Némesis (Monfort College 1) Capítulo 20
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Capítulo 20

Ivy Rose

—¡Ahí está mi chica!

Acababa de salir del edificio donde se impartía el Laboratorio de Pintura Moderna, la última asignatura del día, cuando Becca me agarró por los hombros y casi me tiró la bandolera al suelo.

En la última semana la temperatura había bajado aún más, los días se habían acortado y las hojas amarilleaban y caían al suelo. Había empezado a llevar medias y echaba de menos el clima de Florida. En Orlando, ni siquiera en pleno invierno hacía tanto frío.

—¿Y bien? ¿Qué se siente siendo la persona del momento en el campus?

—Ya han pasado unos días, Becca .

—En mis clases siguen hablando de cómo doblegaste a mi hermano a tu oscuro poder. —Chasqueó la lengua contra el paladar con una expresión insinuante que me hizo sonreír.

—¿Te divierte que me pinten como la bruja malvada?

—Si tienen que darte un papel, el de bruja malvada me parece bien. Hay cosas peores en el menú.

Yo también estaba de acuerdo. Ser la sobrina de Daisy Abbott , heredera de origen inglés, resultaba objetivamente más respetable que ser la hija sin perspectivas de George Williams , un jardinero endeudado de por vida para hacer feliz a su nueva familia.

Tomé a Becca del brazo y echamos a andar por los senderos del campus.

—¿Crees que me pasé con Caleb ?

—¿Por qué lo preguntas?

—No lo sé —vacilé—, actué por impulso. Fue lo primero que se me pasó por la cabeza.

—Según Aimee , lo hiciste muy bien. Y Caleb no te habría seguido el juego si no hubiera querido.

Ya. Lástima que desde aquel momento —o más bien desde que el profesor Crawford nos había emparejado como compañeros de laboratorio— no me dirigiera la palabra.

No es que antes fuéramos especialmente locuaces, pero ahora, cada vez que se cruzaba con mi mirada sin querer, me atravesaba como si yo no tuviera ninguna consistencia.

Los demás estudiantes habían empezado a trabajar en el proyecto reuniéndose fuera del horario de clase, y él, en cambio, lo había ido posponiendo indefinidamente.

La única interacción que habíamos tenido en los últimos diez días había sido su gélido «¿te va bien el miércoles a las seis de la tarde, en la entrada de los talleres, para el proyecto de Crawford ?», seguido de mi «sí» más aséptico del repertorio.

—Creo que lo hice enfadar. A tu hermano, me refiero.

—Nah, sé muy bien cómo mi familia expresa la rabia. Su comportamiento no encaja con eso.

—¿Entonces me odia? —aventuré—. Me trata como si no existiera.

—O eres obtusa o estás mintiendo, Abbott . ¿Cuál de las dos cosas?

Nos detuvimos en la entrada de Adams Hall. En el curso de Diseño Gráfico Digital solo había un puñado de estudiantes, y ninguno había salido todavía.

—Tampoco es que me importe —zanjé el tema.

—¡Ahora sí que estás mintiendo, seguro!

—¿Sabes qué, Becca ? —La miré de arriba abajo—. Todavía no entiendo por qué tú y yo pasamos tiempo juntas.

—Porque, contra todo pronóstico, tú y Aimee sois las únicas dos personas que no me hacen querer cambiar de identidad y mudarme a una isla desierta sin tratado de extradición. Vuestra existencia hace que mi estancia en esta prisión sea más tolerable.

Sonreí.

—Me esperaba una respuesta de este tipo.

—Por desgracia, yo no he tenido tanta suerte como Caleb a la hora de hacer amigos.

Él decidió prácticamente en el parvulario que Lukas , Ambrose y Ben serían «su equipo».

¡Por no hablar de Oliver ! —Se interrumpió de golpe.

Era la primera vez que mencionaba a su hermano mayor delante de mí—. Oliver es… era…

—Tu hermano mayor, lo sé —la ayudé—. Caleb me habló de él.

