Némesis (Monfort College 1) Capítulo 25 #2
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Capítulo 25 #2

Le hablaba a la matriarca, pero no apartaba los ojos del rostro inquieto de Ivy , recorriéndolo como había hecho meses antes en el aeropuerto.

Lilac Abbott había sido el amor de la vida de mi padre. Un amor delirante, problemático, destructivo… pero amor, al fin y al cabo. ¿Cuánto de su madre reconocía en ella? ¿Cuánto le dolía mirar a la hija que su amada había decidido tener con otro?

—¿Cómo te encuentras en Montfort , Ivy Rose ? —le preguntó al cabo de lo que me pareció una eternidad.

—Bien.

Se le daba fatal mentir.

Mi padre no cedió.

—He sabido que tú y Caleb estáis trabajando juntos en un proyecto.

Ivy me buscó con la mirada, como si me preguntara: «¿Se lo has dicho tú?».

Negué con un gesto.

Por supuesto que no lo había hecho.

—Ah, sí. Sí, para Arte. —Pasó el peso del cuerpo a la otra pierna, tenía las manos hundidas en el abrigo hecho una bola—.

Estamos trabajando en una cosa que une escultura y pintura, el tema es el fuego plasmado en la pulsión…

ejem, bueno, en realidad todavía estamos en la fase de toma de decisiones.

De hecho, ahora que lo pienso, creo que por desgracia nuestro proyecto nunca verá la luz.

Lo cambiaremos. —Se dirigió a mí—. Pensándolo bien, es una pésima idea.

«¿En serio?».

—La idea es buena.

—No estoy de acuerdo. Hay que cambiarla lo antes posible.

—En absoluto.

—No estoy negociando —se obstinó.

—Sí que lo estás haciendo. —La reprendí enarcando una ceja.

¿Se había olvidado del amable público ante el que estábamos dando un espectáculo?

—¡Como ves, Victor , los chicos congenian! —intervino su querida tía—. Se llevan a las mil maravillas.

Si hubiera podido matarla telepáticamente, mi padre lo habría hecho. Gracias a Dios, el padre de los Seymour llamó su atención tocándole el hombro y lo invitó a que se uniera a otra conversación sobre las fluctuaciones del mercado bursátil o algo por el estilo.

—Te espero en breve para los saludos iniciales, Caleb —se despidió—. Señoras, siempre es un placer.

—También para nosotras, De Montfort . —La abuela de Ivy le dedicó una mueca de hostilidad.

En cuanto quedó libre, un hombre vestido con traje se acercó a ella para llevarla a otra charla y también se marchó.

—Bien, podemos dar por concluida la primera reunión familiar forzada.

— Daisy Abbott relajó los hombros, con los dedos todavía crispados en torno al vaso que sujetaba.

Si no fuera imposible, habría dicho que estaba incómoda—.

Ivy Rose , si quieres puedes irte ya. Si me necesitas, estaré en el vestíbulo.

Si no, nos veremos en Acción de Gracias.

Ivy titubeó.

—Bueno, verás, le prometí a mi padre que volvería a Orlando por Acción de Gracias.

—Oh. —Su querida tía frunció los labios—. No me lo habías dicho.

—En este lugar la telecomunicación no es precisamente un punto fuerte… Pero sí, vuelvo a Orlando.

«A casa», era el mensaje.

—Bien, sí, claro. Es bonito que quieras pasar las fiestas con tu padre. —La expresión relajada de su querida tía estaba demasiado tensa para ser sincera—. Nosotras ya encontraremos otro momento para hablar y hacer algo juntas.

Una silueta apareció a la espalda de Ivy , se acercaba para hablar con la heredera mayor de las Abbott .

—Disculpad. Relaciones públicas. —Dejó el vaso vacío sobre la mesa—. Hasta luego, cariño. Adiós, Caleb .

Le devolví el saludo y la observé mientras se alejaba con otro representante del consejo, dejándome con su sobrina en un salón llenísimo de gente, repleto de personas que esperaban el más mínimo paso en falso que añadir a nuestra disputa familiar.

