Némesis (Monfort College 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

Caleb

—¿Cuál es el plan?

—¿El plan?

—Sí, Caleb . El plan. — Lukas se llevó a la boca una cucharada de gachas con granola—. El plan para echarla.

—No hay ningún plan.

—Tonterías. Siempre tienes un plan.

Dejé la taza de café americano sobre el platillo.

Ivy Abbott acababa de aparecer en la entrada de la cafetería, al lado de mi hermana.

Vi que seguía a Becca hasta la barra central, observando a su alrededor con una mirada…

desorbitada. Como si no hubiera visto nunca un edificio con techos pintados al fresco y ventanales que daban al paseo arbolado principal del campus, que en su interior albergaba el equivalente a un Starbucks de lujo.

—Es cierto que estás asquerosamente seguro de ti mismo, Su Alteza, y que a ella le queda poco tiempo para crear algo y competir, lo que, de hecho, significa que jamás lo conseguirá…

—No, podría conseguirlo. —Hice una pausa—. Es buena.

Lukas hundió la cuchara en el cuenco.

—¿Cómo puedes saber que Abbott es buena? Llegó ayer.

Me rasqué la nuca y paseé mi mirada culpable por todo lo que me rodeaba.

—Sí, bueno… la busqué en internet. En redes.

—¡¿Has infringido las normas de tu propia universidad para espiarla?! —exclamó, asombrado, mi amigo.

—No, lo hice en mi casa, en cuanto llegué a Montfort después de aterrizar.

—Echa el freno. ¿Sabías que vendría a estudiar aquí?

—Es una larga historia. —Aunque no tan larga—. Nos… chocamos en el aeropuerto, en las puertas de embarque. Y luego cogimos el mismo avión.

—Comparte los malditos detalles, Caleb .

Me mordí el labio mientras barajaba cuánto revelar. Si Ivy se lo había contado a mi hermana, yo podía decírselo a mi mejor amigo.

—Jura que no se lo dirás a nadie.

—¿Ni siquiera a Ambrose y Benedict ?

—¡Sobre todo a Ambrose y Benedict ! Los gemelos son los reyes del cotilleo en esta universidad, serían capaces de propagar rumores incluso mientras duermen.

Lukas dio un sorbo a su capuchino.

—Vale, no diré nada. Mantendré la boquita más cerrada que tus queridas estatuas. Ahora desembucha.

—La besé. —Retorcí la esquina de la servilleta entre los dedos—. Repetidamente.

Lukas escupió el café en la taza.

—¿Te enrollaste con una Abbott ? —susurró con un hilo de voz.

Me encogí de hombros.

—Bueno, ejem, ocurrió…

—¿Ah, sí? ¿Tu lengua acabó sin querer en su boca y ella, por accidente, respondió empujando la suya, repetidamente? Increíble, explícame cómo funciona, ¡yo también quiero probarlo!

Se me tensaron todos los nervios del cuerpo.

—Ni se te ocurra, Lukas .

—¿Te pones territorial? ¿Por ella?

—Dios, no, ni siquiera la conozco. Cuando pasó, no sabía que era una Abbott . Me bebí una copa de champán en ayunas, el alcohol se me subió a la cabeza y, por una vez, ignoré la prudencia. Pensé que era una chica mona cualquiera, quería divertirme un poco antes de la reclusión forzosa.

—¿Y ella, en cambio, sabía que tú…?

—Sí —admití entre dientes.

—¿Y está al tanto de los, ejem, roces entre vuestras familias o…?

—Hasta anoche, estaba convencido de que lo sabía todo y de que lo había hecho a propósito para humillarme. Pero… mírala, Lukas . —Señalé con discreción la mesa donde Ivy se había sentado con Becca —. Parece que viene de otro planeta.

—Si no ha vivido nunca en Montfort , para ella los extraterrestres somos nosotros.

La observé mientras se palpaba la falda y se daba cuenta de que no tenía bolsillos ni lo que buscaba. Su móvil, seguro.

—Definitivamente, es una Abbott peculiar —murmuré—. ¿Sabes a cuánto asciende el patrimonio de su familia?

—A más que el mío, la última vez que lo comprobé.

—Exacto —confirmé—, y ella trabajaba en un restaurante de comida rápida en su antigua universidad.

Lukas casi se cayó de la silla.

—¿Me tomas el pelo?

