Némesis (Monfort College 1) Capítulo 23
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Capítulo 23

Caleb

Cuando salí de mi dormitorio, en el último piso de la residencia masculina, estuve a punto de tropezar con Lukas , que me esperaba apoyado en el marco de la puerta.

Uniforme impecable, cabello claro y rebelde, labios relajados: el aspecto de mi mejor amigo no reflejaba en absoluto lo que escondía bajo la superficie.

—Buenos días a ti también, Cavendish —lo saludé.

—¿Eres mi profesor de Derecho Internacional o te he confundido con el capullo que anoche nos dejó tirados porque se ofendió con sus mejores amigos?

Pasé junto a él y Lukas me lanzó una ficha dorada que atrapé al vuelo.

—¿Qué es esto?

—La oferta de paz que los gemelos y yo nos curramos para ti anoche, mientras tú te divertías con Abbott .

—No me divertí en absoluto. —Hice girar la ficha entre los dedos—. ¿De quién es la prenda?

—De un novato de la fraternidad. Uno de los nuevos admitidos después de las correrías en la galería.

—¿Hay algo que deba saber?

—Depende. —Avanzamos hombro con hombro hacia las escaleras—. ¿Todavía estás cabreado con nosotros?

¿Después de lo que había pasado con Ivy la noche anterior en mi estudio? Tenía tantas endorfinas circulándome por el cuerpo que cualquier sentimiento negativo me parecía incompatible con la vida en la faz de la Tierra.

—Habla, Lukas .

—Olvídalo, Su Alteza —se burló mi amigo—. Antes los Seymour y yo queremos el perdón real; solo entonces te daremos la información. Nos parece un trato justo.

Me detuve en lo alto de la escalera, con una sonrisa idiota dibujada en la cara.

—Sois realmente unos cabrones cuando habláis así de mí.

—Lo somos —rio—, pero es divertido…

—Solo porque no soy capaz de enfadarme con vosotros.

Lukas se encogió de hombros.

—Somos tus amigos, ¿no? Y sabes que para nosotros se aplica lo mismo.

—Entonces, ¿qué queréis a cambio de la información?

—Que te sientes con nosotros durante las comidas.

—Siempre lo hago.

—Y que vuelvas a entrenar con nosotros en el Gymnasium.

Descendimos el primer tramo. La residencia masculina se estaba desperezando del sopor matinal, algunos estudiantes bajaban corriendo las escaleras mientras se ajustaban las corbatas, otros soltaban maldiciones al aire, las bandoleras golpeaban sus cuerpos a cada paso.

—Hasta el final del curso académico soy vuestro.

Lukas se puso serio.

—Lo que me preocupa es lo que pasará después.

—¿Te preocupa que gane el premio Rosenberg ?

—Me preocupa que creas que tu padre te dejará libre.

Fruncí el ceño.

—Mi padre y yo tenemos un pacto, no veo por qué no debería respetarlo.

—¡Porque estás jugando contra un jugador mucho más experimentado, por eso!

—El jurado del Rosenberg es incorruptible, no puede pagarles para que me hagan perder. —Negué con la cabeza—. Si tantas ganas tienes de ocuparte del Montfort College , les mencionaré tu nombre. Te dará el puesto que espera endosarme a mí y todos felices.

Lukas me despachó con un gesto de la mano.

—Si no eres tú, le tocará a Rebecca heredar vuestras locuras familiares.

— Becca se negará igual que hice yo. Y yo lucharé para que pueda elegir el camino que quiera.

—Cal…

Lo reprendí con el ceño fruncido, sin admitir réplica.

—Estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo, ¿o prefieres que sigamos discutiendo en vano?

—Eres un auténtico De Montfort , y no es un puto cumplido.

Llegamos a la planta baja. En la esquina, Ambrose y Benedict se levantaron del sofá donde estaban echados.

—Nos alegra saber que sigues siendo de los nuestros, Su Alteza.

—Solo porque sois los únicos tolerables aquí dentro.

Lukas se dirigió a los gemelos.

—Es su forma de decirnos que nos ha perdonado.

—¿Le has contado lo del novato? —preguntó Ambrose .

—Estaba llegando poco a poco. — Lukas me pasó un brazo por los hombros—. Quizá sea mejor que primero te sientes.

—De repente me han entrado unas ganas tremendas de darte un puñetazo, Cavendish .

—Podrás ensartarme durante el próximo entrenamiento, cuando el entrenador Jones esté de espaldas.

—¿Y bien? —pregunté, exasperado.

Ambrose abrió el portón y nos dirigimos hacia los senderos del campus.

Aquella mañana, el aire de Nueva Inglaterra era más cortante de lo habitual: un cúmulo de nubes llenaba el cielo y los árboles se estaban desprendiendo de las hojas.

Había perdido la cuenta de las veces que había oído elogiar la belleza de los colores en esta estación. Ivy debía de estar maravillada.

—Bueno. — Benedict se puso a mi lado—. Anoche, en tu ausencia, estuvimos en la Game Room y ganamos al novato inútil.

—Yo gané —puntualizó Ambrose .

—Haciendo trampas —añadió su gemelo.

—Si no te pillan, sigue siendo una victoria —replicó el primero.

Se me estaba acabando la paciencia.

—¿Y?

—El chaval nos contó todo el repertorio de cotilleos de su estúpida fraternidad.

—Solo lo hizo porque pensaba que Ambrose estaba ligando con él.