—¿ Caleb te habló de él? —Las cejas se le dispararon hacia la frente—. ¿Y tú crees que te odia?

—Bueno, es una información pública, ¿no? Todo el mundo sabrá que falleció.

—Sí, pero… —Pensó un momento y negó con la cabeza—. Da igual. Es cosa del pasado, tú ni siquiera estabas aquí cuando ocurrió. ¡Oh, mira, ahí está Aimee !

Un grupito salía por la puerta. Nuestra amiga se despidió de sus compañeros a toda prisa y se acercó a nosotras.

—Chicas, tenemos un problema.

—¿Cuál, de entre todos los que tenemos, ha ganado hoy para que lo discutamos? —preguntó Becca .

—La Fall Scavenger Hunt .

Fruncí el ceño. La secretaria me había hablado de esa tradición cuando llegué; luego, durante semanas, no había vuelto a oír ese nombre, y ahora se había convertido en el tema favorito de estudiantes y profesores.

—Es por parejas. Nosotras somos tres —señaló Aimee .

Levanté la mano.

—Me retiro. Sería inútil, no conozco lo bastante bien la universidad y, por lo que he entendido, las pruebas tratan sobre la historia y las anécdotas de Montfort . Vosotras sois una estudiante veterana y una heredera de la dinastía reinante: si participáis juntas, ganáis seguro.

— Abbott , ni se te ocurra. Tienes que participar —me reprendió Becca .

—Se participa por parejas, yo no tengo pareja.

—No digas tonterías, estás tramando algo. Sáltate el preámbulo y cuéntanos qué.

Fruncí los labios, culpable.

—Ese día desapareceré y, no sé, cogeré un taxi y volveré a Florida para pasar el fin de semana sin que nadie se dé cuenta.

—Qué traidora —siseó Becca .

—¡No es culpa mía si echo tanto de menos el sol!

¡La playa, el calor, el mar, las hogueras, la música en la arena, las nubes asadas…

el calor de las noches templadas en las que no estoy obligada a llevar medias incómodas y aun así pasar frío!

—Suspiré—. A falta de mejores opciones, me conformo con pasear por el pueblo envuelta en ropa fea pero que abriga, sin arriesgarme a encontrarme con otros estudiantes.

—Muy bien, Aimee y yo te cubriremos en tu ausencia. Eso significa que nos deberás un favor… a las dos…

Fingí una mueca de exasperación.

—Estoy deseando que termine este año académico.

Una ráfaga de viento hizo que Aimee se cerrara la chaqueta.

—¿Cenamos?

Las campanas de la Torre Montfort , la torre de mampostería que se alzaba sobre el complejo de la residencia masculina, repicaron entre los paseos arbolados. Eran las seis de la tarde y era miércoles, lo que significaba que había llegado el momento que temía: la cita en los talleres con Caleb .

—No puedo. —Me mordí una piel de los labios, ya castigados por el aire frío—. Tengo que reunirme con mi compañero de Arte.

—¿Has quedado con Waldeck a estas horas de la noche, tú sola? ¿Estás loca? —chilló Becca .

— Crawford me ha asignado otro compañero —me vi obligada a confesar—. Ahora estoy con Caleb .

Becca me lanzó una mirada asesina a medio camino entre «¿por qué diantres no lo has dicho antes?» y «en menudo lío te has metido, Abbott ».

—Mi hermano tiene entrenamiento de esgrima los miércoles por la tarde, tendrá la espalda destrozada y los dedos doloridos —canturreó.

Eso explicaba las tiritas en las manos.

—Cuando está nervioso, se queda un rato más entrenando —añadió—. Lo que es irónico, porque odia a la gente que llega tarde.

—Entonces tal vez llegue un poco tarde adrede. —El último repique de las campanas se propagó por el aire.

—Si vuelves a una hora decente, llama a la puerta de mi habitación. Estaremos allí —dijo Becca —. Buen trabajo con Caleb . Que os divirtáis.

Enarcó las cejas con un gesto alusivo y yo la mandé a paseo antes de encaminarme hacia la guarida del lobo.