Némesis CAPÍTULO 6 #3
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CAPÍTULO 6 #3

—Él y mamá se turnaron. Creo. Mamá tuvo que volver a casa a por ropa y cosas, y él se quedó la primera noche. O quizá la segunda. Ya no me acuerdo.

Margot se inclinó sobre el álbum.

—Eso no me lo había contado nadie.

—Porque a ti solo te interesa saber si había sangre.

—¿Había?

—¿Ves?

Margot sonrió, y Xenia por fin pasó la página. Movió la taza unos centímetros, aunque no bebió, y luego preguntó si la fotografía siguiente también se había hecho en casa de sus abuelos.

Larissa respondió y dejó pasar el momento. Quizá a Xenia no le gustaban los hospitales, o quizá la historia le había recordado algo; si quería contárselo, ya lo haría. No hacía suficiente tiempo que se conocían como para que Larissa convirtiera cada cambio de expresión en una pregunta.

Unas páginas después encontraron una foto de Adam disfrazado de pirata en una de sus fiestas de primaria, y Margot empezó a reírse tan fuerte que no lo oyeron entrar.

—No —dijo Adam desde la puerta.

Las tres se volvieron.

—Ni se os ocurra.

—Demasiado tarde —dijo Margot.

—Margot.

—Yo no hice la foto.

—Todavía —añadió Larissa.

Adam le lanzó una mirada.

—Gracias por la aportación.

Xenia acercó un poco la silla a la mesa.

—Hola, señor.

—Hola, Xenia. Siento que tu primera experiencia completa de nuestra familia incluya esto.

—No lo sientes —dijo Larissa.

Adam dejó el correo sobre la encimera.

—No mucho.

Margot giró el álbum hacia él.

—¿Por qué ibas de pirata?

—Porque tu hermana quería una fiesta de piratas.

—¿Yo? —preguntó Larissa.

—Tenías opiniones muy firmes.

—No me acuerdo.

—Yo sí.

—Margot, ¿no se suponía que tenías que irte a natación?

Margot también miró la hora.

—¿Qué hora es?

—Casi las seis.

La silla dio un golpe contra el suelo cuando se levantó.

—Tengo que coger la bolsa.

—¿La tienes preparada?

Margot ya estaba en la puerta.

—Casi.

Adam la vio marcharse.

—Eso significa que no.

Arriba se cerró una puerta de golpe y luego Margot gritó algo que ninguno de ellos entendió.

Adam se pasó una mano por el pelo todavía húmedo.

—La llevo yo. Tu madre va un poco tarde.

—Me ha escrito —dijo Larissa.

—¿Ha comido?

Larissa señaló el plato de la encimera.

—Dos rebanadas de pan. Le sugerí un plátano y me informó de que no entraba dentro de mis responsabilidades.

Adam miró el plato.

—Ya.

—Tienes exactamente la misma cara que mamá.

—¿Qué cara?

Larissa se volvió hacia Xenia.

—Siempre hacen esto.

Xenia se rio, pero Adam parecía demasiado cansado para pedirle explicaciones.

En la puerta se detuvo junto a Xenia.

—¿Vas a volver?

Xenia parpadeó, sorprendida por la pregunta.

—Si Larissa vuelve a invitarme.

—Lo haré —dijo Larissa.

Margot asintió como si con eso quedara resuelto.

—Bien.

—Ahora ya la has conocido —dijo Larissa.

Xenia cerró el álbum.

—Me cae bien.

—No se lo digas demasiado pronto. Se aprovechará.

—Creo que yo también le caigo bien.

Larissa empezó a recoger las tazas.

—Ha preguntado si ibas a volver. Para Margot, eso es casi una declaración.

Xenia se levantó y cogió de la encimera el plato que Margot había olvidado antes de que Larissa pudiera alcanzarlo.

—¿Dónde?

—Déjalo ahí.

—Puedo meterlo en el lavavajillas.

—Si haces eso, papá pensará que en esta casa hay gente que hace esas cosas y se sentirá personalmente atacado.

Xenia se rio y metió el plato en el lavavajillas.

—Sí, gracias. El autobús pasa dentro de unos diez minutos.

—Si lo pierdes, avísanos. Adam puede llevarte cuando vuelva.

—No pasa nada, de verdad, no está lejos.

Claire no insistió. Se quitó los zapatos en el recibidor y fue a buscar un analgésico, diciéndole a Larissa que le dolía la cabeza y que no quería oír la televisión de Margot cuando volviera de natación.

Larissa acompañó a Xenia hasta la puerta.

Fuera, la lluvia se había reducido a unas gotas que solo se veían a la luz de la farola. Xenia se ciñó más la chaqueta a los hombros y abrió el paraguas por costumbre. Luego miró hacia arriba y volvió a cerrarlo.

—Te mandaré mi parte luego —dijo Larissa.

—No a la una de la mañana.

—Nunca te he mandado nada a la una.

—A las doce cuarenta y siete.

—Exacto.

Xenia se ajustó el bolso en el hombro. Por un momento pareció que quería decir algo más.

—Gracias por hoy.

—¿Por el álbum?

—No precisamente por el álbum.

Larissa sonrió.

—A Margot le caes bien, ¿sabes?

—Lo he deducido por el interrogatorio.

—Ha sido muy suave contigo. Ni siquiera te ha preguntado si has tenido novio alguna vez.

Xenia se rio.

—¿Eso toca la próxima vez?

—Probablemente. Ahora que has sobrevivido a la primera visita y a Margot, ten cuidado. Dos visitas más y casi eres de la familia.

Durante un instante la sonrisa de Xenia no cambió, y Larissa se preguntó si la broma había sonado mejor en su cabeza. Luego Xenia bajó los ojos para subirse la cremallera de la chaqueta. Cuando volvió a levantar la mirada, su expresión era la misma de antes.

—Entonces intentaré no estropear mis progresos.

—Nos vemos mañana.

—Mañana.

Larissa se quedó en la puerta mientras Xenia bajaba por el camino de entrada y luego volvió dentro porque el frío le había calado los calcetines y recordó que había dejado el portátil abierto sobre la mesa de la cocina.