Capítulo 41
Caleb
Me asomé por la parte trasera del gimnasio y observé las gradas en plena ebullición.
Había mucha gente entre el público. Los estudiantes charlaban entre ellos y rebosaban expectación, como en toda espera que precede a un nuevo comienzo.
Me ajusté la chaqueta de esgrima y comprobé que estuviera bien cerrada mientras, de reojo, peinaba la zona de las gradas donde estaban mi hermana y sus amigas. Me mordí el labio y el sabor metálico de la sangre me resquemó la lengua.
Ivy Rose no estaba.
Su ausencia me invadió como la hiedra que trepa por las grietas de una fachada, colándose hasta el corazón, mientras daba un paso hacia la pista, listo para el enésimo enfrentamiento de mi vida.