—No. Hacía un montón de turnos por las tardes. Y en todas las fotos que vi, y te juro que fueron un montón, ella era…

Lukas apoyó los codos en la mesa y se inclinó hacia delante.

—¿Cómo era?

—Normal.

—¿En qué sentido?

—En el sentido en que nosotros no lo seremos jamás.

Recordé lo que había publicado en internet, algo que nosotros teníamos tajantemente prohibido desde que habíamos sido lo bastante mayores para entender que, una vez entrabas en el mundo digital, no podías volver a salir.

Mostrarnos en la red estaba descartado: atraeríamos atención indeseada, seríamos un faro para cotilleos con fecha de caducidad y crearíamos una grieta en la esfera de seguridad de nuestro ecosistema bien protegido.

Ninguna de nuestras familias aprobaría el comportamiento de Ivy … ni siquiera la suya.

—Al principio pensé que se había tomado una especie de año sabático.

Iba sola a conciertos en la playa, sin escolta, y publicaba fotos tontas con su mejor amiga.

Un montón de fotos. Pero luego miré un poco más a fondo.

Tenía compañera de piso y su dormitorio de la residencia era…

un antro de mala muerte. Participó en algunas exposiciones organizadas por su clase de Arte, en lugares modestos, ninguna galería importante.

Durante un tiempo vendió sus dibujos en internet.

—¿Una Abbott que vende sus dibujos en internet?

—Te lo juro. Eran suyos, cobraba unos cien dólares por cada uno y dejó de hacerlo poco antes de empezar el cuarto curso.

—Es la maldita hija de Lilac Abbott —masculló Lukas —. ¡Hasta yo conozco su fama!

—Bueno, pues parece que ella no tiene ni idea. —Me recosté en la silla y estiré las piernas bajo la mesa—. He visto sus dibujos. Del color no puedo opinar, pero en lo demás… es buena, Lukas .

—No lo entiendo.

—Yo tampoco lo entiendo —admití.

Anoche me confesó que no tenía alternativas. Pero, siendo una Abbott , ¿cómo era posible que no las tuviera? Aunque, por mi parte, yo era un De Montfort y mis alternativas daban asco.

—Hola, hermano.

Becca apareció en nuestra mesa y alcé la cabeza.

—Bebé De Montfort —la saludó Lukas .

—Pervertido.

Mi hermana habló con sorna. Comprobé si Ivy la había seguido, pero se había quedado en su mesa y, absorta, estudiaba el interior del local.

—Tengo información para ti.

Me aparté el mechón que me caía sobre las cejas.

—Y debería interesarme porque…

—Tiene que ver con la chica a la que estás mirando.

—No estoy mirando a nadie.

—Claro, como prefieras. ¿Quieres la información o no?

—¿Y qué ganas tú a cambio?

—Convencerás a papá para que me deje un poco en paz. Quiero libertad durante mi primer año en la universidad.

— Becca … —protesté.

—¡Venga ya, Caleb ! ¿Es mucho pedir?

No pedía mucho: pedía lo imposible. A nuestro padre le encantaba controlarnos. Iba a decírselo, pero ella se me adelantó. Me apoyó una mano en el hombro y se inclinó hacia mi oído.

—Mira, te lo cuento y luego decides cuánto vale la información.

Escuché con atención lo que susurraba. Cuando terminó, enderezó la espalda, se ajustó la falda del uniforme y volvió a la barra, y poco después pasó delante de nosotros con un plato lleno de comida que dejó frente a Abbott .

Y lo entendí: no era Ivy quien utilizaba a Becca , era mi hermana quien había decidido usarla a ella como pararrayos para evitar la atención de las demás estudiantes, aparte de para enfurecer a nuestro padre a niveles épicos en cuanto lo descubriera.

Lukas me lanzó una servilleta hecha una bola a la frente.

—¿Seguimos sin plan, Cal?

Observé a mi ligue del aeropuerto con tendencias mentirosas y a mi hermana, que estaban hablando con una familiaridad inquietante.

Becca estaba relajada y cómoda, mientras que Hiedra Venenosa sostenía una taza entre las manos y saboreaba el capuchino a la vez que estudiaba con atención la cafetería.

Por enésima vez, me pregunté cómo sería verla en color… y por qué, de repente, los colores adquirían un significado para mí, solo porque ella los dominaba.

—Puede que tenga un medio plan.