Némesis (Monfort College 1) Capítulo 37
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Capítulo 37

Caleb

Sabía que nuestras familias eran complicadas y disfuncionales hasta poder considerarse casi tóxicas.

Lo que no sabía era hasta qué punto habían caído en su propia desgracia, hasta dónde habían sido capaces de llegar nuestros padres para arruinarse la vida mutuamente.

Ahora que conocía la respuesta, comprendí que permanecer en la ignorancia habría sido preferible a la realidad de los hechos.

Giré el taburete en el que estaba sentada Ivy para que quedara frente a mí.

— Ivy .

—Nací solo porque tu padre iba a tenerte a ti.

—Sí, es verdad…

—¿Es verdad? ¡¿Eso es todo lo que tienes que decir?! —La angustia bailaba en sus pupilas—. Caleb , no lo entiendes: ¡nos concibieron unos psicópatas!

Esbocé una sonrisa amarga.

—Llevo todo el curso intentando decírtelo.

—¡Menudo par de locos! —Me apartó con un pequeño empujón y se levantó antes de empezar a caminar de un lado a otro del estudio—. ¡Dos locos que han arruinado la vida de cualquiera que haya tenido la mala suerte de cruzarse con ellos!

—Soy dolorosamente consciente de ello.

Ivy se llevó una mano a la boca y contuvo un suspiro. Tenía los ojos húmedos, estaba a punto de echarse a llorar.

—¿Qué hacemos?

Me encogí de hombros.

—¿Qué deberíamos hacer, en tu opinión?

—No lo sé, pero nosotros… tenemos que hacer algo…

—¿El qué? Tu padre tiene razón: son cosas que tuvieron lugar hace años. Tu madre murió, mi padre ha vivido otros veinte años más tras su muerte. Tú lo estás descubriendo ahora, pero todo forma parte del pasado.

—Sí, pero… no lo entiendes, ¡he vivido en una mentira!

—Una verdad seleccionada. Es algo muy típico por aquí.

—Pero ¡mi padre no es de aquí!

Me enterneció. En ese momento solo veía la superficie del cuadro, pero no los motivos ni los mecanismos que se movían por debajo de lo visible.

—Mi madre ni siquiera me quería. Me tuvo solo porque tu padre te iba a tener a ti.

Fui… una venganza. Hizo que un óvulo y un espermatozoide se encontraran para saldar cuentas.

Puede que ni siquiera mi padre me quisiera, quizá ella lo convenció para tener un hijo y luego se produjo el accidente y él acabó solo, atrapado con una niña pequeña a la que tuvo que criar y…

La sujeté por los hombros para interrumpir el círculo vicioso de sus pasos y de sus pensamientos autodestructivos.

—Tu padre te quiere, Ivy .

Se quedó muda.

—Te quiere —insistí—, y quiso a tu madre hasta el punto de proteger su recuerdo, haciendo que fuera hermoso para ti.

—¡Mintiendo!

—Sí, mintiendo. ¿Y qué? Nos contamos un montón de mentiras todos los días.

Vivimos de mentiras. Tomamos unas mentiras pequeñas e inofensivas y las pulimos como las piedras para darles poco a poco la forma que somos capaces de tolerar.

Una mentira más, una mentira menos… Al menos, esta se te contó para protegerte, para que crecieras en un entorno sano y tuvieras un buen recuerdo de ella.

—¿Lo estás defendiendo?

Bajé el rostro a la altura del suyo.

—Eso sucedió hace veinte años, Ivy . ¿Sabes lo que ocurrió el fin de semana pasado?

Negó con la cabeza y reprimió las lágrimas que le empañaban los ojos.

—Una chica me invitó a celebrar el Día de Acción de Gracias con su familia. Una familia maravillosa, que la quiere y que haría cualquier cosa por verla feliz.

Ivy abrió la boca, pero la cerró sin decir nada.

—Mi madre nunca le perdonó a mi padre su amor por Lilac, ¿sabes?

—Fruncí los labios y renuncié a ese pequeño trozo de armadura—.

Siguen casados oficialmente, pero llevan años separados.

Mi madre se quedó en Montfort hasta que crecimos y, después, hizo las maletas y ahora reside al otro lado del Atlántico, donde vive con un bailarín de un reality show .

Solo vuelve a América para vernos a mí y a Becca .

—No lo sabía…

—Claro que no. ¿Por qué tendrías que saberlo? Se llaman «secretos» por algo.

—Cuando entré aquí, tenía cinco reglas…

—Sí, yo también tenía las mías, antes de ti. Las has pulverizado todas.

—¿Por qué me estás regalando tantos secretos tuyos?

—¿Y tú, por qué me estás regalando tantos a mí?

Bajó la mirada, culpable.

— Caleb , ya no sé si estar así… es bueno para nosotros.

Ignoré el dolor que me atravesó el pecho.

—Lo dices porque estás consternada. Lo que hacemos nos hace sentir bien. —Enterré los dedos en su pelo, en la nuca, y giré su rostro para que me mirara—. Pero si quieres parar, no montaré ninguna escena ni pondré objeciones: paramos.

Sus ojos asustados se aferraron a los míos.

—Solo por curiosidad, ¿qué pasaría si lo nuestro saliera a la luz?

—No lo sé. Teniendo en cuenta lo que pasó la última vez, nuestras familias enloquecerían. Sería el único caso en el que mi padre preferiría saber que vivo en algún país europeo como artista callejero.

Ivy se mordió el labio inferior, intentando no perder el precario equilibrio.

—¿Tú qué quieres?

—¿No es evidente?

—¿Y si nos volvemos locos… como hicieron ellos?

—No va a pasar —sentencié.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque nosotros no somos como ellos. No queremos destruirnos ni demostrar nada a nuestras familias ni al mundo.

—Le acaricié la punta de la nariz con la mía—.

Eres la primera persona real aquí dentro, Ivy .

Aparte de mis amigos y de mi hermana, eres la primera que ha llegado más allá de todas mis máscaras y mis corazas.

—Mi madre destruyó el matrimonio de tus padres.

—Y tú no eres ella. Eres inteligente, testaruda.

Me haces reír y me haces sentir bien. Me desesperas, pero en el buen sentido de la palabra.

—Acerqué su rostro al mío, el corazón me latía desbocado, y fui a besarla, pero me detuve a escasos milímetros—.

Lukas me advirtió, de forma bastante clara, de que estoy a punto de perder la cabeza por ti.

—¿Y es verdad?

—No. La perdí hace tiempo.

Se quedó pasmada.

—¿Q-qué…?

—Ya no me interesa competir contra ti por el Rosenberg . No me importa tu apellido ni quiénes son tus padres. Nunca he experimentado algo tan bonito como lo que tenemos tú y yo, y no permitiré que nadie lo ponga en peligro. Quiero protegerlo con todas mis fuerzas.

Ivy se sumergió en mi mirada atormentada.

—Estamos corriendo mucho…

—Lo sé, pero nosotros no nos romperemos como ellos. Te lo prometo.

Mis labios se estrellaron contra los suyos, y deseé con todas mis fuerzas no haberle mentido.