Capítulo 53
Caleb
El morro estilizado del Cadillac negro alcanzó la enorme verja de hierro forjado, coronada por el escudo de Montfort contra el cielo.
Giré el volante y recorrí el camino escuchando el sonido de las ruedas al pisar la grava. Conocía ese camino de memoria, pero era la primera vez que lo transitaba sin chófer. Y, también por primera vez, llegaba acompañado de mi chica.
Me giré hacia el asiento del copiloto: Ivy Rose Abbott - Williams se había inclinado hacia el parabrisas, absorbiendo los detalles del campus de mi familia, que desfilaba al otro lado del cristal.
Al verla a mi lado, feliz y relajada, mientras aparcaba el coche en la zona reservada, una sonrisa me asomó en los labios.
—¿De qué te ríes?
—Estoy pensando en el primer día del semestre de otoño. ¿Te acuerdas?
Una arruga de expresión apareció entre sus cejas.
—¿Te refieres al día en que llegué, me bajé del coche de mi tía como pude y estuve a punto de tener un infarto cuando apareciste a mi lado y empezaste a marcarme muy de cerca?
—Cuidado con cómo hablas, Abbott .
Arrugó la nariz.
—Qué tiquismiquis…
—De los dos, el que estaba más en shock era yo.
—No lo creo.
—Pues yo digo que sí, y no es negociable, Ivy .
—Claro que lo es. Además, yo no estaba en shock, estaba aterrorizada.
—¿De verdad?
—Bueno, no sabía cómo iba a sobrevivir sin poder ver vídeos de gatitos en internet durante todos estos meses…
—Y mírate: has llegado sana y salva al segundo semestre.
O casi, al menos.
Pensar que aquello podría no haber sido así fue como un mazazo en el estómago.
Waldeck se enfrentaría a un juicio, y nuestros abogados estaban trabajando para asegurarse de que recibiera la máxima condena. En cualquier caso, no volvería a pisar Montfort .
—¿Cuándo vas a instalar ese repetidor para mejorar la conexión a internet, Caleb ?
Reprimí la sonrisa.
—El año que viene podrás volver a distraerte con tus queridas redes sociales, Abbott - Williams . Mientras tanto… —Señalé su móvil con un gesto—. ¿Estás lista para despedirte de él otra temporada?
—Sí, pero solo porque la compañía del semestre de primavera promete bastante.
Apagué el motor y bajé del coche. Nuestras maletas ya estaban en las residencias, así que ignoré el maletero, rodeé el vehículo, abrí la puerta de Ivy y le ofrecí la mano.
—Para nuestro público. —Señalé con un gesto la pequeña multitud de estudiantes que empezaba a reunirse para mirarnos—. Y para mí.
Ivy apoyó su mano en la mía, se incorporó y me dio un beso en los labios.
—El público me da igual. Tú, en cambio, sí que me interesas.
—Es mutuo. —Hice girar en mi dedo el anillo de cuatro duros que había comprado en el quiosco del aeropuerto de Burlington y que no me había quitado desde entonces—. Algún día te lo demostraré como es debido.
—No quiero anillos para mí, De Montfort . Me basta con que tú lleves uno en el dedo.
—¡Vosotros dos! —tronó una voz.
Me giré a tiempo de ver a mi hermana corriendo hacia nosotros. No iba vestida con el uniforme: llevaba unos vaqueros y un jersey, con el abrigo ondeando a cada paso que daba. Aimee la seguía, junto a mis amigos.
—¡Bienvenido, Su Alteza! — Lukas saltó sobre mis hombros, los gemelos lo imitaron, y luego saludó a Ivy —. Señorita Abbott - Williams , bienvenida oficialmente entre nosotros.
Ben agitó un billete de cincuenta dólares delante de su hermano.
—Tortolitos, aquí hay gente que ha apostado por vosotros. ¿Nos lo vais a decir o no?
Ivy frunció el ceño.
—¿Qué os tenemos que decir?
—¡ Ivy ! —chilló Becca —. ¡El premio!
—Ah. —Sonrió—. El Rosenberg . ¿No habéis visto los resultados?
—El comunicado oficial no ha llegado todavía a esta tierra dejada de la mano de Dios —gruñó Lukas .
—¿Y bien? —insistió Aimee .
Me encogí de hombros.
—Yo he perdido.
Nuestros amigos se quedaron en silencio.
—¡Dios, lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Enhorabuena, amiga! —Mi hermana espachurró a Ivy en un largo abrazo—. ¡Solo tú podías vencerlo!
Ivy negó con la cabeza. Su sonrisa era un reflejo de la mía.
—Te equivocas, Becca . Yo también he perdido.
—Tú has quedado segunda —le recordé—. Técnicamente, me has ganado.
—Pero no he ganado el primer premio. Lo ha ganado una chica de Yale con una obra realizada con la técnica impresionista que la transforma en un concepto nuevo que… bueno, se lo merecía.
—Han perdido —afirmó Becca , pálida—. Los dos.
—Y están como si nada —añadió Lukas .
—Parecen extraterrestres.
—Yo he quedado tercero —aclaré—. ¿Alguien ha ganado la apuesta?
—¡No, me cago en todo! —confirmó.
—¡Nadie ha acertado! —resopló Ambrose .
—¿Seguro que estás bien, Caleb ? —se burló Ben—. ¿Qué tal tu ego?
Me reí.
—Ha sido un golpe duro, pero sobreviviré. —Los miré a todos—. ¿Entramos?
Ivy asintió.
—Entremos.
La tomé de la mano y nos mezclamos con nuestros amigos, en ese ambiente cargado de expectación que precede a los nuevos comienzos. Estábamos listos para el segundo semestre de nuestro último año académico.
Y así lo pasaríamos: juntos.