Némesis (Monfort College 1) Capítulo 44 #2
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Capítulo 44 #2

—Nosotras no nos separamos, Abbott .

—No puedes usarnos como escudo humano.

—Ponme a prueba. Te lanzaré a los brazos del primer incauto que se atreva a acercarse.

—Fantástico. —Puse los ojos en blanco—. ¿Alcohol?

—No tengo la edad legal para beber.

—Oh, qué pena. ¿ Aimee ?

—Me apunto.

—Voy yo. —Me solté de su brazo y me dirigí a la mesa de bebidas, donde pedí dos copas de champán.

—Bonito vestido.

Levanté la vista de golpe. A muy poca distancia, vi a un chico alto apoyado en la mesa, vestido con un traje formal azul oscuro, con el pelo que le rozaba el cuello de la camisa que asomaba por la chaqueta y la sombra de una sonrisa que se cernía en sus labios.

Señoras y señores, el hombre que iba a conquistar a todas las presentes esa noche.

Reprimiendo una sensación de enfado, tomé las dos copas llenas y di las gracias a la camarera.

—¿Listo para el espectáculo, De Montfort ?

—La parte más interesante será la que tenga lugar cuando termine la fiesta.

—¿Ah, sí? ¿Ya tienes algún compromiso del que quieras ponerme al corriente?

—Desde luego. Se trata del mismo compromiso que tienes tú.

Me mordí el labio inferior.

—¿Crees que dejaré que te acerques a mí, después de que hayas estado tonteando con, por ejemplo, todo el mundo?

Su mirada se ensombreció.

—¿Estás celosa, Abbott ?

—¡No! —Dudé—. Vale, puede que un poquito.

—Bien. —Se llevó la copa a los labios—. Entonces ya somos dos.

Me dio la espalda y, tal como había llegado, desapareció. Pero ¿a qué narices estaba jugando?

Regresé con mis amigas. Como era de esperar, Becca estaba rodeada por un grupo de estudiantes con traje y corbata y, por fin, vi a mi tía: se encontraba en la balconada superior, que daba al salón, junto al profesor Crawford . Levanté la mano para saludarla y ella me respondió alzando su copa.

La cena fue clásica. Uno de los salones estaba decorado con mesas elegantes, amplias superficies de cristal y cubiertos que brillaban bajo candelabros que proyectaban una luz tenue.

Cenamos con un acompañamiento de música orquestal y, al terminar, regresamos al salón principal, que habían despejado para la ocasión.

Los estudiantes se iban dispersando por el centro y llenaban los mosaicos del suelo con sus reflejos danzarines.

Becca , en un rincón, fue acosada por Percy Waldeck en tres ocasiones, aunque sin éxito. La impresión de que no se detendría ante nada para salvar su imagen se estaba convirtiendo poco a poco en una dolorosa realidad.

La llegada de Lukas Cavendish fue lo único que tuvo algún efecto sobre la máscara impenetrable de Becca .

Lo observó abrirse paso entre la multitud con la boca entreabierta, inmóvil en un silencio contemplativo, hasta que él se detuvo frente a ella y le tendió la mano.

Ver a Becca de Montfort sin palabras era algo muy raro, pero verla bailar con el mejor amigo de Caleb , a medio camino entre la felicidad más plena y la desesperación más absoluta, era algo irrepetible.

Me refugié en una esquina con Aimee .

—Y yo que pensaba que me había librado de los bailes de graduación a los dieciocho —murmuró.

—¿Qué tal fueron tus anteriores Winter Ball ?

—Este es el mejor. Sabiendo eso, puedes sacar tus propias conclusiones.

Reprimí una sonrisa.

—¿No hay nadie en la sala con quien te gustaría unir patrimonios?

—Por el amor de Dios. Mi patrimonio ya es lo bastante grande sin ayudas externas. Y luego hay un pequeño detalle: aquí nadie quiere salir con la heredera de las patatas fritas.

—¡Porque son idiotas! Vuestras patatas están buenísimas. Si yo fuera un hombre, serías mi primera opción.

Aimee soltó una risa amarga.

—Gracias, pero esas patatas son una condena. A veces pienso que podría no llegar a nada en la vida y, aun así, vivir sin preocupaciones gracias al trabajo de mis padres.

—Pero, en cambio, lograrás un montón de cosas.

—¿Quién lo dice?