—¿Qué leches haces aquí? —susurré, vigilando a mi padre y a sus allegados sin mover un músculo—. ¿No ibas a escaparte hoy?

—Mi tía me ha pillado cuando salía de la residencia hacia la parada de metro. —Se apretó el abrigo contra el jersey para intentar cubrirse todo lo posible—. Qué asco.

—¿Qué pasa?

—¡Nada, salvo que la gente lleva trajes hechos a medida o vestidos de quién sabe qué diseñador y yo voy con unos pantalones de chándal de quince dólares!

Eché la cabeza hacia atrás y dejé caer la mirada sobre su trasero.

—Te hacen un culo fantástico.

Ivy se puso roja hasta la punta de las orejas.

—No ayudas.

—¿Quieres que ayude?

—Lo agradecería.

—Bien. —Me moví medio paso y fingí interesarme por todo menos por su presencia tan cerca de la mía—.

Dentro de poco tengo que ofrecer un saludo público en nombre de los estudiantes.

En algún momento fingiré que me he olvidado de las palabras, todos me mirarán horrorizados y tú podrás marcharte sin que nadie lo note. ¿Qué te parece?

—¿Qué quieres a cambio?

Oh, sí, estaba aprendiendo.

—Nuestra idea no se toca.

—En cualquier caso, no tenía esperanzas de poder convencerte. Te lo debía, ¿no?

Sonreí con una satisfacción absoluta. Estaba aprendiendo de verdad.

—Gracias, De Montfort . Diviértete.

Empezó a irse, pero la llamé antes de que estuviera demasiado lejos para oírme.

—¿ Ivy ?

Se detuvo en seco, con una manga del abrigo ya puesta y la otra colgando a su lado.

—¿Sí?

—Si pudiera elegir, me iría al pueblo contigo.

—¡Que la suerte os acompañe en la caza! —dije al micrófono—. Que gane la pareja más compenetrada.

Me aparté del atril y dejé que mi atención recorriera al público.

La multitud de estudiantes estaba a mis pies, algunos participaban en la competición y otros se quedaban para disfrutar del espectáculo.

Había vigilado a Ivy durante todo mi saludo público: cuando me había bloqueado, ella se había escurrido a un lado y, poco a poco, había retrocedido hasta desaparecer por los senderos del campus.

Verla marcharse me había producido un alivio que rozaba lo inexplicable.

La Fall Scavenger Hunt era en sí un evento goliardesco e inofensivo: lo que me preocupaba eran los participantes de este año.

Malcolm Waldeck había reclutado a su fraternidad al completo.

Todos los Crimson Monarchs se habían inscrito en la competición, del primero al último.

Se moverían libremente por el campus, vagando sin límites, con acceso libre a los demás participantes, en lugares apartados.

En medio del ajetreo del evento, la seguridad no podría llegar a todas partes.

Él la buscaría… pero no la encontraría, porque ella no estaría en el campus.

Bajé del escenario y me coloqué junto a mi padre. Su vicepresidente disparó un tiro de fogueo al aire para dar inicio oficialmente a la búsqueda del tesoro. Las parejas abrieron el sobre negro con la primera pista y, poco a poco, empezaron a formarse pequeños grupos de alianzas provisionales.

El principio siempre era solidario: más adelante se separarían, a medida que aumentaran los sobres y disminuyeran los adversarios, como en cualquier carrera larga que se precie.

Los gemelos Seymour ya habían desaparecido quién sabe dónde, igual que Becca y Aimee Anderson , que competían juntas para gran disgusto paterno. De Lukas y del primo Eso Cavendish , en cambio, no había ni rastro.

—Así que formas pareja con la nieta de los Abbott .

La voz de mi padre se coló en mis pensamientos mientras regresaba al salón principal de Waldeck Hall.

—Solo para el taller de Arte.

—¿En tu estudio?

Asentí. Gracias a Dios que había pedido que lo insonorizaran cuando empecé a usar la fresa de carburo de tungsteno para pulir los bordes del mármol. Nadie, desde el pasillo, podía oír nuestros gemidos.