Némesis (Monfort College 1) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

—A mi mejor amiga.

—No te apetece hablar con tu padre, anotado. ¿Alguna crisis en casa de los Abbott que quieras compartir con nosotras?

Cogí un cruasán con las pinzas.

—¿Alguna crisis en casa de los De Montfort que quieras compartir tú?

—¿Se llaman crisis si existen veinticuatro horas al día, siete días a la semana? A mí me gusta llamarlas «problemas constantes».

—De esos también tengo yo —se le escapó a mi compañera de clase—. Por cierto, soy Aimee .

Becca la miró de la cabeza a los pies.

— Aimee , Aimee … perdona, no caigo. ¿Cuál es tu apellido?

— Anderson .

—No me dice nada.

Aimee dejó una torre de tortitas en su plato.

—¿Probamos con McHale ?

—¿¡ McHale !? —Fui yo quien casi se atragantó—. ¡¿Esos McHale ?!

Las patatas fritas McHale estaban en todas las tiendas de alimentación, en los Seven Eleven , en todos los supermercados de América y probablemente del mundo entero, ¡en todas partes!

—Es el apellido de mi madre —admitió con cierta reticencia.

—¡Eres la heredera del imperio de las patatas fritas! —chilló Becca .

—Dios, habré visto vuestro logo un millón de veces cuando… —Me mordí la lengua.

—¿Cuándo…? —preguntó con el ceño fruncido Aimee .

¡Cuando entraba en las cámaras frigoríficas de las cocinas de los restaurantes de comida rápida!

—¡Cuando organizaba fiestas… exclusivas… temáticas!

Becca se lo tragó y yo respiré aliviada.

Caleb había guardado el secreto incluso con ella. No le había contado nada de mi vieja vida en Orlando. Le habría dado las gracias si no hubiera dejado de hablarme para borrar aquella noche en la galería como si no hubiera existido.

Cogí además un pain au chocolat y miré a mi alrededor mientras esperaba a que Becca terminara de llenar su cuenco de fruta fresca. Muchas mesas ya estaban ocupadas, incluida la de Caleb y sus amigos.

El suyo era un grupo fijo: nadie salía de él ni nadie entraba. Siempre eran ellos cuatro. Un chico rubio, que estaba devorando un plato enorme de beicon con huevos revueltos. Los gemelos que había visto en algunas clases que teníamos en común. Y luego estaba él.

Caleb se había quitado la chaqueta y llevaba la camisa remangada hasta los antebrazos. Subí la mirada por la tela blanca que se ajustaba a la línea definida de sus hombros y llegué hasta los rasgos increíbles de su rostro. Sus labios se curvaron en una sonrisa divertida.

Y entonces, su mirada afilada voló hacia mí. Pillada. Me quedé de piedra, bajé la cabeza y la bandeja casi se me cayó de las manos.

Becca me dio un codazo.

—Normalmente las demás esperan a que el equipo de esgrima esté en el gimnasio para mirar sin pudor. —Se dirigió a Aimee —. ¿Te sientas con nosotras?

Ella dudó.

—¿Os parece bien a las dos?

—Sí, ¿por qué no? —pregunté.

—Porque sois una De Montfort y una Abbott , y yo soy la heredera del imperio de las patatas fritas.

Becca pescó una uva y se la metió en la boca.

—A nosotras la reputación no nos importa en absoluto. Si no te gustamos, eres libre para desayunar con tus otras amigas. No nos ofenderemos.

No tenía otras amigas. Por eso me había invitado a las reuniones en el spa. Ella también estaba buscando «aliadas».

—Yo sí me ofenderé, Aimee . ¡Considérate obligada!

Le dediqué una mirada cómplice y reaccionó con gratitud. Una vez sentadas, mi atención se deslizó traicioneramente hacia Caleb . Observé sus hombros tensos, aquel pelo indisciplinado que ya había sostenido entre los dedos muchas veces, hasta que un nombre me sacó de mi ensoñación.

— Percy Waldeck es un imbécil, pero no me sorprende, visto el ejemplo que tiene en su propia familia.

—¿ Waldeck ? —Me incorporé—. ¿Es el hermano de Malcolm ?

—¡Sí! Lo conozco de toda la vida, pero no pensaba que fuera tan estúpido como el mayor. Por desgracia, me equivocaba.

—¿Por qué?

—Esta noche es la iniciación de los Crimson Monarchs y él es uno de los aspirantes que quieren entrar a formar parte.

Aimee dio un sorbo a su capuchino.

—No salgas a pasear esta noche, Ivy . No es seguro.

—¿Por qué? —repetí—. ¿Qué pasa durante la iniciación?

—No lo sé exactamente, pero es el primer año en que Malcolm es el presidente —dijo Becca —, y de ese individuo me espero lo peor.

Busqué al protagonista de la conversación entre el bullicio adorable de la cafetería.

Unas mesas más allá, Malcolm Waldeck daba un espectáculo lanzando migas de comida a las pobres chicas sentadas al lado, con sus compañeros de fraternidad como público fiel.

De vez en cuando miraba hacia el equipo de esgrima, pero Caleb no le dedicaba ni media mirada.

« Waldeck es un psicópata», me había dicho. Lo consideraba indigno de su atención. ¿Al presidente de los Crimson Monarchs no le sentaba bien quedar excluido del Olimpo del círculo selecto?

—¿Cómo es Malcolm ? —pregunté.

—Lo conozco mucho menos que a Percy y, con lo poco que sé, me basta: no quiero ampliar su expediente. — Becca se secó la boca con la servilleta—. Además, Caleb me dijo que me mantuviera lejos de él. Salvo unas pocas excepciones, las advertencias de mi hermano están justificadas.

—¿Podrías hablarme de su expediente?

—¿De quién, de Malcolm ? Hagamos una cosa: el domingo vosotras dos me acompañáis a las competiciones de esgrima de mi hermano. En las gradas, cotillearemos de lo problemático que resulta que el poder excesivo de las fraternidades masculinas se tolere en el sistema académico. ¿Qué os parece?

Sonaba a chantaje.

Pero no necesitaba Google: Becca y Aimee eran mi fuente de información, y eso podía marcar la diferencia entre avanzar a tientas en la oscuridad y aprender a orientarme en aquella selva humana.

Forcé una sonrisa.

—Cuenta conmigo.