—Yo. —Me encogí de hombros—. Eres una artista, Aim. Lo que consigues trasladar de tu imaginación a la realidad es espectacular.

—Lo que hago no le gusta a nadie aquí.

—Estás en el lugar equivocado, pero tú no eres el problema. —Me detuve al ver su expresión desconcertada—. ¿He dicho algo que te ha sentado mal?

—No, no. Es que… —Con las manos a la espalda, echó un vistazo al salón—. Alguien me dijo algo similar hace poco.

—Fuera quien fuera, tiene razón.

—Perdonad que os interrumpa.

Di un respingo por la sorpresa. Caleb había aparecido frente a nosotras y me miraba como si le hubiera robado algo muy valioso que había olvidado devolverle.

—¿Todo bien? —pregunté, inquieta.

—Nunca he estado mejor. —Su mirada se deslizó sobre mí y su sonrisa se expandió, complacida—. Bonito vestido.

—Sí, ya me lo has dicho…

Me fijé mejor en el traje que llevaba. Antes me había equivocado, no era azul oscuro. Era azul marino. El mismo tono exacto que el mío.

Mi vestido se había diseñado para ir a juego con el suyo.

—Oh. —Qué idiota. No lo había enviado mi tía—. Me lo has mandado tú.

—Tenía razón, te queda de fábula.

Fruncí el ceño.

Era imposible.

— Abbott , perdona las prisas, pero ya estamos dando un espectáculo y dentro de poco nos mirarán hasta las motas de polvo, si es que hay alguna en esta sala.

—¿Qué pasa?

—Necesito pedirte una cosa, pero eso te hará renunciar a otras.

No sabía a qué se refería.

—¿Te refieres a una especie de trueque?

—Sí, algo así.

Miradas curiosas empezaban a concentrarse en el rincón apartado del salón donde me había refugiado, pensando que allí estaría a salvo. El creciente interés de los invitados me puso nerviosa.

—¿Qué quieres que intercambiemos?

—Estoy a punto de tender mi brazo e invitarte a bailar conmigo en el centro del salón.

—Sacó la mano del bolsillo lentamente, pero se detuvo antes de ofrecérmela—.

Te lo advierto ahora, para que quede claro.

Porque, ya sabes, la gente se dará cuenta.

Sumará dos más dos. Y tal vez prefieras seguir permaneciendo… a la sombra.

Un agujero se abrió a la altura de mis pulmones.

—¿Quieres bailar conmigo? ¿Delante de todos? —pregunté.

—Sí. Y aquí llega lo que tú pierdes.

—¿Qué pierdo?

—La posibilidad de salir con cualquier otro mientras estés conmigo, supongo. Libertad. Ah, e incluso podríamos desencadenar una guerra familiar.

No podía respirar, mucho menos hablar.

—¿Te… te has vuelto loco?

—No. —Su prístina mirada se clavó en la mía—. Pero si dices que no, podría empezar a suplicarte. Imagina lo mucho que se divertirían todos los que nos están mirando ahora. A mi padre le daría un infarto.

Estaba en shock.

Dudé.

—Yo…

—Necesito un sí explícito, Abbott . Porque, a partir de aquí, es difícil dar marcha atrás.

Con el corazón latiéndome en las sienes, asentí, y Caleb me tendió el brazo en un gesto formal.

— Ivy Rose Abbott - Williams , ¿me concederías este honor?

La música flotaba en el aire junto con el sonido de pasos, el tintinear de las copas y el murmullo de fondo, pero lo único que sentí fueron cientos de ojos pegados a mi piel en el instante en que Caleb me escoltó del brazo hasta el centro del salón.

La canción terminó y, de pronto, se hizo el silencio.

Nosotros dos estábamos bajo los focos.

Caleb apoyó una mano en mi cintura y me atrajo hacia él. Nuestros trajes del mismo color se fundieron en uno. Me sostuvo la mejilla con la palma; tenía los ojos clavados en los míos.

Años de historia enfrentada, de rivalidad declarada, de maldades y malentendidos, de vidas arruinadas en nombre de ideales incompatibles se acumulaban a nuestro alrededor como relámpagos y truenos antes del estallido de una tormenta.

Tragué saliva, sin aire.

—¿Qué haces?

—Cambiar las reglas.

Y entonces sus labios se posaron sobre los míos.