Fruncí el ceño.

—¿Estabas ligando con el novato inútil de la fraternidad de locos?

—Bueno, sí. —Mi amigo se encogió de hombros—. Tiene un culo bonito y, por lo que pude ver, otras partes de su cuerpo también prometen regalar alegrías…

—Genial, te lo llevarás a la cama antes de que acabe la semana. —Su hermano puso los ojos en blanco—. Joder, Brose , ¡a ese no lo metes en nuestra habitación!

—Yo me meteré en la suya, ¿dónde está el problema?

—Quiero renunciar a este parentesco —soltó Ben.

—No es culpa mía que vuestro territorio de caza esté disperso y sea de difícil acceso por la noche, mientras que yo puedo acostarme con chicos cuando me apetece.

—Volvamos al tema principal —intervino Lukas —. Tiene que ver con tu rival barra enemiga jurada barra némesis histórica.

Aún tenía la ficha en la mano, pero al oír que se referían a ella dejé de girarla entre los dedos. Y de caminar. Me quedé inmóvil en mitad del sendero que llevaba a la cafetería.

—Y ahora tenemos toda su atención —se burló Benedict .

—Es un ser sencillo, si sabes qué botones apretar —añadió su gemelo.

—¿Qué os han contado de Abbott ? —dije entre dientes.

—Lo que ya imaginabas: Waldeck la odia a muerte.

Apreté los dedos alrededor de la ficha hasta que sentí arder los nudillos.

—¿Por qué?

—Bah, un montón de cosas sin sentido. Para empezar, porque según él es la zorra más privilegiada de todas las zorras privilegiadas porque la admitieron sin prueba de acceso.

Y luego está el hecho de que tú la odias, y él está convencido de que echarla sería algo genial y de que, con ello, se ganaría tu visto bueno —añadió Ambrose —.

Al parecer, piensa intentarlo durante la Fall Scavenger Hunt .

Lukas tomó la palabra.

—Así que la pregunta ahora es: ¿qué vas a hacer tú?

—¿Qué se supone que debería hacer? —respondí con cautela.

—Bueno, Waldeck es una mierda, pero ella es tu… véase la lista anterior. En resumen, hagas lo que hagas, alguien acabará descontento.

Otro problema que no podía resolver.

—Anotado. Lo pensaré —zanjé el asunto—. Gracias por avisarme.

Habíamos llegado a la entrada de la cafetería. Ambrose abrió la puerta y nos pusimos en la cola del mostrador, llenamos las bandejas y nos sentamos en nuestra mesa de siempre.

Los gemelos Seymour se enzarzaron en una acalorada discusión sobre la Fall Scavenger Hunt , el evento del mes. Les encantaban los acertijos y eran competitivos hasta la médula, lo que se había traducido en tres victorias consecutivas.

—Si este año también ganamos, ya está: entraremos en los anales.

Me reí. Iba a meterme en la boca otra cucharada de huevos revueltos cuando algo captó mi atención, al fondo.

En la mesa que ocupaba mi hermana con sus dos nuevas amigas apareció una silueta familiar. Tenía el pelo largo suelto sobre los hombros, un rostro dulce y el uniforme planchado e impecable. Todo lo contrario de cómo lo habíamos tratado la noche anterior.

Comprobé que los chicos no se hubieran dado cuenta de nada y entonces volví a fijarme en ella. Al otro lado de la cafetería, detrás de un capuchino gigante, Ivy Rose me estaba mirando.

Sonreí.

Ella también sonrió.

Sonreí más.

Bajó la taza, mordió un trozo de cruasán de crema y se limpió las comisuras de la boca con el índice, todo sin apartar la mirada de mí.

—¿La estás incinerando con la mente o se te cae la baba por ella? — Lukas echó una mirada de reojo hacia Ivy , pero ella ya estaba hablando con mi hermana y con Aimee como si nada—. No me has contado cómo fue anoche, Caleb —añadió, con la sospecha estampada en su ceja arqueada.

—Todo tranquilo. —Di un sorbo a mi café solo—. Nada que destacar.

—¿No os matasteis el uno al otro?

—Diría que no, teniendo en cuenta que ella está ahí, entera.

—¿Debería comprobar si alguna de las cajas de preservativos que te metí en la bolsa está abierta?

Me puse rígido.

—No rebusques entre mis cosas.

Volvió a mirar a Ivy en su mesa.

— Abbott te está mirando.

—Es una ciudadana libre, puede mirar donde quiera.

Mi amigo me animó con una mueca obstinada. No iba a dejar el tema, algo no le cuadraba.

— Lukas , no insistas.

Levantó las manos en señal de rendición y, entre bocado y bocado, el tema de conversación derivó hacia sus clases, hacia lo insoportable que era el entrenador Jones y hacia cuánto echaban de menos perder el tiempo viendo vídeos sin parar en el móvil.

De vez en cuando echaba un vistazo hacia la mesa de Ivy , pero —me di cuenta— la mayoría de las veces no la miraba a ella: miraba a mi hermana.

Cuando terminamos el desayuno, regresamos a los senderos del campus cubiertos de los colores del otoño.

Cada uno tenía una asignatura distinta: esperé a que Lukas y Ambrose entraran en el departamento de Ciencias Políticas, me despedí de Benedict , que se dirigió al edificio de Economía, y después me encaminé solo hacia el mío.

Cuando entré en el aula de Arte, Ian Crawford ya estaba en la tarima.