo.

Recordaba que se había frotado las manos cerca de las salidas de aire porque tenía frío. No recordaba hematomas.

No sabía si eso significaba algo.

•

Más tarde le permitieron hablar con Claire.

Antes de oír su voz, Adam tuvo tiempo de imaginar varias maneras de empezar la conversación y descartarlas todas. Cuando Claire respondió, lo único que dijo fue:

—Hola.

Al otro lado oyó cerrarse un armario.

—Hola. ¿Estás bien?

—Sí. Quiero decir, estoy… sí. ¿Dónde estás?

—En casa. Acabo de volver del colegio.

Adam se levantó del banco.

—¿Han ido las chicas?

—Sí.

—¿Las dos?

—Sí, Adam.

El tono de ella lo frenó.

—No te estoy criticando. Solo preguntaba.

—Ya lo sé. Llevo la última hora preguntándome si he hecho lo correcto, así que, si tienes una opinión muy clara, guárdatela para luego.

—No la tengo.

—Perfecto. Ya somos dos.

Adam volvió a sentarse.

—¿Cómo están?

—Margot quería saber si has dormido y quién te lleva al baño cuando estás detenido.

Adam cerró los ojos.

—¿En serio?

—He esquivado la segunda parte.

—¿Larissa?

Claire guardó silencio un momento.

—No dice gran cosa.

Adam se apretó la frente con los dedos.

—Es Xenia.

—Lo sé.

—¿Cómo?

—Ha llamado el colegio. No me lo han dicho todo de forma explícita, pero sí lo suficiente para que lo dedujera, y luego Scott…

—¿Has hablado con Scott?

—Sí.

—¿Qué ha dicho?

Claire soltó el aire.

—Que no puede meterse en la investigación solo porque sea amigo nuestro, que tienes que hacer justo lo que te diga tu abogada y que vendrá cuando pueda.

—¿Cuándo?

—No lo sé. Está trabajando, Adam.

—Ya sé que está trabajando.

—Entonces no me lo preguntes como si yo le hubiera hecho el horario.

Adam miró hacia la puerta.

—Perdona.

—Yo también. Estoy cansada.

Durante un rato solo se oyó la respiración de Claire y, más lejos, un electrodoméstico que se ponía en marcha en la cocina. Adam reconoció el lavavajillas.

—Claire, hay lesiones.

El ruido continuó unos segundos.

—¿Qué clase de lesiones?

—Hematomas y otros hallazgos médicos. Helen dice que, de momento, no hay ninguna identificación biológica concluyente que me señale a mí, pero todavía no tienen todos los resultados.

Claire no respondió enseguida.

—¿Viste los hematomas?

—No.

—¿La tocaste?

Adam notó que se le contraía el estómago.

—No.

—Adam, te lo estoy preguntando en serio.

—Y yo te estoy respondiendo en serio.

—No solo sexualmente. ¿La agarraste del brazo, la empujaste, intentaste besarla y ella se apartó…? Cualquier cosa que pueda salir más adelante y que tú decidieras que no tenía importancia.

—No.

—¿Estás seguro?

—Claire, yo no la agredí.

—Eso no es lo que te he preguntado.

Adam se dio cuenta de que había alzado la voz y volvió a bajarla.

—No recuerdo ningún contacto físico dentro del coche. No la besé, no intenté besarla y no le puse las manos encima.

Claire permaneció en silencio.

Adam esperó y luego dijo:

—Tienes que creerme.

—Tengo que saber qué pasó.

—Acabo de decírtelo.

—Me has contado esa parte.

La formulación hizo que se enderezara.

—¿Qué significa eso?

—Significa que desde anoche me voy enterando de las cosas una por una. Primero, que te han detenido; luego, que es una alumna; después, que es Xenia; ahora, que hay lesiones. No estoy diciendo que me ocultes algo. Estoy diciendo que ya no sé qué voy a oír a continuación.

Adam quiso responder, pero no encontró nada que no sonara a defensa.

—No tengo nada más que contarte.

—Vale.

—¿«Vale» qué significa?

—Significa que te he oído.

Adam se frotó la mejilla.

—Diles a las chicas que las quiero.

—Se lo diré.

—Y que estoy bien.

—No sé si puedo decirles eso sin que me pregunten qué significa «bien».

—Claire…

—Les diré que has llamado y que físicamente estás bien. ¿Te basta?

Adam miró al suelo.

—Sí.