CAPÍTULO 8 #2
—¿Por qué?
—Tenemos que hablar con usted.
Su primer pensamiento fue para las chicas, aunque las dos estaban en casa. Miró hacia las escaleras y luego hacia el salón.
—¿Ha ocurrido algo en el colegio?
—¿Podemos entrar?
El tono del hombre no era agresivo, pero tampoco parecía admitir un simple no por respuesta.
Se apartó.
La mujer entró primero y se limpió las suelas en el felpudo antes de pisar el suelo de madera. Adam reparó en el gesto precisamente porque no encajaba con nada de lo que había empezado a imaginar.
Margot apareció en la puerta del salón, todavía con la manta sobre los hombros y el envase vacío de yogur en la mano.
—¿Quiénes son?
—La policía —dijo Adam—. Ve al salón un momento.
—¿Por qué?
—Margot.
No se fue, pero dejó de preguntar.
Se oyeron pasos en las escaleras, y Claire bajó con la bata puesta sobre la camiseta de dormir, atándose el cinturón mientras caminaba.
—¿Qué pasa?
Adam miró a los dos agentes.
—Todavía no lo sé.
Claire llegó al recibidor y miró de uno a otro.
—¿Es por las chicas?
El hombre volvió a dirigirse a Adam.
—Señor Robertson, tiene que acompañarnos a comisaría.
Durante un instante Adam solo sintió irritación, la misma reacción que habría tenido si alguien le hubiera pedido que se marchara sin explicarle por qué.
—¿Para qué?
El agente le dijo que quedaba detenido como sospechoso de violación y agresión sexual.
Adam lo oyó perfectamente.
En el salón, el televisor seguía encendido y alguien hablaba de una cocina que tenía que estar terminada antes de Navidad. Margot aún sostenía el envase vacío de yogur. El cinturón de la bata de Claire solo pasaba por una de las trabillas.
El agente continuó, recitando la advertencia legal que Adam reconoció sin conseguir seguir cada palabra hasta el final.
—Espere —dijo cuando el hombre terminó—. ¿Qué ha dicho…? ¿De quién se trata?
—Los detalles de la denuncia se le explicarán en comisaría.
—No, eso no es lo que he preguntado. ¿Quién?
—¿Adam? —dijo Claire.
Él se volvió hacia ella.
—No lo sé.
—¿Han dicho violación?
Su voz había bajado tanto que Margot dio un paso más cerca, probablemente para poder oír.
—Sí, pero es un error.
Adam volvió a mirar a los agentes.
—Tiene que ser un error. No sé de qué están hablando.
La mujer le dijo que tendría oportunidad de responder a las preguntas y solicitar asistencia letrada.
—Pero ahora mismo les estoy preguntando quién dice esto.
—No vamos a hablar aquí de los detalles.
Adam abrió la boca y Claire le tocó el brazo.
—No.
Él la miró.
—¿Qué?
—No discutas con ellos.
—No estoy discutiendo. Intento averiguar por qué están en mi casa.
—Ya lo sé, pero así no vas a averiguarlo.
Margot miró de uno a otro.
—¿Qué significa agresión sexual?
Claire cerró los ojos una fracción de segundo.
—Margot, ve al salón.
—Pero ¿qué significa?
—Ahora, por favor.
—¿Por qué nadie quiere decirme nada?
Adam estuvo a punto de responder, pero no encontró nada que pudiera decirle a una niña de trece años en el recibidor, con dos policías junto a la puerta.
—Margot —dijo—. Haz caso a mamá.
Ella lo miró de una forma distinta a la de antes.
—¿Tú sabes lo que significa?
—Sí.
—¿Y?
—Margot.
Claire le puso una mano en el hombro y esta vez la chica no se apartó, aunque tampoco se fue.
La voz de Larissa llegó desde arriba.
—¿Qué pasa?
Adam levantó la vista.
Larissa bajó unos escalones con el móvil en la mano y redujo el paso al ver a los dos desconocidos en el recibidor.
—¿Por qué está aquí la policía?
Claire se volvió hacia ella.
—Quédate arriba un segundo.
—¿Por qué?
—Larissa, por favor.
—Pero ¿qué ha pasado?
Adam vio cómo su mirada iba de él a los agentes y finalmente a Margot. No siguió bajando de inmediato.
El hombre dijo que tenían que marcharse.
—Todavía no —respondió Adam—. Voy a ponerme los zapatos, pero quiero saber al menos…
Se interrumpió, porque ya había repetido la pregunta y empezaba a comprender que no iba a obtener respuesta.
Claire retiró la mano del hombro de Margot.
—Necesita un abogado.
La agente respondió que podría solicitar uno en comisaría.
—No «puede» —dijo Claire—. Va a tener uno.
Adam se volvió hacia ella.
—Claire, yo no he…
—Sé lo que estás diciendo. Ahora mismo no estoy hablando de eso.
—No, quiero que quede claro.
—Adam.
Su voz se endureció.
—No tienes que demostrarme nada en el recibidor. Ponte los zapatos y deja de explicar cosas cuando ni siquiera sabes quién las ha dicho.
Él la miró, irritado por su tono antes de darse cuenta de que la irritación era más soportable que todo lo demás.
—No estoy explicando. Estoy diciendo que no he hecho nada.
—Y yo te estoy diciendo que no empieces a hablar con la policía sin un abogado.
Larissa bajó otros dos escalones.
—¿Por qué lo detienen?
Claire no respondió.
—¿Mamá?
Margot miró hacia su hermana.
—Han dicho algo sexual.
Claire se volvió tan deprisa que el cinturón de la bata se le escapó de la mano.
—Margot.
—¿Qué? Lo han dicho.
Larissa se quedó quieta.
—¿Qué han dicho?
Adam supo que tenía que intervenir antes que nadie.
—Me han detenido por una denuncia de violación y agresión sexual.
Larissa no dijo nada.
—¿De quién? —preguntó.
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—No me lo han dicho.
Larissa miró a los agentes.
—¿No pueden decírnoslo?
Claire cortó la pregunta.
—No van a hablar de eso aquí. Déjalos.
—Pero…
—Larissa, ahora no.
—Joder.
Nadie dijo nada.
Claire se agachó.
—Déjame.
—Puedo ponerme los zapatos yo solo.
—No es…
—Ya lo sé. Perdona.
Consiguió deshacer el nudo y ponerse el zapato.
Margot se había acercado a Claire.
—Papá, ¿has hecho algo?
Adam levantó la vista hacia ella.
La pregunta no tenía la cautela que habría empleado un adulto y, durante un segundo, le dolió más que lo que había dicho el agente.
—No. No he hecho lo que dicen.
—Entonces ¿por qué te detienen?
—Porque alguien ha presentado una denuncia y tienen que averiguar qué ha ocurrido.
—¿Quién?
—No lo sé.
Margot apretó la manta bajo la barbilla.
—Pero si no lo has hecho, ¿vas a volver?
Adam miró hacia Claire antes de poder evitarlo. Ella no lo ayudó.
—Espero que no tarde mucho.
—Eso no es lo que he preguntado.